Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos, necesito escribir esta carta…

Queridos Reyes Magos:

¿Cómo voy a decir si he sido buena durante el último año? Quién soy yo para juzgar si hice bien o mal cuando quise huir y me quedé; si respondí con la mesura y la adecuación en cada pregunta, unas veces indiscretas y otras de dudosa reputación; si me ausenté por falta de voluntad o deshice promesas porque me hundí en la nada…

Aún así, queridos Reyes Magos necesito escribir esta carta, quizás para apaciguar esa parte de mí que reivindica ser la niña que un día fui. O tal vez, porque carezco de tenacidad para seguir pasando los años sin más ilusión de seguir tras la ventana de la que creí romper en algún momento. Pero, he decidido dejar de mentirme, de repetir esas frases persuasivas y pesadas de que soy fuerte, de que todo puedo, de apretar los dientes… Sigo tras esos cristales que como rejas de mis complejos me impiden VIVIR sin más, sin preguntar el cómo y el por qué; el cuándo y con quién; causas ni consecuencias de afrontar las circunstancias de una manera o de otra; justificar si desnudo mi alma o me visto de gala para recibir como se merecen los recuerdos.

Queridos Reyes Magos, si en vuestras manos está me gustaría que dejaseis en cada ser humano un poquito de luz que ilumine esta Tierra de una primavera eterna, donde los verdes pinten bosques y selvas, amazonias y estepas, desde el esmeralda de las piedras al azulado de aguas cristalinas, del verde de los olivos que enriquecen la cocina al prásino de valles y montes. Donde la lluvia arrecie de cordura a dirigentes y gobernantes; a los lobbies que nos aprietan las tuercas. Azul cielo con sus nubes para las historias infelices; dorados que refulgen en el Universo para no convertirse nunca en tragedias si no en finales felices. También si puede ser, respeto y tolerancia para los que se distinguen por su pensamiento; su forma de orar o sencillamente quién quiera ser. Eso sí, queridos Reyes Magos, siempre desde la consideración de no invadir la libertad del otro ni arremetan contra  lo bueno de cada uno.

Estimadas eminencias, ya que tenéis la magia de convertir los sueños en reales, quizás sería posible que inventéis un microchip de última generación, eso sí, indoloro y de fácil impregnación en la piel, para todos aquellos hombres que siguen sumidos en su propio ego de ser ellos y sólo ellos; de aquellos hombres que todavía no se han enterado que, las mujeres somos una más y no un complemento a su narcisismo. De esos hombres que precisan dar un golpe en la mesa y otro en la frente de mujeres que se mueren de miedo si enuncian una palabra más alta que otra. De los chicos jóvenes que se han educado en el capricho de hacer lo que les viene en gana, entre ello violentar y abusar  de  chicas adolescentes que manifiestan su igualdad desde el running al atardecer a desmelenarse en fiestas donde el —no es no—.

No quisiera monopolizar vuestro tiempo y vuestros regalos en mi modesta persona, pero son tantos los anhelos que albergo que tampoco quiero insistir, mas si os sobra tiempo y papel de regalo para envolver Paz a los que huyen de las guerras; de la intransigencia de ideologías enraizadas en la venganza y la supremacía. Un pasaje de primera en Transmediterránea a los que luchan por sobrevivir lejos de su sur amado para volver a empezar en una Europa que les da la espalda e incluso les enseña la rabadilla, en pateras que redactan su futuro naufragando en un cementerio en el que se ha convertido el Mediterráneo.

No quiero olvidarme de la conciliación y el entendimiento como modus operandi de los hombres y mujeres bienaventurados, bien nacidos y agradecidos, que tienden puentes y manos para que las lenguas se reconcilien, las tierras no se distingan por lo que carecen sino por lo que ofrecen en igualdad y solidaridad. Armonía y concordia detrás de himnos y banderas, rompiendo muros y fronteras. Renuncias a disputas y conflictos en el principio de intentar que todo vaya bien, que fluya el aire en una corriente de ida y vuelta; de besos y abrazos.

Queridos Reyes Magos, os pido que no olvidéis a los enfermos de cuerpo y mente, a los que en su última batalla no se resignan a rendirse. A las niñas y niños que crezcan mirando el azul del cielo y el sol resplandezca en sus sonrisas más allá de dispositivos y terminales. Que escuchen las bondades del ser humano y que se formen con muchos libros a su alrededor. Sus padres les dediquen el tiempo que excusan en necesidades que pueden esperar en el gimnasio o en una ronda de cervezas. Algo para ancianos y abuelos que, aguardan su adiós sentados al sol en la soledad de la ignorancia y el desguace de herencias y capitales. Para los que no tienen voz ni voto, una melodía que ponga ritmo a sus cantos. A los vacíos en el alma una vasija de inicios y de fe en ellos.

Mirra que aromatice los olores putrefactos y rancios de la basura y la mierda que se acumula en vertederos en el que la inocencia rebusca un mendrugo de pan. Incienso que encienda lucidez y afecto; que queme los fracasos en nuevos intentos y, que el humo que desprenda sea alegría y abrazos elevando las sonrisas por encima de los sufrimientos. Carbón negro, bien negro para los que venden su vanidad al diablo y, carbón dulce bien dulce a los que arden en desiertos de desesperación.

Queridos Reyes Magos que el altruismo sea una parte de todos nosotros y, en mi egoísmo, perdón por sucumbir a ello, os pido salud para los míos, a los que amo sin medida y que en ocasiones no sé abrazar como debo. Inspiración para que la poesía vuelva a mí sin huir de mis despojos. Sosiego para templar las decisiones sin recaer en la retórica de tantas dudas y tanto dolor. Y muchas palabras que rimen con mis emociones.

Queridos Reyes Magos, disculpa por tan excelsa carta, mas no mama quién no llora, y yo lloro por tantos y por tanto…

Gracias por vuestras ofrendas sean todas, unas pocas o ninguna, quizás no sea merecedora de vuestra atención, mas esta carta me  descubre la niña que dejé de ser.

Un abrazo eterno.

Loli, la que fui.

Dolors, la que soy.

P.D. Junto a mis zapatos os dejo aquello que mi abuela Rosario me enseñó como agradecimiento a vuestra cortesía y los obsequios: una copita de anís del Mono como marca la tradición para que entréis en calor, polvorones que endulcen el esfuerzo de poner siempre buena cara a pesar de los pesares y mandarinas que no amargan para que la energía corra por vuestras venas.