Quisiera tener respuestas…

Quisiera tener respuestas..., para mi hija. Carta abierta.

Quisiera tener respuestas…, para mi hija. Carta abierta.

Quisiera tener las respuestas a todas las preguntas que cercan tu universo. Las palabras que certifican, que el amor no es solo un concepto inventado para vivir, tan oblicuo como las aristas de los cuerpos, al que reverencian, como dioses en el ocaso, entre sábanas de seda blanca que resbalan para delatar lo que esconden en su desnudez. Desearía delimitar lo malo que se pasea por lo peor de cada hombre para resguardar tus espaldas de las trampas que estallan sin verlas venir. Mas, no quiero decir más mentiras, aunque sean piadosas con las frases hechas, ni clamar a los cielos compasión por todo el egoísmo que nos gobierna. Hija, yo ya estoy hecha de plastilina fingiendo que, las normas son el santuario donde rezar y, quisiera cortarme las manos para cargar toda la arena que se acumule en tus párpados, cuando te obliguen a correr entre el minutero del reloj y el asfalto que censure tu libertad. Entregarte un guion con los puntos sobre las i, argumentos que describan el valor de un certificado cuando se cuelga en las paredes desnudas, de todo aquello que no se refleje en una cuenta de beneficios, invertidos en contante y sonante del sacrificio que eclipse tus días.

Hija, cuánto daría porque tu sonrisa tatuada desde la placenta, no se desvanezca, por las secuelas de las pérdidas cuando te abandonen en noches sin más luna que el opaco de un agujero. Ni de la dejadez de los que se arraigan a tu cintura moviéndose con el contoneo de los tiempos, mientras las promesas rompen el hilo rojo que sólo existe cuando la magia inunda las certezas de que alguna vez serán verdad. Mas, las hebras se rasgan dañando el corazón en partidas de las que hieren en costras necrosadas para la eternidad. Escribir tu nombre, en luces de neón, resplandeciendo todos los aciertos cometidos y por cometer sin más delito que, desfallecer entre la primavera guardada en los bolsillos llenos de jardines. ¿Cuánta ilusión pintaría en el lienzo puro y argentino de tus raíces, allí donde habita la inocencia de empezar cada nuevo amanecer con las ideas claras de no mirar más atrás de tus hombros? ¡No imaginas! Los colores del arcoíris sería el puente construido para que pases de la orilla de la decepción a aquella donde el viento te lleve, sin fracasos y muchas superaciones. Conjugaría los pretéritos imperfectos para que recuerdes que, los verbos irregulares son tan fáciles de declinar, su excepcionalidad es garantía de la diversidad en el universo de las ideas y de integración, en un mundo donde no quepa la segregación por el número y el género.

Hija, me gustaría estirar todas las arrugas que incordien las sábanas de tu colchón al alba para que no impidan tus sueños, si alguna noche caes en el desvelo. Invocar a mi fe, si frunces el ceño en divergencias que sacudan el cerebro con un terremoto de contrariedades, destruyendo la confianza en tus razones. Recoger las lágrimas de tus desengaños en un vaso tan nítido y límpido como tus ojos, cristalinos con tus convicciones, mientras chispean al saltar los charcos de la desesperación. Ofrecerte mi mano si tropiezas con piedras que incomoden tus pies por las sendas de tu porvenir, ese, del que tú solo tienes la llave colgada del cuello en un camafeo de dicha y anhelos. Susurrarte cuánto te echo de menos, cuando los desencuentros quebranten tu voz en una afonía donde las manos ya no sepan que acariciar. Afinar los silencios en una hermosa melodía que compongan los surcos de tu piel con el ritmo de los nuevos tiempos, notas valientes, cuya partitura sea una canción de esperanza y nunca nunca represiones.

Quisiera escribirte versos con todo el amor que escondo entre las líneas que aún no he escrito, antes de que el viático se pose a mis pies en una última vez de expiar pecados no olvidados y culpas, que amargan como la hiel. La complicidad de la que presumo, nacida al amparo de un útero que navegaba en un guadiana de desperfectos, y aún así, te di la vida conectada a la mía, ligamen por el que aún yo respiro, aunque sé, que todo es etéreo menos el recuerdo. Reivindicar que no me olvides, a pesar de que no me veas, que sean tus impresiones de las yemas de mis dedos al describirte diálogos y conversaciones; los ademanes de mi rostro al esparcir los te quiero; los pequeños instantes de enfados sin más artificio que la perfección y el orden; la tristeza resignada a esconderse bajo capas de mediocridad; los principios y valores que heredé y te dejo en un único testamento de objetos intangibles y de fortuna indefinida.

Vociferar, hija, a los cuatro vientos que siempre tendrás más de una oportunidad para volver a empezar y que nunca un final, es un adiós, sino un hasta luego en otro momento. Sincronizar los biorritmos de tu cuerpo a las estelas de los cometas y estrellas con la belleza de todos sus vértices, rizando el rizo y, ordenando el caos en más anarquía para no aceptar, sí por no, ni la indignidad de caer sobre las rodillas, ni siquiera escuchar una voz más alta que otra, y menos aún el bofetón inesperado de quién te divida en dos.

¿¡Cuántas cosas haría por defender tus coyunturas!?, el infinito sabe a poco y la Historia sólo teje telarañas en el alféizar del ser y tener. ¿Cuánta vorágine desmadejaría en hilos de colores, para que el dolor de no entender, de darlo todo, de lobos disfrazados de corderos…, sea un chute de inmunidad? ¿Cuánto inventaría para que los miedos no desluzcan tus brillos; para echar los monstruos de las casas encantadas; los temores tras las esquinas? Alisar las dobleces en tus alas ligeras y pausadas para que te alces lo alto que tú quieras en la armonía del equilibrio y la identidad. Cazar mariposas para que revoloteen dentro de ti,cuando Cupido dispare las flechas del primer amor y de todos los que vendrán, porque hija, te diré que enamorarse no se eterniza más allá de unos momentos y, que conformarse con tan poco no es la solución. Respeta todos los horizontes que estén en la línea de tus ojos, y aprende de ellos, pues te ofrecerán sabiduría y conciencia. No te rindas si las fuerzas flaquean cuando corras detrás de tu oportunidad, pues es el premio a todo el trabajo, mas no necesitas colgarte medallas ni subirte en el podio, basta que llegues con los pies en el suelo y los sueños en el cielo.

Quisiera hija, ser la maestra que todo lo sabe y reseñarte todos los libros que engendren lo bueno y lo malo de lo que fue, es y será. Mas, me temo que sólo puedo darte una pluma y unas hojas para que escribas tu propia historia con el ser y el estar; con el tener y no tener; con el poder y querer; el saber y estar…

Quisiera hija, que tu lengua recorra la torre de Babel con inteligencia suficiente para hablar con unos y otros en diálogos de conciliación. Nunca dejes que el sol lo tape un dedo, y que tus huellas digitales derroten los muros del prejuicio contra el ser, los convencionalismos impuestos en tinta de sangre, los estereotipos enmarcados en bisutería fina y, la insuficiencia mental de los que se vanaglorian de su mezquindad. Quisiera hija, apagar el fuego que avive cualquier venganza en nombre propio o en los comunes de los mortales. Que la honestidad sea tu bandera, la tolerancia tu seña de identidad y, la solidaridad un pasaporte a la inmortalidad.

Querida hija, quisiera barrer de un manotazo cualquier enfermedad que ronde tu cuerpo cincelado con felicidad o si se cuela, como un intruso en tu espíritu, que con sinceridad menoscaba tanto o más. Fluye como el río que va al mar, en el sosiego de contemplar el paisaje, cuando se abren los cielos y se cierra la Tierra ante los contratiempos.

Quisiera tener respuestas a tus traspiés, a la inmensidad de secretos que se ocultan en la máquina del tiempo, sin dar marcha atrás, nada más para crecer siendo buena persona.

Este es mi regalo, sin papel de celofán, ni lazos de seda. Solo ideas atolondradas en el desorden de mi boca, mas, quiero hija de mi vida que eso eres tú: la sangre que corre por mis venas; el oxígeno de cada mañana; el agua que sacia mi sed; la fruta que ansia alimentarme.

VIDA

Querida hija que cumplir años sea la excusa para celebrar la VIDA.

2 Comentarios

  1. Le has regalado un magnifico plan de vuelo, ahora te queda contemplar su despegue y dejarla volar, que con las intrucciones recibidas, seguro que tiene un vuelo placentero por la vida. Excelente escrito.

    • Intento guiarla lo mejor posible, o eso creo, según lo vivido. Sé que ella tiene la cabeza sobre los hombros. Muchísimas gracias y un abrazo enorme.

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