Agosto, reflexión, vacaciones, pensamientos

Agosto, reflexión, vacaciones, pensamientos

Agosto, arena dorada que se escurre entre los dedos, desconfiado en amores de verano que duran lo que un escarceo en la terminal del aeropuerto, o quizás en el andén, destino la estación del olvido. Agosto, desmelenándose contra lo cotidiano de meses enhebrados en la tristeza de una cadena de producción, o en el golpeteo en las teclas de un dispositivo exhausto de des(información). Agosto fuerza la risa en carcajadas de quita y pon, mientras las fotografías se acumulan sin ton ni son. Son tantas, que se olvidan cuando las hojas se caen del calendario frunciendo el ceño al contemplar que, ya forman parte de un otoño ojeroso de melancolía. Agosto, agua marina y sal en los besos de los que se encuentran por primera vez; fuego que flamea en bosques y montes, mientras las sábanas sonríen con arrugas en las comisuras. Agosto, que ama a mares y odia con el más puro de los egoísmos, mientras dobla la esquina de ciudades abandonadas a su soledad y, un silencio cuyo sabor es el del agua bendita para los exiliados de vacaciones censuradas. Agosto, griterío lejos del patio del recreo, autobuses de turistas excitados por sueños que se convierten en pesadillas en la letanía de colas interminables; multitudes en playas atrapadas en poner buena cara cuando los desperfectos se maquillan con crema solar. Agosto, Colón apuntando con el dedo a horizontes perdidos en la lejanía de la Torre del Oro avergonzada ante los flashes de orientales guiñando las cámaras dirección «nadie lo sabe». Agosto de vuelta al pueblo mientras presume de un coche último modelo. Agosto, complaciente con el ventilador mientras el bochorno arranca sudores entre el mediodía y noches irrepetibles con la imaginación. El aire refrigerado acompaña tapas y montaditos con cervezas sin más apego que otra más; paellas y sangrías en chiringuitos con denominación de origen «la verdadera», sin más pudor que una mala imitación del desencanto. Agosto, colapsado de viajes a la felicidad, mas se rebelan el personal de tierra y, los que vuelan sujetos a un cielo de incertidumbres. Agosto, miradas de amor enceladas en una puñalada, titulares de televisión; fiesta de pueblo mientras la manada al acecho, se lanza a la caza de su próxima presa. Agosto, enojos subidos de tonos en la contradicción de convivir dos con el compromiso de «hasta que la muerte nos separe». Mas, septiembre les espera en la puerta del juzgado para finiquitar su «paraíso» de diferencias irreconciliables. Agosto, carta de ajuste para tertulias insulsas de ideologías y corruptelas del tres a cuarto, mientras los concursos imploran abrirse camino aburriendo al personal. Agosto se arroba al primer amor robando besos bajo el cielo de perseidas que, se esfuman cuando llega un segundo, un tercero…, estrellas que ya no iluminarán más futuro que morir en el intento. Agosto en la levedad del ser despojado de capas como la cebolla, exhibiendo su desnudez en la perfección de un David ausente de perspectiva, se enorgullece de lo que todos ambicionan, unos dones, que amortaja la inocencia en cartas postales. Agosto, de maletas cargadas de buenas intenciones regalando universos inventados en conceptos, tan abstractos, como difícil de cumplir. Agosto, sinsabores servidos en bocas condescendientes con el destino y, aromas de euforia en un frasco de perfume que se vacía tan rápido, como la decepción de lo que puede ser y no es. Agosto atado al sol que más calienta cuando se refleja en espejismos que vagan por el desierto de historias paralelas. Anacronismo con la desconexión cuando estar conectado está en la cabeza. Agosto de pelos encrespados de pensar que septiembre llegará con todos sus complejos y, de pieles chamuscadas por la luz ultravioleta en monólogos con la capa de ozono. Agosto, de pagas extras dilapidadas antes de ser un reintegro y, de créditos aplazados hasta un mejor momento. Agosto, de libros sin correcciones e imposibles devaluados en versos libres. Agosto de libertad dictada en normas que no saben de sentimientos. Agosto de hambrunas al Sur del hombro, de náufragos sin isla ahogados en sus propias protestas. Agosto de conocidos que nunca serán más amigos que un segundo; de helados multicolores e intrusos sabores; de juergas sin medida; de flotadores que se pinchan y, tablas de salvación en la doctrina del postureo. Agosto, canción de verano que pasa igual que el día, sin más gloria que la pena de un momento.

Agosto como viene se va; con el lastre en los ojos que chispean al despedirse de todas las mentiras. Agosto de no mirarse por dentro y siempre con la máscara en la cara.  Agosto, una vara de dos serpientes enroscadas en lucha de poder; el equilibrio anestesiado y empezar de nuevo en el cruce de caminos.