Contrición

Contrición, reflexión sobre el perdón

Contrición, reflexión sobre el perdón.

En ocasiones, la contrición no significa sólo una debilidad, un estado de flaqueza del hombre cuya conciencia amenaza en la insistencia de los pecados cometidos, y cuyas ofensas agravian, incomodan o crean resentimientos en los otros. A veces, entregarse al acto mismo de la contrición no es una flagelación pública o íntima de vergüenza, por hechos o dichos cometidos impúdicamente o desde la más absoluta inconsciencia ilusa de sus males. Más bien, responde, desde mi más sentido personal de la cuestión, en la aceptación de sí mismo y arrepentimiento de lo transgredido, del pesar que se cuelga del cuello del contrito, una tristeza envuelta en una piel de agua que cala en los huesos, con un dolor incesante e inmisericorde que con cada gota carcome un poco más lo compacto de su estructura. De esa manera, minúsculos orificios a penas invisibles a la vista de cualquiera, orillan al compungido a vagar sobre sí mismo impregnado de todos sus miedos y, el hastío des(garrando) su memoria en recuerdos alejados de las situaciones realmente vividas. Los golpes en el pecho y mirar al cielo suplicando un perdón que no aparece en el momento más deseado, en el instante más oportuno, no son consuelo suficiente para afrontar las subidas y bajadas; los vaivenes de idas y vueltas; las pérdidas y abandonos; las vueltas de empezar y no acabar; excesos y carencias; las encrucijadas y las líneas paralelas; los rechazos y los destrozos que la vida en una caja de bombones nos ofrece para degustar sus sin(sabores).

Quisiera apretar la sien para poder recordar la última vez que el sosiego me sostuvo agarrada a sus paredes, manteniéndome firme sobre una ciénaga de des(encuentros). Por mucho que insista en ello, no logro focalizar en mi frontal un mínimo pasaje de ello. Con la torpeza del sonámbulo que se levanta en mitad de la noche sin más sustento que, escapar de sueños incoherentes con la razón de existir para levitar por tierras cuyo dueño es un ex(propiado) de la vida. En este paisaje de bosques tenebrosos donde las dudas se cuelgan de cada rama, golpeando la cara; un páramo en los que los matorrales ya no esperan más flores de primavera, cansados de la apatía de tantas espinas y, malas hierbas de der(rota) y des(consuelo), de(ambulo) en el suplicio de pedir perdón y, no condenarme al fuego eterno de mi conciencia. Indulgencia de los demás sobre todo, de las o(misiones) de la palabra; del in(cumplimiento) de los com(promisos), de la negligencia de las acciones descuidadas por falta de con(fianza) o exceso de decepción; del suspenso de alguna asignatura o quizás, demasiadas, pendientes de exámenes de lecciones in(capaces) de ser aprehendidas y, ajustadas a los términos del texto. No es com(pasión) lo que el alma en pena reclama en sus adentros, más bien, entendimiento y aseveración de que quizás, todos, podemos recaer en la profundidad de un pozo sin fondo. En cualquier trayectoria, los dos sentidos del movimiento pueden co(incidir) en algún punto o, tan sólo se ignoran pasando de largo sin saludarse; en esta coyuntura de la condonación de todos y, la auto(absolución) in extremis de un alma anestesiada por el dolor doblegándose en dos, se entrecruzan, mostrándose indiferentes y sin más cortesía que un golpe de melena. Y yo, que me empalago más de lo malo que de lo indiferente, lloro por todas mis esquinas; vierto lágrimas enturbiadas por los des(engaños) y, de gotas pequeñas de una mujer que en la madurez de su ambrosía pretende navegar en mares, que en calma chicha tira el lastre del ancla en aguas baldías.

Me pregunto, ¿es tan inmenso mi pecado?, ¿es tan imposible suturar las heridas que no dejan de supurar pus infectada de fatalismo? A caso, ¿no se puede redimir la soledad de la desolación de errores cometidos por la falta de intuición; de la comisión de des(aciertos) por abarcar lo inalcanzable; por no calcular en la exactitud de la auto(estima) la posibilidad de logros que dependen de no caer para reincidir en lo que hasta para cualquier sombra duele, en púas herrumbrosas de des(confianza)?

Cuando es manifiesto que ya no puedo dar más pasos en diferentes direcciones que se contraponen en sus principios y valores. Cuando ya no sé disimular que no quiero ser plagio de quién se gana su honradez; cuando no pretendo ser una imitación barata y china de quién transmite escritos con poder de dirigir, de trastocar, de acallar y, de in(cumplir) los sueños de otros. Cuando ya no me conformo en ser la versión de una foto mala, de todo aquello que nunca supe hacer con la corrección que se esperaba. Cuando los cuando ya no se encuentran en respuestas breves y concretas, me doy por vencida y me rindo a este acto recriminatorio de la ropa tendida ante los ojos de todos. Ropa íntima, de un solo color, el negro que más que vestirme me desnuda con todos mis demonios.

En esta conversión de sentimientos imperfectos, en la atrición de juntar las palmas de las manos ante un corazón que se acartona ante los reproches, afirmo, asevero en este alegato, en esta confesión del raquitismo de mi persona, cuando partirme en dos ya deja de ser una opción, para ser la imposición de una obsesión buscando la perfección del ser. Muchos dirán que es Narciso el que me enamora mirándome en los espejos, —¡ingenuos aquellos que lo piensan!—, no puedo tener más temor ni más agonía que observarme de cuerpo entero con el alma al desnudo. Ni siquiera es egoísmo hacía mi persona ni la enfermedad de los celos hacía los ajenos, —¡válgame Dios!—, que de esta me he librado. En realidad, la com(placencia) en los demás es mi arca perdida, para colmarles de la felicidad deseada y siempre necesaria. Sin darme por vencida, aunque en ese desafío pierdo la batalla, pleiteo con las circunstancias para lograr el objetivo, delegando en el después cuidar de todas mis com(pulsiones).

Los últimos tiempos vivir en el escaparate como un maniquí de asentimientos y obligaciones fue cosa del azar que lo convirtió en ilusión, y proyectos jamás pensados. Debo confesar que, por unos segundos ser el centro de atención me deleitó, un bombón de licor, embriagador que en realidad nubla la vista para no ver más allá de la punta de la nariz. Mas, acontecimientos irrefrenables, causalidades inesperadas, vicisitudes incoherentes…, desinflaron la burbuja en la que vivía… La ilusión se desvaneció en humo de contaminación ambiental; la esperanza dejó de divertirse y, en vapor de agua se convirtió, humedeciendo los parpados en esguinces que dolían. Con alfileres, anhelé colgar de un muro de «si puedo» todas las convenciones habidas y por haber, con personas forasteras de tierras extrañas y, no tanto. En cola esperaban turno para cobrarse su prenda. Hasta tal punto era y es la lista que, sin ropajes me he quedado, desnuda como la madre que me parió, así es mi contrariedad con este sufrir que me apuñala delirante de dolor.

Entre medias mentiras y medias verdades; entre malinterpretaciones y peor aún, de malas intenciones; de sorprenderse con la tristeza en las ojeras de finales de cuentos que nunca fueron de princesas; de ser protagonista de un mismo drama cuya tragedia se escribe en los prólogos de libros de psicología. De desaciertos disfrazados de rosas con espinas que se clavan en la retina; de co(incidencias) que braman con la afonía de la resaca mañanera; de cordura solicitando la amistad de inexpertos con la felicidad; de paciencia disfrazada de nervios trenzados en el pelo; de un «sí» en la boca cuando el estómago dice que «no»; de libros leídos con la eficacia de una opinión y aquellos que, acumulan polvo en la recepción; de redes que te atrapan para comerse tu «yo» y de amigos perdidos en el transcurso de una conversación; de poesía enlatada con el hastag de la emoción, mientras los versos libres, aquellos que precisan del latir se van de excursión… Entre todo ello, cosas y sentimientos; objetos y sensaciones; lo tangible y lo intangible; lo contante y sonante y, la reputación. Entre el ser o no ser; el ser y estar; el ser y tener; el ser para olvidar… Me hundo, caigo en el abismo; ardo en el infierno; me devoran los demonios; me pisan los trozos cuando yacen rotos sobre el asfalto; consumo los complejos con la lujuria de la exasperación; devoro con la gula de la inanición; vomito la angustia con la muerte en los talones….

En ese escenario de teatro, donde el attrezzo se con(funde) con la realidad. donde en la platea el público ya no aplaude; los actores se despiden sin carta de recomendación y, los protagonistas no reverencian a un público fiel. El telón se cae para no volver a levantarse. No es com(pasión) ni misericordia por no saber ser feliz, por caminar siempre en la cuerda floja de una mente que solo quiere sobrevivir con los sentimientos, un sufrir por dentro cuando las palabras repican en casas ajenas y también, si las tiro sobre el propio tejado. Un dolor que me retuerce las tripas si un gesto no se adapta al momento o, si un ademán se interpreta por el interés demandado en la cotización de una bolsa, inventada para poses de fotografías en «likes» y, que se metamorfean en perfiles de cuerpo recto y almas huecas. Es esta discordia con el afuera y los adentros, que me hacen balbucear frases inconexas de des(esperación) enfrentadas a lo que se espera de mí.

No me avergüenza quién soy, un triste espectro que no deja más huella que quizás, mirar de frente para quién la decepción sea mi nombre; el olvido se convierte en cruel si no miré la agenda de mi móvil y, si los imperdibles que unen corazón y alma, se des(enganchan) sangrando por la piel.

Ya no puedo saltar obstáculos tras la quimera de tener buena cara para todos aquellos que me conocen. Aún menos, para los otros que prefieren mi aquelarre. Sólo me quedan mis disculpas públicas y que sea en el juicio final quiénes me juzguen sean los responsables de mi absolución o la condena eterna.

4 Comentarios

    • Muchísimas gracias, que me leas y tu comentario me da más confianza en qué tal vez, puedo seguir escribiendo. Un abrazo.

  1. Dolors estamos en la sociedad de las estadisticas donde unos comen dos pollos y otros ninguno donde unos pecan y otras se arrepienten y con eso todos buenos. Creo adivinar a que grupo has ido a parar. Un tremendo abrazo.

    • No sé exactamente donde ubicarme. Quizás ese es el problema, que nunca he sabido integrarme en ellos. Muchísimas gracias por leerme y comentar. Un abrazo querido amigo.

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