Blog literario, la escribiente

Revelaciones, pensamientos, reflexiones.

Una revelación me despierta del sueño de media tarde, cuando el cansancio acumulado de días de idas y vueltas por tantos caminos, algunos obstaculizando el avance hasta la próxima parada y otros, tan apresurados que un vistazo al entorno se convierte en una ráfaga de luz que deslumbra. Será por ello qué, me despierto con la anunciación no escrita en ningún manual de vida, de esos, de autoayuda para vencer ansiedades ancladas en días ya denostados por ser tan pretéritos; epifanía para superar incertidumbres en nubarrones que impregnan tu cielo o, más bien para derrotar fracasos en victorias sobre los laureles de una cabeza adaptada a medidas convenidas.

Con la boca sedienta por descifrar cada imagen que intento recordar hasta el más mínimo detalle, una lágrima desolada y más salina de lo que acostumbra para no dejarme ciega ante la fe proclamada en el sueño elocuente, y con el aroma de café fuerte e intenso, donde leo en su poso todo lo descifrado; me lanzo con el desespero entre los dedos, algo anquilosados de días sedentarios con las teclas del ordenador, de proclamar divino la predicción de mi quimera, con el testimonio de quién vuela sobre el reino de los cielos.

La hoja en blanco se resiste a ser violentada por frases hechas de cualquier manera y, una y otra vez desecho todas las oraciones que se extravían de las líneas rectas demarcadas por el Word. Encontrar la palabra inefable que exprese lo que mi cabeza que en celeridad tropieza con la yema de los dedos, es una tarea tan laboriosa que me cuesta acertar con sinónimos que confíen en mí. Después de algunos intentos, de poner patas arribas el vocabulario que acumulo en algunas miles de palabras, atino como empezar cerrando por fin el círculo de este presagio.

Si la vanidad, en algunos momentos de mi historia me ha decapitado; si cierta arrogancia me ha arrastrado a incumplir ciertas promesas que el olvido ha conquistado, si lo más trivial se ha evidenciado conmigo en textos tópicos de amores soñados en películas de Hollywood, bagatelas convertidas en un Cupido insomne y cansado. Si eso y mucho más, como las fotografías en blanco y negro para no recordar la pena surcando las arrugas de la piel. Si lo anodino de días de conectarse a redes que se van por las ramas para engarzarse en mentiras piadosas y, verdades entupidas en tautologías desabridas o en entelequias difícil de creer. Después de darle vueltas a la vida, de ponerla panza arriba y hacia abajo para conservar todas sus curvaturas; de cruzar mares atormentados por el tiempo en lágrimas torrenciales; de deambular por desiertos donde los oasis son arenas movedizas con amores y desamores; de escalar y descender cordilleras nevadas por emociones ubicadas en el cajón del congelador; después de todas las palabras dichas en proverbios y, las escritas en acertijos chinos de galletas de la suerte; después de experimentar en una probeta lo que opinan los otros y, de tachar en el calendario fechas por falta de horas; una aparición me desvela el horizonte con algunas cláusulas.

—Sé tú, sin partirte en dos con todos los sentimientos.

—Edifica sobre tus ruinas.

—Huye de ruidos que ensordecen lo que piensas.

—Escribe contigo, sin el prejuicio del juicio de extraños lleno de rencores.

—Vive importándote la VIDA.

Y así después de todas estas revelaciones, la mudez es un eco resonando por todas las estancias arrancando de mí aquello que quiero gritar. Las palabras se defienden de las trincheras construidas con tanta corrección; de las zanjas de siempre mirar atrás con las dudas del bien y el mal; términos resguardados en la forma de hacer feliz a los versos con el fondo de un agujero negro; vocablos heridos por toda esta tristeza que siempre viene conmigo; verbos que no pierden la compostura con la ataraxia de no enloquecer por sacarlos de mi cabeza; este lenguaje desgarrador con el deseo de huir de paradigmas y eufemismos que otros me exigen para ser impoluta con la conciencia y, tan acendrada que ni una mota de polvo repose sobre mis pesadillas.

Una vez echadas abajo todas las fronteras que me limitan el paso al otro lado por concertinas rasgándome las vestiduras; que me cierran las puertas, blindadas de hierro y cemento, por perseguir un nuevo empezar, un porvenir buscado y deseado sin la compasión de otros tiempos mas, con el ademan de infinita honestidad y honradez en las frases que cimentan mis adentros. Una vez revelada esta liberación de todo lo superficial, de añadidos que sutilmente coaccionan toda mi verdad, de adjetivos inocuos que constriñan todo mi dolor…

La aurora se eleva en esta tarde de domingo, inconmensurable recoge todos los restos que aún quedan en mí y, sin pretenderlo me obliga a levantarme con una nota adosada en la palma de mi mano derecha y que dice:

Vivo y escribo…

Para mí con la cabeza alta.

Para ti que me das la oportunidad de volver a intentarlo, un día sí y otro también.

Para todos los que me acompañan.