Cuando el viento te silbe, poema de Jorge Rosso

Los poetas alcanzan el éxito no sólo cuando su obra se vende en librerías o en auditorios, ni siquiera cuando la crítica o el mundo literario los reconocen como excepcionales, extraordinarios e inmortales. El poeta triunfa cuando sus versos, ya se ajusten a la métrica del ritmo y la rima o, cuando los versos son libres como el viento que los impulsa, remueven las entrañas de quién los lee o los escucha. Cuando todo eso que vuelca en letras y palabras que se combinan con la magia de la música del tiempo despierta en el lector todo aquello que guarda en la memoria. Amor, desamor, pasiones, muerte, vida, denuncia social. Y es que el poeta observa la vida desde su interior, desde los ojos profundos del dolor, del placer, de lo sensitivo. El poeta nada más describe la VIDA con la metáfora de que su realidad es tan bella como cruel.

Jorge Rosso, poeta argentino se hace famoso en el momento en el que lo lees. No precisa de ventas, ni publicaciones que confirmen lo excepcional que es. Enreda las palabras de tal manera, que te arrastra a su Mar de Plata donde el amor y el dolor; el desamor y la culpa; la muerte y la vida; el hombre y la mujer; la sensualidad y lo erótico silban en tu oído con su música celestial.

Por ello, ocupa su lugar en este espacio, y porque tener su amistad es una ráfaga de confianza y lealtad.

Su grandeza la puedes comprobar en este poema.

Si el viento te silbara

te vería en él, pendiendo

de mis alas,

boqueando en gemidos tibios,

con la esencia unánime de

todos tus besos en racimos

y las arterias deshechas bajo

el rumor de la brisa,

a la vuelta de todas tus esquinas,

si el tiempo te trajera

te abrazaría en él, prendida

de mi cuello,

anhelando algún poema tierno,

con la espalda arqueada en

movimientos,

y mi boca embriagada de tu olor

de mujer cuando le cuento

secretos a tu pubis,

si la lluvia te excitara

te lloraría en ella, palpando

la orilla bañada de tu piel,

revelando tus yemas en mí,

con las piernas volando sobre

mis hombros sin olvido,

y los tentáculos de la noche

rastreando nuestros restos

donde vive tu paraíso,

si la sílaba te nombrara

te oiría en ella, sonriendo

dentro de tu boca desnuda,

en tu garganta de mentas y abedules,

con mis piernas en cuclillas

abrazando tus cabellos,

y encendidas las luciérnagas

hasta formar la penumbra erótica

del sosegado devenir,

si el amor te invadiera

me dormiría en él, soñando

tus desvelos si Dios bailara

entre tus pechos y la odisea

del misterio invadiera tus nalgas

entreabiertas a mis ojos,

para hundirme luego en mil formas

atrevidas sin permitir jamás que

luego de esta noche te enamoraras,

si la sábana te embriagara

te arrullaría en ella, y viajaría

entre razones hasta que sueñes con

pájaros, y te cantaría la canción

de mi sexo inhiesto entre tus pechos,

y sin creer que hemos sido

solo dos cuerpos,

solo hemos sido dos cuerpos,

y mi boca hambrienta se quedó con tu orgasmo.

 

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Jorge Rosso, poeta

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