La palabra que necesito

Blog literario, la escribiente

La palabra que necesito, reflexión, pensamientos

Una sencilla palabra bastaría para arañar un alma que necesita respirar la pureza del aire, que la mayoría de los días se contamina de humos corruptos por el consumismo de acumular «cosas» que no tienen acomodo, ni en una repisa ni siquiera en un corazón desvalido por su suerte. Aunque estoy harta de escuchar que las palabras se las llevan el viento y que se dicen por decir, que no nacen de los adentros, que la boca se llena de sustantivos anodinos y livianos como la nicotina viciando los pulmones. A pesar de que la lengua se enrede para desenredar interpretaciones que confunden los términos, y de que los calificativos se reúnen más veces de las deseadas para regar jardines que sólo precisan del agua del cielo para vivir. Aunque unos y otros hagan filigranas para azorar la perversión en papel de regalo, burlando al agraciado en música que le lame la oreja en sinónimos que se contradicen entre ellos. Pese a que los diminutivos se congelen en el frigorífico en cubitos que, nada más enfrían gin tonics, mojitos y margaritas para alegrar fiestas hasta altas horas de la mañana, cuando los antónimos se omiten para continuar en una raya que se inhala por la nariz. Y aún todo eso y, mucho más como las lunas que orbitan sobre mi cabeza obligándome a ser la ilusa que soy y, esas pecas que huyen de una piel condenada por los años, amenazando en extenderse como un virus. Me entrego con las palabras en un éxtasis de improvisaciones que se diluyen con mi aliento queriendo caer en el fondo del ser que tengo delante. Palabras imperfectas que claudican a mi voluntad, rendidas a ser interpretadas de tantas maneras muy diferentes a como fueron concebidas. Sé que mi vocabulario no fluye como debiera y que, debo ayudarme del diccionario que siempre me acompaña. De las mil y una notas que voy dejando por aquí y por allá, constatando que por allí pasé con un deje caótico de sustantivos, a veces discretos y otras sensacionalistas, titulares de la prensa más rosa que la goma de mascar y, de la amarilla reinventando mentiras en verdades, un dislate de equilibrios gramaticales. Palabras livianas como un Padrenuestro y engorrosas como el discurso del diputado inmune a la justicia social. Aciertos en la semántica y errores en la vida real, circunscriben y firman mi vida.

Aunque la palabra duela cuando te abofetean con ella o si se turba con el aroma de un perfume embriagador. Más aún, cuando se atropellan entre ellas, queriendo ir más rápidas que los pensamientos o, cuando los monosílabos se encuentren en la soledad de tantas ausencias. A pesar de todo ello requiero de una sola palabra que acaricie mi piel, una intuición de que lo más insignificante sea el desenlace del momento. Un gesto sencillo e inocente; un suspiro breve y simple de esos que te inundan de tranquilidad; espontáneo y humilde cuando la añoranza se mimetiza en la melancolía de los días como un duermevela sobre nubes de algodón. Un ademán de consonantes y vocales que comulgan con la humedad de una boca que se deshace en la rutina de la contrariedad. Pausas en puntos suspensivos sobre renglones que a veces se tuercen por una caligrafía ilegible e ingenua en amores de cuento de hadas y, desamores con moraleja.

Palabra con rima y métrica; sin normas ortográficas ni deidad a quién rendir culto. Palabra hecha canción, o nada más anuncio de televisión. Palabras que enamoren sin más roce que un susurro y seduzcan con la electricidad del sonido de la voz. Palabras que condenen los olvidos y, aquellas que no significan lo que parecen. Palabras que perdonen la humillación de las mentiras y la falsedad de plagiar vidas ajenas sin más truco que robar la ilusión. Palabras incongruentes con estos tiempos y las inventadas sin más significado que un agujero en la cerradura. Palabras solemnes en la liturgia a Dios e indignas con la muerte del cuerpo. Palabras que no hablan conmigo, tan sólo pasan de puntillas por mi lado. Esquivas, altaneras, amargas…, con la arrogancia del narciso en el búcaro frágil del vidrio asustado por el futuro. Palabras sencillas y tiernas en los quince años de una juventud que no sabe de pecados. Palabras efímeras en el diente de león y eternas sobre la biblia que reina la mesita. Palabras que no se acostumbran a romper promesas y aquellas, indulgentes con quiénes recriminan el valor de la integridad. Palabras y más palabras sobre el quicio del pensamiento, y en el cabecero de un lecho donde la euforia muere en la apatía de noches insomnes.

Es así, como espero una llamada del cielo, del teléfono, un toque en el timbre de la puerta de mis abismos. Un mensaje de whatsapp, de Messenger o SMS que  haga subir la temperatura en el frío del invierno. Una carta de amor con poemas de Neruda y, las facturas a final de mes. Palabras que crían más palabras, crecen con el néctar de las sílabas y nunca mueren, porque no pueden ser enterradas ni siquiera arder en el fuego del infierno.

Palabras emergiendo de la lengua cuando sisea con los acertijos, de la yema de los dedos en caricias rotas por la monotonía, de las entrañas cuando los sentidos se debaten en duelo por existir. De los ojos buscando otros ojos que le muestren la realidad. De la piel tatuada en símbolos que delinean instantes que se aguantan en la cuerda floja de la imaginación. Palabras que hacen amigos por donde quiera que pasan y, las desterradas a la ignominia en la vergüenza de sus dueños. Palabras que despejan incertidumbres y aquellas que, mendigan clemencia para sobrevivir en cajeros de bancos, dueños de dineros ajenos. Palabras que desfilan iracundas por doctrinas e ideologías invadiendo la sencillez de dormir tranquilo. Palabras apáticas sin más impulso que aburrirse en el sofá. Y las agotadas de cuidar a otras que no se desvíen del camino. Palabras iluminando el cielo con estrellas artificiales de intenciones. Palabras que se arrugan con las sábanas, en la lucha de cuerpos que despliegan su pasión. Palabras en grafitis ejerciendo su derecho a reivindicar deseos. Palabras estrechas y pequeñas como el odio malsano y que nace en envidias callejeras. Palabras verdaderas y, ciertas de niños y la de los borrachos con el tetrabrik en la mano. Palabras inconclusas en el adiós de un ayer abierto en las venas. Palabras bipolares llenando la cabeza de un runrún infinito. Palabras aceleradas fluyendo a contracorriente, palabras a sotto voce bajo el reflejo de la luna cuando los secretos son una espiral de engaños. Palabras incesantes impulsando el corazón en un cohete espacial orbitando sobre el universo. Palabras afectuosas cuando te ven pasar, palabras civilizadas en la moral social y, hurañas por incompetentes con las emociones. Palabras rigurosas en sentencias condenatorias y, palabras ebrias de letras discordantes en los muros de la prisión. Palabras frambuesa en la mermelada de una boca infantil. Palabras guerreras en batallas que ni les van ni les vienen, conquistando la fiebre del poder. Palabras sin fin, infinitas en idiomas mestizos, bastardos e ilegítimos rompiendo las fronteras de las palabras equívocas de libros quemados en la noche de los cristales rotos. Palabras confiadas mordiendo la ropa interior. Palabras cautivas de hechizos banales y, las que gritan libertad con la conciencia limpia. Palabras que ofenden con la obligación de imponerse. Palabras tristes en las lágrimas de los que sienten dolor. Palabras justas delimitadas en el ombligo de la razón y, las impías por falta de fe…

Palabras, palabras que escribo porque las necesito

6 Comentarios

  1. El sensacional recorrido que haces sobre los posibles cometidos de las palaras ya, de por sí, es una maravilla, pero creo que le he encontrado un punto más allá y pediría a los lectores que lo leyeran en voz alta, con el ritmo que la la autora le impone y se encontraran con un relato que no solo le ha salido “redondo”, sino que resulta musical. Has enlazado las palabras como notas musicales y su lectura aporta melodía, ritmo… musica en una palabra. Maravilloso Dolors.

    • Empecé con una idea y lo acabé totalmente diferente al inicio. La música forma parte de mí, en realidad escribo muchas veces como si escribiera una canción. Gracias Alberto por leerme y para mí es importante que guste y llegue aunque sea a una sola persona.

  2. Una artesana de las palabras, eso es lo que eres, princesa. Increíble, nunca dejas de sorprenderme. Un beso muy fuerte.

    • Tu definición es el mejor halago que puedo recibir. Muchísimas gracias querida Laura.

  3. La música también es poesía. Como siempre que viene de ti, un texto hermoso y bien escrito. No dejes de contarnos tu interior. Es más difícil desnudar el alma que el cuerpo y cada vez que lo haces es mágico. Un beso, cuídate mucho.

    • Muchas gracias, Fernando tú que eres un gran poeta y escritor, bien sabes lo que siento. Un abrazo y un beso

Deja un comentario

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Únete a otros 11.352 suscriptores

Categorías

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: