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Amor con H de Aída del Pozo, novela romántica, ficción femenina

 

«Si me quieres, quiéreme entera,

no por zonas de luz o sombra…

Si me quieres, quiéreme negra

y blanca, Y gris, verde, y rubia,

y morena…

Quiéreme día,

quiéreme noche…

¡Y madrugada en la ventana abierta!…

 

Si me quieres, no me recortes:

¡Quiéreme toda… O no me quieras»

Si me quieres, quiéreme entera -Dulce María Loynaz

 

Si intentase definir qué es el amor, no encontraría palabras que se ajustasen al concepto de amar. Quizás como Platón teorizó, vive en el mundo de las ideas y tocar tierra firme es una utopía, pues el éxtasis de sentirlo se ve frustrado por no recibir lo deseado. Tal vez, sea la voluntad de poder, según decía Nietzsche, «Amor es el sentimiento de la propiedad o de aquello que nosotros queremos convenir en propiedad nuestra», el poder de desear en exclusividad, el poder de dominio y fuerza, y el poder de transformar aquello que se ama. O quizás como la filosofía explica, más allá de un concepto tangible es un valor «superior» y «abstracto» compuesto por sentimientos, emociones,y, reacciones físicas y sensitivas en lo más terrenal y, en su magnitud más simbólica, la virtud que acoge en su seno aquellas virtudes que muestran su grandeza: generosidad, empatía, comprensión, tolerancia, fraternidad y solidaridad.

Plantearse, si es tan sólo un convencionalismo humano para explicar un conjunto de virtudes que condicionan nuestra actitud vinculadas a la vida en referencia a la conducta y los sentidos, o quizás, ese «algo» inherente a nosotros, con el que aprehendemos la vida, algo así como señala Emmanuel Lévinas, «sin amor no seríamos ni estaríamos». La cuestión, la realidad es que el amor nos da la vida y en su nombre también se pierde, voluntaria e involuntariamente. Aunque personalmente me quedo con la definición más acertada, más próxima al hombre y a la mujer, la que escribe Álvaro en una carta, uno de los protagonistas de Amor con H de Aída del Pozo.

«El amor, es simplemente, imperfecto. ¿Alguna vez te has preguntado quién puso nombre a las cosas, quién decidió que se llamasen así?… Debería haberlo escrito con H porque el Hamor no es redondo ni perfecto. No lo es puesto que no se rige por regla alguna, ni tiene principio, ni fin, ni medida…»

Leer a Aída del Pozo, siempre es una aventura en su mejor acepción. Es un viaje por la imaginación donde cada vez que la lees te sorprende, por su crecimiento como escritora y, emocional. Ella que es versátil como las emociones, arriesga en cada una de sus propuestas. Se lanza sin miedo en cualquier de los géneros literarios acertando de pleno con las inquietudes del lector. Así de ser la dama de negro en El día que perdí mi sombra es la dama de rosa en Amor con H. Sin peyorativos, sin eufemismos ni tabúes, pues tocar la sensibilidad del lector con el género romántico es más difícil de escribir cuatro frases hechas sobre el amor. La autora va más allá de todo eso, de lo más trivial, de lo manido, y pone sobre el papel la historia de tres mujeres, bien diferentes unidas por los acontecimientos y la causalidad.

Tres mujeres, Cristina, Alicia y Gloria, entendiendo el amor desde lo más pasional a la sumisión total pasando por el hastío de la decepción. Cristina, psicóloga de profesión es el hilo conductor de todo el libro. Con saltos en el tiempo relata los amores de su vida, dejándote la enseñanza de qué realmente existe el «amor de tu vida», ese que marcará el devenir con las relaciones con otros y, los sentimientos. El conocimiento que infiere lo vivido por Cristina con Álvaro, el primer amor adolescente que madura con los sentidos, la complicidad y el deseo por un hombre adulto, se convertirá en una actitud ante la vida y ante los amores que atesorará. Álvaro, es ese personaje etéreo e invisible que enseñará a Cristina quién es y porqué el amor nunca puede ser perfecto, pero no por ello se debe dejar de «vivir felizmente». Luchar y buscar la felicidad en el amor será el objetivo de Cristina y, el principio que gobierna su profesión para con sus clientes. Sufrir, forma parte de amar, pero no por ello se debe dejar de vivir, «sobrevivir», y Cristina bien lo sabe en palabras de Álvaro, su mentor.

«—Si se muriese tu madre, sobrevivirías, es lo que harías, Cris. Sobrevivir. Todos somos supervivientes de nuestra propia vida…»

Cristina va y viene en el tiempo, aprendiendo a respetar(se), a confiar, mantener la amistad más allá de los convencionalismos. Descubre el dinamismo de los deseos con los sentidos: la piel, las oquedades del cuerpo, los dedos y el juego más erótico y sensual. La pasión y el deseo es una necesidad para mantener el equilibrio y la armonía en sus relaciones. Por ello, no duda en la separación cuando el vacío y esa «magia» desaparece «Igual que cualquier otro sentimiento, el amor también muere» para salir de nuevo a su encuentro más allá del género, son de las personas de las que nos enamoramos. En Diego, encontrará su otro yo. Y es que «lo único que nos queda es olvidar y sobreponernos a la pérdida». A pesar de las apariencias, la vida de Cristina también se ve sembrada por el dolor y la pérdida, aceptarlas y aceptarse la definen con la fuerza para seguir avanzando y creciendo como persona. Cristina agradece lo vivido, es fuerte y positiva. Sin nostalgias, sin tristezas, siempre con los buenos recuerdos y lo aprendido de ellos sin condicionar su vida actual.

Gloria, es una de las pacientes de Cristina, el éxito en su vida no sólo se delimita a un matrimonio y unos hijos, un trabajo gratificante, el bienestar económico… Gloria va más allá, la rutina ha deteriorado su relación con Javier, su marido. A pesar de su belleza y lo que despierta en los hombres, necesita ser comprendida, atendida en sus necesidades, pequeños detalles que despierten de nuevo en ella el amor y la fantasía de ser correspondida, tal como ella desea. Arriesgada y decida no duda en poner en juego su vida actual por una nueva relación extramatrimonial con Nacho, un compañero de trabajo. Ella actúa siendo consecuente con sus necesidades y no se apega a nada ni nadie que se aleje de sus deseos. Desde la lejanía, Gloria es pretenciosa y arrogante, pero de cerca es un retrato muy acertado de lo que las mujeres deseamos. Detalles, deseos, romanticismo, seguridad, estabilidad. Para Gloria «una persona que ama, lucha» y desde este paradigma toma las riendas de sus relaciones. A pesar de ello, el pesimismo la devora, el vacío se apodera de ella, por ello requiere de los servicios de Cristina. La depresión y la ansiedad la embargan, y las decisiones a tomar crean en ella inseguridades y miedos de equivocarse. Aún así se muestra fuerte delante del hombre, no duda de sus palabras y se reafirma con los hechos. Ella simboliza a la mujer del día a día, que se consume en la rutina; se desgasta en lo monótono, en la «mediocridad» y, requiere de la sorpresa y la novedad estímulos para cultivar el amor y la felicidad absoluta.

Sería fácil empezar por definir a Alicia, como la débil, sumisa, anulada, sin autoestima, dependiente, aceptando la agresión como forma de vida consecuencia de su culpa, aislada de todos, merecedora de todo ello, humillada, apalizada, vejada, la mujer que aguanta un marido, Raúl, represor, dominador, castrador que impone su poder tal como lo define Nietzsche, moldeando y transformando a su gusto y semejanza a la mujer. Para colmar y saciar sus deseos, y utilizando la fuerza física para dejar prueba de su contrariedad. Alicia, avisada desde su noviazgo por su madre, y es que ellas tienen un sexto sentido que les alerta de los peligros, se precipita a vivir un matrimonio encarcelada en los deseos de Raúl. Los celos y el amor que le nace de las entrañas son las excusas abanderadas por Raúl confundiendo los términos. En realidad, es un maltratador de libro. Aún así, Alicia consigue dar el paso guiada por su amiga Manoli, la única que observa el deterioro físico y psíquico, las cicatrices de su cuerpo, para obligarla a acercarse a la consulta de Cristina. Si algo puedo decir de Alicia, es que toda esa fragilidad que muestra, esa pequeñez en que se envuelve, esos trozos en que está hecha; se agranda y logra recomponerse primero desde el odio para acabar perdonando a su maltratador. Ello no significa que olvide, cada palabra, cada golpe, cada suceso que vivió con Raúl. La fortaleza aviva en ella y su decisión, la última palabra.

«Ahora necesito perdonar para comenzar de nuevo… Perdonaré sobre todo para mí, aunque no puedo olvidar lo que me hizo… dejan cicatrices».

La admiración que siento por Aída, porque sé «algo» de ella, y he leído sus libros, me dan la autoridad para afirmar que puede escribir todo lo que se proponga con el éxito asegurado y acertado. La realidad de sus letras, ser directa sin eufemismos acerca al lector a los sentimientos que provoca, arañando la piel y la mente para reflexionar sobre nuestro tiempo. En Amor con H, no olvida su lenguaje cercano sin estereotipos, cuidado, directo sin la vulgaridad de lo obsceno. Los saltos del tiempo no son un inconveniente en el lector para seguir la continuidad del libro. Cada protagonista habla en su presente, y sólo destaca Cristina, pues su profesión le da visión para narrar sobre las demás. Un acierto, adaptar la sombra de Álvaro como valedor del amor. Y por otro lado, sabe captar la atención hasta el final, sorprendente, sin recurrir a los tópicos de las novelas románticas, endulzadas con escenas eróticas y diálogos insulsos, goteando melaza por sus comisuras. Aída arriesga, nos hace sentir el amor con la cruda realidad, con mujeres de a pie con las que nos cruzamos por la calle y hombres de nuestros tiempos. No necesita adornar las palabras con ambigüedades vanas para llenarnos de sensibilidad.

El amor visto por tres mujeres que lo viven según sus circunstancias. Mujeres, fuertes y valientes; decididas y consecuentes; rotas y recompuestas; luchadoras y buscadoras de la felicidad. Amor que encierra comprensión, deseos, sentimientos, emociones, la belleza idealizada, pasión, erotismo, complicidad. Una historia con trasfondos sobre la maternidad, la familia y sus relaciones, el valor de la amistad, la venganza, el odio, la rabia, la desilusión, la infidelidad, el maltrato, el egoísmo, la cobardía, el compromiso y las consecuencias de nuestros actos. Una lectura que te envuelve en sus líneas empatizando con sus protagonistas.

«Quién lo ha sentido alguna vez y lo pierde, lo busca de nuevo. Es tanto lo que nos da, que pronto olvidamos lo que nos quita».

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Aída del Pozo, escritora

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Amazon: AMOR CON H

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