Reseña: LA MANSIÓN DE LOS NAVAS de José Antonio González Queiro

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LA MANSIÓN DE LOS NAVAS de José Antonio González Queiro

 

«Estoy seguro que a cualquiera le gusta un buen crimen, siempre que no sea la víctima”».

«La venganza es dulce y no engorda».

                                                                          -Alfred Hitchcock

 

Si de algo estoy segura es que el género policíaco nació de mano de la gran Agatha Christie, lograr una trama donde la muerte sea misteriosa; lograr que los personajes sean tan culpables como inocentes; un detective o detectives tan ingeniosos como inteligentes, salvaguardando la «legalidad»; una trama en la que el lector se implique en cada uno de los sucesos siendo uno más de los personajes y una resolución impredecible, bien argumentada. Todo ello en un escenario abrumador bajo la supervisión de un tiempo pausado que juega a contrarreloj. Si de algo también estoy segura, es que no se necesita derramar más sangre que la necesaria para escribir una buena novela donde el crimen sea el protagonista, eludiendo lo más escatológico y pringoso que es la sangre derramada; de igual manera que no se precisan más disparos que la imaginación para matar. Desde pequeña me enganché al suspense gracias a leer Diez Negritos de Agatha Christie, y todas sus otras novelas, y compartir tardes de cine en blanco y negro junto a mi padre viendo La ventana indiscreta o Con la muerte en los talones de Hitchcock; con ellos aprendí que no hay «género chico» si quién crea te guía por los vericuetos de la imaginación.

José Antonio González Queiro nos presenta La Mansión de los Navas una novela que reúne todos los ingredientes para etiquetarla como una «gran novela policíaca». No es sólo la trama y el escenario los que atrapan al lector, ni siquiera los personajes, corales todos ellos, para dar mayor misterio y observar de reojo a cada uno de ellos, ni siquiera la personalidad de la víctima y aún menos la sagacidad del inspector Vidal. En mi modesta opinión de lectora, la habilidad del autor, la capacidad de dominar la palabra y crear una historia adecuada y adaptada al momento en que se desarrolla; otorgándole la intriga más que necesaria para sujetar las manos del lector a su libro; con un vocabulario exquisito, elegante, con estilo y lo suficientemente atractivo, sin menoscabar en lo importante, la descripción de una muerte misteriosa rodeada de sospechosos con un móvil importante: la venganza.

En la España de los 50, 1956 para ser exactos, cuando las diferencias entre clases sociales era más una cuestión de abolengo y señorío; en la que la posguerra aún era presente; en un ambiente en el que se respiraba, se palpaba y se olía a rancio y decadencia, en la Mansión de los Navas, sita en Aranjuez, se procuraba mantener las apariencias de la nobleza de unos y la servidumbre de otros. A la cabeza de todos ellos, la marquesa viuda de Navas, Micaela Orcajada Valdés, una mujer inválida, huraña y reconcomida por el odio; autoritaria y distante; inquisidora y manipuladora, «soberbia y exigente»,  matriarca de una mansión que pierde aceite por sus paredes.

«Es una misántropa iracunda, una total egoísta que parece sentir placer haciendo sufrir a los demás… »

Su hija, Angustias, dócil, vulnerable, débil y dependiente de su madre, «trata bien a la gente y tiene buen corazón», angustiada como su propio nombre, y desbordada por los sucesos que  junto a su marido, Alejandro y sus hijos, adultos ya: Luís, el mayor y abogado, su sinceridad respecto a sus sentimientos le ofrece una apariencia de un ser sin escrúpulos, aún así, los motivos para ello demostrarán todo lo contrario. Andrés, el pequeño y estudiante, guarda las formas y demuestra gran sensibilidad por todo lo que le rodea. Y Amelia, bien casada con Leopaldo, el cirujano; fría y distante, pero contundente. Junto a la familia pasarán las Navidades, unos invitados muy especiales para Angustias: su gran amiga Mónica, el pilar en el que se sustenta ante tanto desfortunio; siempre positiva, empática, con gran perspicacia y con un humor cercano; casada con el Conde de Weymand, inglés para más señas. Acompañaran a los convidados ingleses sus sobrinos por parte de su esposo Alejandro: Laura y Tomás, dos hermanos  burgueses sin linaje.

Si los señoritos son una fotografía de la época, ricos herederos que deben sumisión a quién les deben sus estatus; el servicio es un retrato de lo que se trajinaba en los bajos de la mansión. El matrimonio de toda la vida, ella, María la magnífica cocinera que conoce todos los entresijos de todos los presentes y ausentes; su marido, Jaime, mayordomo, siempre poniendo razón y cordura entre todos ellos. El ama de llaves, Julia, estirada y distante, la enfermera de la marquesa, Rosario, complaciente y harta; Carmen e Isabel, las doncellas; Pedro, el jardinero de toda la vida, hombre para todo, sabe más de lo que calla; y el joven Juan, nuevo entre todos ellos, mozo de comedor y complaciente. Todos ellos, criados y señores serán parte coral de una trama de intriga y misterio alrededor de la marquesa de Navas, junto a los ausentes que están muy presentes. Por suerte, no puede faltar quién descifrará todas las incógnitas de los sucesos acontecidos. El joven inspector Bernardo Vidal, atractivo, sereno, observador, cauto, perspicaz y uniendo cabos con la lógica de las pruebas y, escuchando más allá de lo que los testigos declaraban. Sin escatimar en su manera de conseguir y, demostrar sus sospechas con la confianza de Pereira, su nuevo y leal ayudante.

El autor hilvana estas «Navidades Trágicas» en la Mansión de los Navas recreando un ambiente donde la autoridad de la marquesa impera en cada estancia y en sus huéspedes, con un dominio de la escena impecable en cada detalle. Descripciones imprescindibles y bien minucioso, sin excesos, conciso y exacto para que el lector lea viendo una escena cinematográfica sin enseñar más de la cuenta, para hacerle partícipe de lo que sucede, y por su propia deducción descartar y señalar sospechosos. Sin olvidar el móvil del crimen. Queiro trabaja el lenguaje con esmero en diálogos que dinamizan y someten al lector a su lectura desenfrenada. Sorprende por adaptar el castellano al tiempo que relata; adjetivos olvidados en la actualidad y que personalmente agradezco volver a leerlos, pues es ritmo y música al drama. Una banda sonora que acompaña a una película donde imagino a Alberto Closas y Fernando Fernán Gómez como desentrañadores de esta intriga, donde se cuestiona la naturaleza humana, la venganza y el rencor; el amor entre padres e hijos; la ambición, la disciplina, la sumisión, la vulnerabilidad, las apariencias, la rabia, el autoritarismo y la rigidez moral sustentada en los valores católicos del pecado y la redención. Una historia en el que el abuso de poder y el egocentrismo se contrapone al servilismo y las buenas intenciones. El interrogante a despejar es si la maldad se encuentra en el ADN de las personas o se desarrolla a lo largo de la vida atrapada en las circunstancias.

«el odio engendra odio…»

Y por supuesto, no puede haber novela negra que no esconda en el trasfondo el AMOR. Lo bueno y lo malo en todos sus aspectos, el dramatismo de amores rotos por la familia y el de aquellos que nacen por «el amor a primera vista». El autor consigue crear una tensión psicológica con todos estos aspectos, otorgando al lector la responsabilidad de investigar también los hechos con su imaginación, y todo ello justificado sin forzar las situaciones, con explicaciones lógicas y racionales. No necesita echar mano de disparos, revólveres, sangre o persecuciones para cerrar el círculo de una novela policíaca muy bien trabajada, escrita y con un final sorprendente. Es precisamente, el final, el giro más inesperado que el lector se encontrará. Y es que ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos. En mi opinión personal, González Queiro crea una novela donde los secretos de familia tienen consecuencias, el pasado siempre vuelve de una u otra manera. La genialidad del escritor es lograr una novela diferente a lo que últimamente se está publicando, aún utilizando una trama clásica, la dota de frescura, dinamismo y fuerza expresiva; suspense y misterio suficiente para leer de tirada. No necesita los grandes engranajes de los bestsellers como historias de espionaje, sangre desbordante o tiros gratuitos para hacerte adicto a su lectura.

                       «No hay ningún terror en un disparo, sólo la anticipación a él». 

  -Alfred Hitchcock       

Disfrutar de la lectura dejándote con ganas de más y a la vez hacerte rememorar, imágenes en blanco y negro donde los protagonistas les puedes poner cara y nombre en una pantalla de cine, es el mejor de los placeres para acabar un día de realidades tan rutinarias que aburren. Fantástica novela de género negro y policíaca, escrita con mucho cuidado y muy bien ambientada, ¿se puede pedir más? Cómo decía la maestra, Agatha Christie:

«La novela policíaca era la historia de la persecución. También fue en gran medida una historia con moraleja».

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J. Antonio González Queiro, escritor

Enlaces:

AMAZON: La Mansión de Los Navas

@ja_gonzalez49

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4 Comentarios

  1. Genial reseña, Dolors! Has dejado claro qué se va a encontrar el lector tras esta novela de misterio (y mucho más). Coincido contigo en que es una gran obra, y también la recomiendo. Mi enhorabuena a los dos!

    • Estamos de acuerdo, Laura, es un gran libro escrito con exquisitez. Muchas gracias, por todo. Un beso.

  2. Yo soy muy fan de las pelis de Hitchcock; con esta recomendación habrá que leer la novela sí o sí 🙂

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