Una declaración de recuerdos y anhelos

Blog literario, la escribiente

Declaración de recuerdos y anhelos, relato.

—Este es el buzón de voz de un poeta. En estos momentos debo estar con una pluma entre las manos, por eso si quieres que te recites unos versos o que te escriba un pareado, dime tras esa chirriante pi…, que prefieres.

Un sonido agudo, como dardos perforando los tímpanos se escucha tras la línea telefónica. Un ruido que colapsa las palabras en derrotas aún por batallar, un pi que implosiona en la mente de quién al otro lado, procura mantener la secuencia de las frases en el orden establecido cuando las transcribió en una hoja en blanco, algo arrugada y de segunda mano, en la improvisación de una decisión acabada de tomar.

Tras una inspiración profunda, agenciada desde la punta de los dedos hasta la raíz de sus cabellos, una voz adormecida por una infusión de valeriana consigue por fin articular algunos términos, desafiando el bullicio eléctrico de la línea telefónica.

—Los nervios me atan la voz en un hilo insonoro, intentaré desatar en pequeñas pausas lo que esta chica becqueriana, tiene guardado en la repisa de la mesita de noche, junto a la Piel de Agua que resbala por mi alma y, mis gafas tan insignificantes y ya tan necesarias, cuando la madurez irrumpe en el calendario de mi cocina.

Un trasiego de escándalo, de alguien que se retrepa en algún lugar donde los metales enfrían el momento, se escucha a ambos lados de las ondas cibernéticas que, girando sobre ellas mismas, vuelven de principio a fin junto a los interlocutores, un poeta ausente en la virtualidad de las estrofas y una chica becqueriana traicionada por los sentimientos repatriados, de un exilio descascarillado por la distancia.

Por fin, tras un carraspeo atenuado por el elixir de un caramelo, la chica becqueriana toma la palabra, torciendo un poco la sonrisa ajena a cualquier ojo invisible que la ruborice.

—Cuando ni siquiera el sol rozaba el horizonte, clamando abrirse paso, mi interior refulgía con tu recuerdo. Fue un despertar con un almizcle dulzón y extraño en mi boca; ese sabor con tonos a cabello de ángel sobre manzana con gusto a canela el que me alertó de la fecha, dulce melancolía. Un año ya, trescientos sesenta y cinco días de poemas trazados sobre mi piel cuando en aquella habitación alejados de todo lo más trivial y cotidiano de nuestra realidad, encendíamos los versos en caricias sobre sábanas de algodón impolutas y extenuadas de tanto amor que allí yacía.

El sonido del silencio se impone por unos segundos, los necesarios e inevitables para que la chica de tenues gestos y ojos enigmáticos inhale aire mientras, los dedos se enredan entre su cabellera trigueña caracoleando su pelo. Una respiración honda se antecede a sus palabras.

—Retenerte en mis días con esa ausencia que sólo sé que es un adorno, ha sido todo mi fin. Evocar tu boca cuando se adueñaba de mis sueños, es una vocación a la que me entrego con el ansía de que vuelva a ser verdad. El paseo en el ocaso del día, cuando el sol de julio reventaba el termómetro, por las calles empedradas y dichosas de otros tiempos, manos entrelazadas y juguetonas, ajenas a los viandantes extraños a ese encuentro donde debatir si un —te quiero mi cielo—, o un —te amo, mi amor—, era la respuesta más correcta a cada una de nuestras preguntas. Preguntas y respuestas que no se alejan de mí, un año después de que allí, en nuestra fortaleza Calatrava es su nombre, aún quedan intactos los envites colmados de dulce leche retando a las paredes trémulas de ser derrocadas en cada una de nuestras sacudidas, cuando dos cuerpos se hacían uno, en un cauce de extenuación y pasión. Me azuzan cada dos por tres, esas imágenes, fotograma a fotograma, en mis días de rotunda rutina y cuando las dudas se hacen irremediables a tantos kilómetros de ti.

Un chasquido eléctrico se escucha en la línea telefónica, es un estallido burlón a las palabras de la chica becqueriana. Ella, desnuda de complejos, desvestida de cualquier secreto por conservar, hace caso omiso a esa risa simulada y desfigurada de cualquier sonido que la distraiga de su cometido.

—Leo y releo, y vuelve a leer cada uno de tus mensajes que a deshoras se anuncian con la cautela de no despertar sospechas a aquellos que se inmiscuyen en mi vida, más por la cercanía a una soledad empañada por la memoria, que por las sonrisas que les regalo sin nada a cambio. Son tus versos, cortos y simples y, a la vez intensos e inmensos de amor los que me mantienen con la templanza de seguir y esperarte. Aquí o allá, da lo mismo, mas sé que ese día llegará; quizás en el más allá, cuando la muerte acabe con nuestros cuerpos y nuestras almas se reencuentren no se sabe dónde. Será en ese lugar majestuoso en sueños donde despertaremos de nuevo nuestros instintos de mirarnos con la calidez de los que se aman. El lenguaje de nuestras manos hablará por nosotros, palpando cada uno de nuestros más recónditos recovecos, igual que hace un año, cuando no teníamos principio ni fin para relamer cada hueco abierto en la piel. Sabores entremezclados de placer tentando perpetuarse en nuestras lenguas, mientras se anudaban a cada instante. Sí, anhelo volver a tener todos esos momentos, cuando la luna nos acompañaba por bares y tabernas, mientras nuestras risas eran eco en un aire de urbanidad y cotidianidad. Entre una copa de vino bermejo y alguna dorada, purgábamos la conciencia de este amor más que clandestino, vencido por las circunstancias de no estar en el lugar oportuno, en el momento adecuado de conocernos mucho tiempo atrás, cuando la realidad no era una dictadora que impusiera su exclusividad.

Con la mirada ausente, mientras una suave lágrima se desprende de su pupila más negra que el azabache y, profunda e inquietante como una mañana de otoño, cuando las hojas blandean en los árboles y un soplo las precipita sin más. La chica becqueriana hace un alto en su declaración de intenciones, para que la apnea no la ahogue con sus palabras.

Con la inspiración entre los pulmones y las frases intentando abrirse camino en su garganta, reanuda su confesión de no expiar sus pecados, si no de poner nombre y calificativos a los sentimientos que, inclementes se adueñan de ella.

—Mi poeta, nada más quería decirte que sigues aquí en mí, alojado en mi piel con olor a tu nombre; en mis manos en la sutileza de tus dedos hurgando mis adentros; en mi boca con tu sabor a miel de azahar; en mi retina en esas fotografías que guardo entre tus poemas de amor declamados a medía voz; en mi corazón bombeando sangre acelerada en cada uno de tus e-mails; en mi alma donde los quizás no existen y todo es posible.

En el teléfono, un resuello se oye, es ella, la chica menuda y tenue, que precisa aclarar su voz que de a poco ha ido decayendo en un mínimo susurro.

—Mi poeta, el tiempo de tu contestador se acaba, me pasaría una vida enganchada a este hilo que nos conecta, pero el espacio se achica en cada palabra y el reloj, imparable e impasible, marca cada uno de los recuerdos. Una última cosa, no quisiera resultar una simple romanticona sola y aburrida; es la necesidad de expresarte lo que siento. Este amor que ha crecido entre recuerdos y poemas de amor no es una intención, es una declaración real y verdadera.

De nuevo el desafinado pi metalizado interrumpe para poner fin a la comunicación.

Con unos segundos de epifanía, la chica becqueriana, al fin, presiona el símbolo de colgar en su teléfono.

Fe en que su poeta escuche su declaración de recuerdos y anhelos es lo que le queda.

7 Comentarios

  1. Dolors siempre nos hace recapacitar con sus escritos. En mi caso hoy ha conseguido hacerme “sudar” mientras saltaba de párrafo en párrafo.

    Hay sendas literarias que son siempre un placer recorrer junto a personas tan sensibles.

    • Muchas gracias, intento expresar todo ese mundo interior en el que convivo conmigo misma. Saludos.

  2. Bellas palabras. Es una declaración de amor en toda regla. Yo diría que el amor que expresas en estas líneas va más allá de la pasión, del deseo y de la ternura. Es un amor interior, un amar el alma, el interior del ser amado. En palabras de Platón; solo te ama aquel que ama tu alma.
    Un párrafo verdaderamente encantador, cargado de verdadero amor.
    Gracias por brindarnos algo tan hermoso. Cuídate.

    • Muchas Gracias, Fernando sabes que son muy verdaderas. Un beso.

  3. Bellas palabras, escritas desde el alma. Van más allá de la pasión, el deseo o la ternura que se puede sentir por el ser amado. En palabras de Platón; solo te ama aquel que ama tu alma.
    Es hermoso tener ese sentimiento aunque a veces cause la ausencia o melancolía de estar lejos de quien se ama y desea. No todo el mundo ha vivido algo así y es sublime haberlo vivido.
    Gracias por brindarnos un párrafo cargado de verdadero amor. Por escribir con tanta delicadeza, sensibilidad y pasión.
    Cuídate mucho.

  4. Sabes introducir palabras en el alma, dolors. Y esa música…. ah!!! maravilloso acompañamiento!

    • Muchísimas gracias por tus palabras, de ti que tanto sabes de ella. Gracias de verdad. Abrazos.

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