Martina, la fugitiva

La dulzura de sus ojos impide contemplar el dolor que en ellos encierran. Siempre ausente de la realidad que le acorrala como el cuervo carroñero sobrevolando su víctima, renuncia a su vuelo para no mirar el momento. Martina acusa el paso del tiempo cuando entre paredes asépticas y pastillas devoraba las ansías en hambre y vómitos. Su rostro es el retrato de unos pómulos marcados por los dedos que ahogan su garganta en silencios que sólo...