Reseña: PIEL DE AGUA de Beatriz Cáceres

Blog literario, reseñas

Piel de Agua, poesía

No podía dejar de pasar la oportunidad de acompañar a Beatriz Cáceres, una gran escritora y mejor amiga.

La poesía es el lugar de encuentro donde se juntan las almas que precisan la palabra para describir que perciben los sentidos, ya sea la luz o la oscuridad; la fragilidad o lo abrupto; el amor o el desamor, la vida o la muerte. En versos, la vida cotidiana es un universo de estrellas que se multiplica por los sentimientos de quién se acerca a su creador. El poeta en un acto de simbiosis con su espacio, cosecha versos mimetizados con las emociones que le despierta. Ya sea noche o día; cielo o infierno; fluye con las palabras en un caudal de sentidos. Así es el universo de Beatriz su mundo de fantasía que late al son de las emociones que le despierta observar los detalles de la vida en el translúcido del mar de sus ojos. Como bien dice su profesor, Pascual Roso, en el maravilloso prólogo de Piel de Agua, es su “Verdad” hecha poesía donde desborda su pasión por la vida y en lo que ella acontece. Es una artesana que, en su atelier particular enhebra, hilvana y cose con la facilidad de quién lo hace cada día, versos que se escurren por la piel del lector impregnándole de gotas de agua saciando la sed del que consume la vida a borbotones. No necesita de muselinas ni volantes para seducir con la elegancia de lo escueto y conciso, versos hechos a la medida de quién vive intensamente los sentimientos sin barroquismos ni adornos superfluos. La libertad, de escribir, de descubrir que hay en la otra orilla de las dudas, de las incertidumbres; viviendo la realidad o desde lo alto de sus sueños:

“Qué pequeña esta tierra mía a ras de suelo.

Es en el cielo donde mis alas

descubren el significado de la quimera”

Palabras que se engarzan unas con otras en lo cromático de su mundo: el azul de su mar Mediterráneo y el de sus propios ojos, los dorados del Sur en tardes de verano y mañanas de invierno, naranjas de atardeceres y blancos de nubes que más allá de ensombrecer inquietudes, resplandece con la sutileza de sus palabras. Su lenguaje adquiere el valor de la vida más allá del dolor que de ella se escurre con el tiempo arrollador y las circunstancias que lo provoca. En la punta de sus dedos siempre VIDA, su beneplácito en versos calmando el dolor que desprende:

“Usted y yo sabemos

que tengo un ala rota,

sangro tinta

en gotas de verso”

Desde la lejanía el lector que se acerca a la poesía teme adentrase en un laberinto de expresiones lingüísticas, conceptos y simbolismos que les pueda resultar ajenos a su realidad y su lenguaje, en cambio, cuando el lector más novel en leer poesía lee tan solo un verso escrito por Beatriz se embriaga del color y la luz que desprende, cautivando su atención y sobre todo sus sentidos. Su lirismo evocador en la Naturaleza, en el sol, en la luna, en el mar…

“A través del cristal

nos visita la luz de la luna,

nos envuelve con su luz nacarada,

transformando el instante en mágico”

Nos conduce a instantes donde el amor está siempre presente. Un amor no solo al otro que por supuesto existe, sino a todo ese mundo interior en el que ella levita poniendo siempre una sonrisa a los momentos que más dolor tiene. Y es que se hace amiga de la nostalgia para guiarla por senderos de esperanza, donde lo imposible no tiene lugar.

“Una leve brisa marina

la envuelve,

arrastrándola

hacía un nuevo horizonte”

Con la vista puesta en el mañana no reniega del ayer y aunque el olvido teme en hacerse letra, adquiere otro significado en los poemas de Beatriz. Fluyen como el agua en su río particular en la armonía de lograr canciones susurrantes que mecen al lector en una ensoñación mágica.

“Del mar del olvido

me sacuden gotas de recuerdo

 

Palpitantes, vivas,

llenitas de un aire especial,

cuajado de olores de azahares”

Recuerdos y añoranzas anclados en la luz de su memoria, la luz de la tierra que la vio nacer CAI, CAI; simbolismo de todo lo que ese lugar representa en tres letras que lo dicen todo. Sin embargo, ella no cae ni recae, alza su vuelo como el ave fénix para surcar otros cielos que nunca la detienen. Es la poesía su destino, su fin único y verdadero. El cristalino de sus ojos y su voz aterciopelada solo saben componer versos donde la música se aúna en forma de tango, seduciendo o, en tarantos para lo más íntimo.

“La letra es mi destino,

donde fluyen todos mis sueños

y encuentran su sentido

absorbido por el puro placer

de ser soñados”.

Ella, la poeta, la mujer, la soñadora es la Piel de Agua que se desliza sutilmente entre versos para decir lo que siente. Gota a gota, en recuerdos, las ausencias que nunca son olvido y siempre están presentes. La sensualidad y el erotismo que seduce al amor en la delicadeza de sus versos, declaraciones de amor:

“Mírame…

Y dime si acaso

alguna vez mi piel

no revivió al ser

rozada por tus dedos…”

 

Mirame…

no hay nada más hermoso

que yo pueda ofrecer,

si no la caricia

de una mirada,

donde tú seas el horizonte,

sea el sendero

a donde mis pasos

me lleven,

buscando mi destino,

porque a tu lado

deseo morir”

¿Puede haber algo más perfecto que el amor?

El destino y el tiempo no detienen a Beatriz Cáceres en sus versos, todo lo contrario, son compañeros de un viaje final por las letras. El primero marca el camino y a pesar de lo pedregoso que pueda resultar y los vaivenes que a veces impone, la poeta se eleva para sonreírle desde su alma libre:

“No puedes dejar de sonreír,

me conoces como nadie,

sabes que no hay barrotes

para encerrarme el alma,

por eso siento que me amas.

 

Este camino lleva tu nombre…

Destino”.

 

Y el tiempo que desea ser arena del desierto para colarse por nuestros adentros y solo consigue ser manecillas de un reloj que se olvida de vivir el momento.

“Tan obstinado como estás por

Permanecer dentro de tu marco,

eclipsando la esfera,

donde los dígitos son velas rizadas

agotándose como el humo”

 

Ella lo detiene por instantes dotándole de forma y sentimientos, humanizando el concepto, amando su misterio.

Y la magia de Beatriz es captar la sinfonía del silencio. Esa música que en los oídos del lector armoniza en notas delicadas de agudos y graves, y cuyo lugar reside en la poesía.

“Susurran las alas de los pájaros

que el viento se hace noche

y es música este silencio

que guarde tu nombre

Aunque las incertidumbres, las dudas y las inseguridades se aproximan en sus versos, ella consigue dotarles de vida propia, de destellos de luz para ser resueltos.

Y es que la poesía de Beatriz Cáceres no requiere requiebros ni recovecos, prefiere las líneas sin esquinas y el contorno de una cintura para envolverse de versos. En los detalles de los más etéreo, silencio, tiempo, destino, melancolía, sonrisa… se deslizan para humedecer la Piel de Agua con la serenidad en sus gotas. La alegría de la vida en hojas de árboles, en hojas de páginas que suspiran por el día y por la noche. Espejismos y reflejos que desvanecen nieblas y son realidad de los adentros. Sencillez de estrofas para aprehender lo que verdaderamente importa: VIVIR, aunque la muerte esté presente, pero es que ella es también otra forma de vivir.

Poesía eso es Beatriz Cáceres, delicadeza, blancura translúcida, sin espinas ni esquinas. Nítida y un paisaje de colores de azules, magentas, verdes, blancos…, donde la LUZ encuentra su camino a su destino, donde la SOLEDAD se acompaña de ella misma. Donde el AMOR es la única energía posible, ya sea al amante, al ser, a ella misma. Poesía anudada a su garganta que inspira por salir en versos que nos recuerdan a Lorca o a canciones sureñas allende de otros mares. Nanas para mecer nostalgias y sevillanas para celebrar la vida.

Así es Beatriz Cáceres mujer soñadora, mujer valiente, mujer alegre y siempre sonriente. Mujer colmada de amores, mujer escueta en heridas pues sabe como curarlas… Mujer siempre mujer en su Piel de Agua que se cuela por la vista, que la tocas con los dedos, que sientes su brisa, escuchas su silencio y te ata a la vida.

“Busqué las esquinas

a las palabras.

No encontré bordes,

ni vacíos

que llegaran

a hilar el sentido

para que el recuerdo

supiera regresar.

Porque hiere,

hiere,

la absoluta ignorancia”

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Beatriz Cáceres, escritora y poeata

 

 

 

9 Comentarios

  1. Muchísimas gracias Dolors por una reseña tan emotiva y maravillosa. Se nota que eres poeta y como tal la sientes. Un abrazo enorme.

    • Gracias a ti por compartirla conmigo. Le deseo y auguro un camino de éxitos. Felicidades, Beatriz.

  2. Una reseña fantástica, Dolors, que hace honor a ese algo especial que tienen los poemas de Beatriz. Me ha encantado porque, sin necesidad de artificios, has conseguido plasmar en prosa la esencia misma de la poesía de nuestra querida Beatriz Cáceres. Mi enhorabuena a las dos.

    • Muchísimas Gracias, Rosa así lo creo yo. Desnuda los sentimientos y las emociones. Un abrazo.

  3. A tu pregunta: “¿Puede haber algo más perfecto que el amor?”. Yo creo que si: el deseo.
    Saluditos.

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