El ladrón de sueños

Blog literario, la escribiente

El ladrón de sueños, relato

Desde la penumbra del umbral de la puerta, observa con el silencio del que se cuela donde no ha sido invitado, la silueta difuminada por el crepúsculo, en una habitación enmohecida por las lágrimas. No se atreve a dar el paso que, cauto y firme, le acerque a aquel cuerpo oculto entre las sábanas. Esa figura, ajena a la presencia del ladrón de sueños, se revuelve en la espesura de las plumas de su edredón a la búsqueda de la paz que necesita. Con los sueños enredados en el desasosiego de que algo está por suceder, se debate por salir del calor de no saber que pasa. El ladrón de sueños, se percata que, aquel cuerpo inocente se inquieta por no se sabe qué. Alarga su brazo derecho para tantear en la oscuridad de la habitación; sus pies descalzos se elevan un palmo del suelo, en la levedad del intruso. La puerta se cierra en un golpe de aire que, inesperadamente, se infiltra por las rendijas de la ventana, anunciando que algo está a punto de ocurrir.

El perfil que se desdibuja amorfo en aquella cama, se sobrecoge en un escalofrío desde el cuello a los pies. Con desazón se encoge sobre ella misma, buscando la cuadratura a un círculo deformado por el miedo. Es su manera de defenderse de aquello que desconoce. El bufido agudo del aire que entra por la ventana percute en sus oídos, levantando sus ansías por huir de allí. A pesar de ello, sus ojos se mantienen apretados y cegados ajenos a la luz de otra realidad fuera de aquella habitación. Sus manos se aferran con ahínco al edredón testigo de tantos encuentros, algunos furtivos y otros que, rompieron las expectativas de un nuevo amanecer. Precisan asirse con fuerza a aquello que tanto conoce de ella para no caer en picado a un sueño turbador.

El ladrón de sueños en la invisibilidad de la oscuridad se aboca a querer poseer lo que aquella sombra resignada al desasosiego, silencian sus pesadillas. Con el rostro compungido por contemplar la escena en la que el cuerpo litiga consigo  mismo, en la violencia del que le arrebatan la vida; inspira hondo y profundo intentando restañar la calma de una mañana de primavera, cuando los rayos de sol inundan los ojos, acariciando los sentidos. Él se aproxima tanto, tanto que distingue el dulce sabor de la respiración de aquella figura, perdida en la cama. El ladrón de sueños se impacienta por introducirse, en lo que aquella silueta, imagina con la complicidad de la noche y la madrugada. Con su ojo avizor examina cual puede ser la puerta de acceso a las incógnitas que ella encierra. Las manos de ella no pueden ser, pues se cierran en los puños con el temor cautivo en su interior. Las piernas puede ser una opción, mas se repliegan sobre el mentón protegiendo quimeras. La boca, es la solución, una sonrisa mal trazada por el desconcierto de no saber, se ha fijado con una permanencia prorrogable. A pesar de ello, sus dientes se distinguen con la perfección de morder solo y nada más lo más puro. El blanco de ellos, comulgan con Dios en fiestas de guardar y domingos. El ladrón de sueños decide que ese es el acceso, y de forma inexplicable, se diluye en el aire cerrado y asfixiante de la habitación. Se levanta el polvo y los ácaros que reposan en la comoda y en los batientes de la ventana, percibiendo que algo está por venir. Es debido a la ráfaga de aire que provoca el ladrón de sueños cuando, se disfraza de nube, entre el blanco de un iceberg y el azul de un mar con la marejada en su pulso; y sin más, entra por la boca de la sombra que dormita debajo de las sábanas. Una vez en el interior de ella, puede distinguir el perfume de su cuello, vainilla y rosas endulzando la dureza de su historia. Advierte sus orejas pequeñas, presididas por dos mínimas piedras preciosas como ella. Sus pestañas infinitas en el espacio protegen unos ojos azabaches como el luto del duelo, y transparentes en el reflejo del espejo que todo lo ve. Su pelo enmarañado por las batallas perdidas con la imaginación y la realidad, señalan un dorado que se apaga por el tiempo con tintes que desgastan la vida. El ladrón de sueños con forma de nube aún no quiere llegar a su destino final. Desea permanecer sobre aquel cuerpo en forma de mujer admirando tanta belleza, liviana y sutil que se distingue entre los tormentos de su inconsciencia. Mas, el tiempo le apremia, el amanecer está por venir, y entonces él tendrá que saltar a un vacío que no desea. Con el retrato de ella archivado en el fluido en el que se ha convertido, embiste sin aviso a aquella que se oculta en el subconsciente.

El ladrón de sueños que ahora es etéreo, se hace un hueco entre los sueños del cuerpo que resiste a sus acometidas. Él se abre paso entre la culpa de una despedida, sin más adiós que una huida hacía adelante, y el dolor del abandono, crucificado en un pecho que se cae no sólo por la gravedad, sino por los despechos de viejos amores. Ella late con la intensidad de seducir al forastero que sin invitación fisgonea entre sus pensamientos. Percibe que alguien o algo observa su desdicha de no conciliar el sueño. Busca explicaciones detrás de su nuca, es su conciencia que la obliga a expiar las dudas que retiene en la fragua de las decisiones. El ladrón de sueños se percata de los movimientos sinuosos de ella, queriendo conquistar su pobre corazón.  Quiere romper el hechizo que ella, maga de las tinieblas, le ha confiado. Mas, es arduo e infructuoso su deseo, el aura de ella solicitando auxilio se adueña de la habitación. El ladrón de sueños que ahora es una mancha indeleble en el cerebro de ella, no puede por menos que cumplir sus deseos, y entre imágenes de ayer y de hoy ve pasar la vida de la mujer que se refugia en el colchón. Huellas esculpidas a golpe de cincel y martillo grabando el desagravio del amor de su vida. Vestigios de años de luchar entre los adoquines de una calle principal contra arrendadores de amor. Las marcas de los aguijones de jeringuillas prometiendo la libertad. O todos esos arañazos rasgando la estructura de su pequeña espalda, señalando que ella es sólo una mentira, artífice de la realidad que le ha tocado vivir. El ladrón de sueños le duele todo lo que ve en esos sueños de pesadillas ingratas; apartar todo ello de aquella mente se convierte en su prioridad. Ya no desea atrapar los sueños más bellos entre campos de amapolas y cielos limpios de necedad. Ni tampoco aquellos que fotografían parejas entre besos de miel e inocentes caricias. Aún menos la sensualidad de dos perdidos en el sexo de cada uno. Ahora, sólo quiere salvarla a ella de ese abismo que es ella misma.

El ladrón de sueños que ahora está en la mente de ella, litiga contra el dolor que ella sufre entre la espalda y las entrañas. Ella advierte su presencia, y no impide la contienda. Él, batalla con afán del conquistador, contra la culpa y el desamor que instalados en el pecho y el cuello silencian cualquier llamada de auxilio. La sombra antes distorsionada por las sábanas muestra ahora el contorno de unas curvas que se abren paso entre valles y montes. Así desnuda en cuerpo y alma se presenta ante su paladín de sueños. No quiere cubrir sus cicatrices, ya no son lacra, ahora simbolizan una vida entre lo bueno y lo malo; entre el cielo y el infierno; entre el amor y el desamor. Ella viste sus sueños con la desnudez más diáfana para afrontar con la nitidez del día las circunstancias que le acontecen. El ladrón de sueños se enamora por momentos de esa mujer que se debate con un nuevo inicio.

Por fin, la mujer despierta en la mañana con el sol en la cara y una vida nueva, y el ladrón de sueños duerme atrapado por el sueño de una mujer.

2 Comentarios

  1. Que es verdaderamente sueño y que es realidad. Habría de preguntarse.Tal vez la realidad sea el sueño y el sueño la vida real.
    Como siempre un excelente relato. Cuídate.

    Sueños

    No sé si seguirás dándome las buenas noches antes de dormirte. Yo a pesar de que estés lejos, lo sigo haciendo. Tal vez te acuestes demasiado cansada para recordarme hasta que coges el sueño o caigas rendida en el lecho tras hacer el amor.

    Muchas noches eres protagonista de mis sueños. En ellos me sigues queriendo, mirando y besando como antes. Tus ojos siguen clavándose en los míos con la misma complicidad de siempre. Cómplices, abrazados y llenos de amor paseamos por las calles del viejo Madrid, por mi amada Cuenca o en un escenario imaginario e inexistente en el que somos protagonistas del mejor sueño, de nuestra bella historia de amor.

    Anoche te soñé en un palacio de la madrileña calle Santa Isabel que posteriormente fue colegio y actualmente es casa de vecinos. En mi sueño, caminaba por ese largo pasillo pavimentado en losas de granito, utilizado antiguamente como entrada de carruajes y a continuación, cruzaba la puerta de acceso a la maravillosa escalera que tantas veces subí de niño y de adolescente. Amplia escalera de dorado pasamanos que en mi quimera, era escenario de nuestro encuentro. Tú, sorprendida de verme, me cogías de la mano y juntos en silencio, temerosos de ser oídos o vistos por alguien de la vecindad, subíamos hasta tu casa, donde tras cruzar el umbral y cerrar la puerta me colmabas de caricias y besos. Tus ojos brillaban alegres y enamorados, como antes, y tu olor invadía todo mi ser.

    Al abrir los ojos ya no estabas. Todo había sido un bello sueño, una maravillosa quimera. Fue tan real y… olías tan bien que tal vez sea mi corazón quien vuela cada noche a buscar al tuyo y juntos, en un mundo imaginario, pasean por las centenarias calles de Madrid o por las rutas de la vieja ciudad de Cuenca. Y tal vez sea por eso que tras despertarme y tener bien abiertos los ojos sigo sintiendo tu maravilloso olor.

    Tal vez…

    • Siempre nos quedará Madrid y esos sueños que siendo quimeras no son imposibles de escribir.
      Gracias, Fernando por tus bellas palabras que trascienden las páginas.

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