El olvidado

Blog literario, la escribiente.

El olvidado, relato

Una noche más sale a la calle, con la angustia en la cara y la ropa ligera, por las prisas de quien desespera por lo que pueda acontecer. Los tacones repiquetean en un lamento, acelerando el tiempo para salvar la distancia de un espacio que aún no puede archivar en una carpeta. Con la melena ondeando en la noche ventosa de marzo, mientras las persianas de las casas hablan entre ellas en un soliloquio de razones sobre las cosas que pasan, avanza por la calle tortuosa de vaivenes de la vida, mientras los gatos pardos se confunden en la tenebrosidad de no dormir. Los portales aplauden en cada zapateo de ella, cuando a tientas se agarra al viento que azota su cara. Ella compungida de no poder asirse a una pared que guie sus pasos, zigzaguea arrastrando sus zapatos por los adoquines con nombres de olvidados, intactos por la lluvia y el fuego del estío. Mas, ella con la pena cargada a la espalda, tropieza una y otra vez, con un nombre tatuado en el ombligo. En cada caída, con el pelo enredado y confundido por la melancolía en la cara, y el reflejo de muchas gotas en sus ojos, agrietados y achicados de tanta lluvia de dudas, se iza tanteando lo invisible para seguir el rastro de lo que se perdió.

Ella, olvidó su nombre, se diluyó de no repetirlo en su vocabulario de cada día. Mas, cada noche, entre sábanas de algodón que enfrían más que abrigan los silencios de la soledad, una alucinación se repite con la insistencia del granizo en épocas de tormentas. Una sombra difusa y turbada, penitente de dudas se hace evidente entre los sueños de ella. La zozobra de querer adivinar quién es aquel clandestino que desespera sus sueños, desvela aquellas horas de tregua con el día. La inquietud se retrepa entre sus piernas, y en su pecho se arrellana el desasosiego abriéndose hueco. Percibe que, aquel espectro, decrépito por el misterio de no recordar quién es, ha sido cancerbero de sus sueños tiempo atrás. La ignorancia de su memoria agranda el vacío de no tener respuesta a la incógnita de aquella sombra, pues la intranquilidad da paso a la tristeza, y su rostro de ángel esperanzador se transforma el del que cae por sus pecados. La congoja hincha sus pómulos y la boca se deprime de no tener sonrisas. Las alas con las que se levanta cada día se han roto de tanto buscar en el baúl de los recuerdos, entre vestidos de tul y fotografías ajadas y carcomidas por el descuido de saber que existían. La impaciencia de hallar lo que busca, le impide cada vez más caminar entre la realidad. La necesidad de apelar aquella sombra, la vuelca cada noche a correr, sin más por las calles de una ciudad que se retira del día para confundirse entre las tinieblas de la madrugada.

Ella, abandonada por el futuro, y dando traspiés tras otro; moja la vida en el claroscuro de la noche. Se confunde con la negrura de las paredes que la acompañan, evitando las farolas pálidas de tanto alumbrar la nada; no precisa de los lamentos de aquellas por no guiar los pasos de monstruos y fantasmas; para perderse en la espesura del averno, entre yonquis de sustancias de la felicidad, falacia clavada en cada jeringuilla, y prostitutas que llevan a las estrellas a aquellos que, por unas monedas se venden al amor en minutos. No puede mirar atrás, ni siquiera a derecha ni izquierda; la detiene la confusión que se apodera de sus recuerdos; mas la certeza de reconocerlo entre toda aquella turbación se agarra a sus manos.

Corre, igual que la noche, entre pesadillas y apneas, ahogando cada grito callado por el temor de no encontrar consuelo en abrazos que calme la angustia de perder. Se desliza entre las grietas del asfalto, los zapatos tropiezan entre ellas, entristeciendo aún más la soledad de saltar al vacío de los imposibles. Las lágrimas se precipitan transparentes buscando un mejor acomodo en algún lugar, donde las preguntas no existan y las respuestas, sean perdón por no responder. La respiración entrecortada de ella declama una rendición entre suspiros de versos. Ya no puede más, las fuerzas abandonan a aquella que busca entre los espectros. El sudor en su frente fluye al alba con el relente de la mañana. La debilidad de sus pasos se ahoga con las voces del aparecido en la noche de insomnio. Regresa al lugar de donde se fue, arrastrando sus pies desnudos por el dolor y en las manos, sus zapatos de tacón, deslucidos por la infelicidad de no ganarle la carrera a aquel cuya ignominia se escribe en su mente.

4 Comentarios

  1. Dan ganas de, cuándo la tarde se va despidiendo, enroscarse en un rincón y ahí quietecito esperar a que llegue el alba. Buen relato, inquietante pero bueno.

    • Muchas gracias. Agazaparse de la noche a veces es una quimera. Saludos.

  2. Profundo y bello relato. Para releerlo, pensar y evadirse del rutinario día a día.
    Enhorabuena. No dejes de trabajar en tu novela. Estoy seguro de que será estupenda.
    Cuídate mucho.

    • Gracias, Fernando ya sabes que tu opinión es muy importante para mí. Abrazos.

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