El combate

blog, literario, la escribiente

El combate, relato

En una de las esquinas de este cuadrilátero que es, nuestra habitación, tú, deshojado de cualquier razón para quererte un poquito más, despojado de todo aquello que te pueda unir, aunque sea unos segundos a mí. De cara a la pared, pues mi presencia delata, en tus ojos, una lluvia que se desborda en tu pensamiento en un aguacero que arrastra el dolor por todo tu cuerpo. Sólo escuchar mi respiración, te ahoga más y más en un mar de sentimientos contrariados por la realidad.

En el extremo contrario, yo, cubierta de contradicciones tatuadas por toda mi piel, queriéndote explicar el porqué de todo. Mi pulso acelerado, se conmueve de contemplar tu desnudez diáfana que corta la respiración. De frente a tu espalda, procuro callar todas las improvisaciones que el presente ha vencido al pasado. Mis manos se agitan por asirse a la pared que se distancia de mí, huyendo como tú lo haces, por miedo a escuchar la verdad. El vértigo me acompaña en un vaivén de querer y no poder articular una sola palabra, esas que requiero declarar en defensa de mis actos. Aún así, me descubro ante ti, desnuda y pura en el níveo de un cuerpo que se estremece por verte así.

Nos acercamos al centro del ring, no precisamos de árbitro que sancione nuestras maneras descaradas de saltarnos el reglamento que nosotros mismos creamos e infringimos a nuestra voluntad. Una palabra mía seguida de mi mano derecha acercándose a ti, dan el primer golpe a la situación. Es el inicio de este combate que de antemano no tendrá ganador, sino dos que pierden lo que tuvieron. Aún así no desistimos de esta lucha de palabras que se precipitan asestando golpes donde nos más nos duele.

Tú, saltando sobre ti mismo, bailando sobre tus pies alrededor de mi figura estática por la melancolía del amor que te tuve, me asestas el primer derechazo de reproches. Duele, el golpe hace diana en el centro de mi corazón, cortando por unos segundos mi respiración y vaciando mi boca de todos los dientes con nombre de ti. Ese impacto va cargado de la rabia que te constriñe las venas, mis devaneos entre el trabajo y mi imaginación; horas de versos que olvidaron que compartía las noches contigo. Acepto el primer asalto, mas te respondo. Es y fue así, cierto no te lo niego, pero ¿quién puede acallar todas las palabras que corretean por mi cerebro queriendo salir a buscar el sol? ¿Cómo explicarte que ellas me devolvieron a la vida cuando caí en un oscuro abismo? Sí soy culpable de ello, quizás no supe compartirlas contigo, o quizás ¿no supiste escucharlas?

Yo no te engaño ni te miento cuando el silencio anida en nuestro colchón, tú te giras a la derecha y yo a la izquierda, y en medio un vacío que ya no sabemos llenarlo de más contenido que las lágrimas que cada uno derramamos. Tus lágrimas indelebles sólo mojan la parte que ocupas, como respuesta a ese malhumor que los días de rutina agudizan en el amor, que como quien no quiere la cosa, se va deshaciendo en una taza de café. Tus “te quiero” ya no suenan igual que antes, un eco grave y profundo califican tus sentimientos en un sufrir que se ahonda más en ti. Mi llanto, es más bien el resultado de esta impotencia de no poder llegar a ti. Ni siquiera los juegos de seducción entre balanceos de mi cuerpo sobre el tuyo ni esos “te amo” al borde de tu oído son suficientes para despertar de nuevo, todo lo que nos unía.

El primer asalto es tuyo, yo noqueada no sé utilizar estos guantes de culpa que pesan más que el Universo. Y solidificada en la tarima de este suelo que aún nos soporta, te miro fijamente a tus pupilas ensangrentadas por la ira de retenerme en tu mente. Te reto con ese acto a que golpees más con todas tus fuerzas, que escupas todo ese veneno que emponzoña todos tus sentimientos. Por fin, tu boca actúa, intuitivamente, una vez más me repites qué que te he hecho para que te condene a la ignominia de mi olvido. Vuelvo sobre mis pasos, los que llevo dando desde hace una eternidad para repetirte que esta afrenta es tu descuido, de no regar día a día, un jardín donde la maleza va creciendo pisoteando a los pensamientos que en desbandada huyen de tanta soledad.

No aciertas con la izquierda, y cae en picado a tu cintura donde se arrebujan todas las contradicciones que te pretenden. Me quieres en ti, mas tus ademanes demuestran cierto desdén que me desconciertan. La ilusión de compartir se reduce a un sofá que ha adoptado la forma de tu silueta. Allí nacen tus sueños y mueren los míos, enterrados por la apatía de tus proyectos, castillos de aire que se derrumban a mi primera inspiración. Y en la exhalación ya no queda más que la ruina en que nos hemos convertido.

No puedo más que dejar, que me reprendas con toda esa ira que enciende tu rostro en un fuego abrasando tus pestañas. Es mi forma de asentir que te entiendo; que sé que podía haber hecho más por salvar esto que un día tuvimos, un amor que nació de la pasión de los dedos y los deshechos de amores pasados. Te juro que lo he intentado, te he enviado mensajes encriptados en el espejo donde, escuálida me vencía a tu abandono. Te prometo que intento buscar argumentos que arañen un poco más lo que siento por ti. Desesperada, caigo en picado a un fondo sin suelo. La culpa se revela y me impide respirar, ahogándome más en un sinvivir. Mas, no puedo seguir así, tú tan lejos de mí, y yo tan cerca de otro.

Las dudas, es un púgil más entre nosotros. Sus puños de hierro golpean acerando nuestra estabilidad. La desconfianza se suma al combate, y entre todos encaramos un combate con la violencia de las palabras. Te tambaleas a cada sacudida de tus errores y yo caigo a la tarima, sin la inmunidad de justificar mi lealtad. La infidelidad se presenta saltándose las reglas establecidas entre los dos. Mas por dejadez que por necesidad, y es que te cuesta entender que, una declaración de amor no es una promesa que se deba incumplir. Que son dos y no uno, el que tira del carro, cuando la tristeza en uno precisa del consuelo del otro. Si la enfermedad aciaga aparece sin nombrar, en uno de nosotros, el otro cuida entre algodones lo que la sangre quiere derramar. Sin olvidar que el éxito de uno es el triunfo del otro.

Nos saltamos tantas normas, que aquí estamos, en medio de esta lucha. Tú por recuperar lo que otro te ha robado. Yo, por poner límites a todas mis equivocaciones; sin excusas a todo esto que siento: el amor que te tengo y la realidad que es, ahora, un adiós con perdón.

El combate concluye, ha sido punzante, nuestras almas se desgastan sin más razón que el dolor. Mi dolor de dejarte atrás, el amor de mi vida. Tu dolor, de no retener el amor que te hace inmensamente triste. Y ambos nos damos la espalda con los puños derrotados en la nostalgia de este adiós.

6 Comentarios

  1. certament el amor es un jardi que es rega cada dia. perque es una planta molt fragil i delicada. Escrius molt be, jo no en sabria tant ! M´encanta com tractes les emocions. Nomes puc felicitar-te !

  2. Un combate lleno de emociones. Hay ciertas horas del día donde leerte es hallar una respuesta. Gracias, Dolors

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