Martina vuelve a los inicios

Blog literario, la escribiente.

Martina vuelve a los inicios, relato

Vuelven los días de excesos para Martina; una vez más el desorden en su cabeza se impone a cualquier tipo de normalidad, en el invierno que se prolonga, en el mes de marzo. No encuentra la medida exacta para caminar por la cuerda floja que es su testa. El miedo de caer a la derecha donde la creación se asienta, le atemoriza, pues no conseguir la inspiración es un fracaso más, un punto rojo y negativo en su curriculum. Si sin querer toda ella se inclina a la izquierda, los fantasmas de todos esos pánicos que la dominan harán de ella, nuevamente una muñeca rota.

No sabe la manera de parar toda esa profusión de pensamientos que tienen vida propia, y que desde donde allí habitan, dominan los gestos y los actos de Martina. La angustia se abre paso, arrasando la calma que hasta este momento había disfrutado; Martina no entiende porque la ha tomado con ella, no halla explicaciones para tanta violencia en su cuerpo. Su respiración se corta en cada inspiración, la ansiedad aprieta el cuello, dejando sus marcas alrededor de él, recordándole quién es su dueña. Martina se tambalea en cada apnea, cayendo en un torrencial llanto que inunda sus ojos y su boca. Las lágrimas a veces son salinas y en otras ocasiones, indelebles. Se han hecho expertas en disimular su evidencia para camuflarse entre la gente. De esa manera, Martina, se desplaza entre ella dando tumbos, sin llamar la atención, sino fuera por su escueta figura. De nuevo, ha perdido el control sobre lo que su boca necesita masticar; ya no sabe si es noche o día; mañana o mediodía; el calendario ha decido hacer huelga indefinida para ella. Martina vuelve a olvidar que las palabras existen para comunicar todo aquello que se encierra en su mente, todo eso que le acongoja, todo lo que la mata de poco a poco. Martina arrincona por una vez más, cualquier acto que signifique cotidianidad, dormir es un imposible y abrir los ojos es un reto. Su estómago se revela, no permite que ni siquiera un grano de arroz le visite, y si no él, ya sabe la estrategia para echarlo de su territorio. Él decide, lejos de Martina que puede o no ser lo mejor para ella, mas es un timador que tan solo engaña la ingenuidad de una rea de sus decisiones. Así, Martina se niega por enésima vez a comer, y tantos días lleva, que cuando camina sus huesos señalan en que dirección se dirigen. Del sofá a la cama, sus pasos han aprendido que es una distancia demasiado larga para ser andada de golpe. Por eso, Martina debe agarrarse a la mesa, coger ese aire que le falta y darse impulso para caer en el colchón. Es allí, mientras mira como el techo se le echa encima y las paredes se la acercan amedrantando un mínimo ápice de sosiego; donde se refugia del mundo exterior. Intenta apartar con manotazos esos enemigos que amenazan con aplastarla; cree que consigue su propósito, pero no es más que una tregua que no tardará en ser eludida. En ese lapso, Martina dormita, entre sueños lúcidos de todo lo que le está sucediendo.

¿Qué le pasa a Martina? ¿Por qué, de nuevo, han vuelto todos sus monstruos? ¿Por qué a ella esta condena a perpetuidad?

Intenta buscar respuestas, retrocede a su pasado, a cada uno de sus actos; a cada una de sus actitudes, a cada palabra dicha más alta. o quizás, más baja que otra. Su mente se niega a responder a todas esas confusiones que se arremolinan en sus sienes, estrujando su frente en un dolor que se clava por momentos, más y más, como aguijones de avispas. Allí anidan con todo el veneno fermentando en desgracias propias y ajenas. Martina se sostiene la cabeza, tirándose de los cabellos, ásperos, hoscos y secos de tanto aguantar tristezas y lágrimas, un infinito de melancolías que no saben el porqué de su existir.

El sofá se amolda a su figura, en él Martina se esconde, se hace pequeña hasta coincidir con el cojín de colores mantra, el karma que no encuentra en sus pensamientos. El delirio de ser menos que nada, se convierte en un dibujo hecho añicos, en un papel de estraza donde envolver cada una de sus penas. Estas se cuartean por su piel, horadando sus inquietudes enquistadas en pústulas supurando el veneno de las avispas. Martina se revuelve con desesperación, sabe que ya no tiene el control de su cuerpo, de su razón. La orina se escurre entre sus piernas; la espuma se acerca a la comisura de los labios y la muerte le susurra que no le tiene compasión. Ella, en su desesperación por liberarse de todo lo que le rodea; de las voces que machaconamente hurgan en todas sus heridas; en la impaciencia de vomitar todo lo que ha comido con la convulsión de todos sus complejos; Martina revoletea con sus manos el aire buscando al demonio que vigila su infierno. A derecha e izquierda los aspavientos no se definen en nadie, más bien tropiezan con la soledad que hace ya. se instaló en el comedor, y que se extiende por su habitación.

Martina desorientada, gravita por el lugar con la levedad de sus pies, que no llegan a tocar el suelo, es tal la ligereza de su cuerpo que una pluma vence su equilibrio. A pesar de ello, la rabia se apodera de ella, sus venas se contraen con la ira de deshacerse de todo lo presente. Los manotazos van y vienen, arrastrando las flores secas y muertas que presiden la mesa. Las velas que en alguna ocasión iluminaban ilusiones añejas, se derriten nada más caer al terrazo, que con una mueca de hastío emborrona con la cera. Y de pared a pared, Martina zozobra en un océano de miedos y angustias; se hunde un poco más en el fango del fondo sin algas y corales, sin peces de corales que respiren por ella. Tan vulnerable y etérea se encuentra que la batalla contra los objetos la pierde. Se resisten a caer las fotografías, las que decoran su mueble con los momentos con más amor; los libros que por toda la estancia son presente, se niegan a desmoronarse como su dueña, en sus propias historias no vividas; ellos solo esperan ser leídos y comprendidos en sus claroscuros.

Y Martina cae de bruces sobre sus rodillas, la ansiedad se abre paso por la brecha abierta por ella misma de no perdonar sus fracasos y frustraciones. La angustia aniquila los ideales de perfecta y compuesta que es, y sin príncipe ni castillo, Martina se derrumba en la inconsciencia de no existir.

 

8 Comentarios

  1. Una vez más, me encantó. Me alegra sacar pequeños ratos para disfrutar de estas lecturas tan recomendables. ¡Comparto en Facebook!

    • Muchísimas gracias. Martina es un ser quebradizo que precisa de las musas para sostenerse derecha. Gracias en su nombre.

  2. Martina necesita pararse y tomar un poco de aire. Un besazo, reina.

    • Así es, está muy descontrolada. Debo hablar con ella. Un beso.

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