El amanecer

Blog literario, la escribiente

El amanecer, relato

Te veo marchar entre el sueño pegado en los párpados. El silencio de tus gestos acaricia mi madrugada, cansada de una noche de conversación y mucho amor entregado entre tu piel y mi piel. El sigilo de tu mirada, mientras atas los cordones de tus zapatos, a la vez que velas mi descanso recorre mi cuerpo deteniéndose en los latidos acompasados de mi corazón. Escuchas como te habla, y con cierta amargura en el entrecejo desvías tus ojos de ese sonido que te grita cuánto te quiero. Inspiro con la inquietud de que algo pasa, es una mera traducción en sueños de un adiós escrito en la pared, me agito con la pesadumbre apretando mi razón, y el miedo se acerca a mí en una convulsión de desespero. Mas, los efluvios del vino de la cena, y los fluidos de toda nuestra espontaneidad desgastados por toda la noche en nuestras manos y en los besos improvisados, me impiden abrir los ojos. Tú, sigues tu ritual de vestirte, con la calma que siempre te asiste. No deseas acelerar lo inevitable, te permites el tiempo suficiente para contemplar la desnudez de mis brazos; observas a contraluz el lunar de mi pecho derecho; el ombligo que expira las ganas de tenerte; el Monte de Venus talado de árboles, siempre he sido complaciente a tus gustos, y sé que prefieres el desierto al bosque, será porque te gustan los desafíos y los peligros, y explorar una nueva relación es una aventura de alto riesgo. Con delicadeza dejas tus pupilas descansar en mis pies pequeños; sus uñas rojas despiertan tus instintos de querer morder cada una de las falanges, con cautela de rozar tímidamente tus dientes. Un espasmo de satisfacción cruza tu columna vertebral, y un escalofrío te evoca que ya sólo soy un recuerdo. Mi desnudez te empieza a extrañar, no soy cuestión de una madrugada, mas cuando algo más que un escote y una minifalda se interpuso en tu pensamiento, aún más en tu corazón, el temor se asoma a tus ojos. Dejas de ser el expedicionario arriesgado que se aventura a la inseguridad de nuevos sentimientos, esa punzada que se genera en el estómago; nada de mariposas, mitos y leyendas para versar el amor, pero que en realidad es una inquietud que te golpea el vientre. Tú ese dolor nunca lo has experimentado, eres más de saltos de cama, y meses de romper rutinas, te ha descolocado.

Te abotonas la camisa con pausas en cada botón, pierdes el rastro del último, contemplando el silencio de mi sueño. Te preguntas que estaré soñando; nada más veo una sombra que se aleja, difuminado en el gris de la madrugada. Yo no respondo a tu pregunta, prefiero pensar que es producto del alcohol y las feromonas consumidas. Te ajustas el cinturón de tu pantalón, el último agujero es el destino, un vacío que indica el hueco de tristeza y mucha ausencia que está a la espera. No dejas de recorrer toda mi geografía con tu respiración, aceleras el ritmo de tus suspiros como último deseo, y me regalas tu dolor antes de que cierres la puerta. Repites en murmullos el imposible de este amor maduro. Yo sigo en mis sueños, presa de mis miedos, me siento perdida y aprieto los ojos. Tú coges tu chaqueta, el invierno ha invadido nuestro espacio, el frío nutre el momento de esa tristeza que luces ya en tu faz. Quiero despertar, mas la pesadez de las lágrimas que se acumulan en un manantial de belleza solitaria me impiden abrir los ojos. No quieres pronunciar eso que te obliga a marcharte, soy yo que en el duermevela te digo lo que te pasa: es amor. Escuchar esa palabra es un desespero y una congoja que te advierte el momento de la partida.

Entre las sábanas desordenadas y desbordadas por ritmo de los cuerpos en la última noche, anuncian la tempestad que azotará mis sentimientos. Desde la rabia a la tristeza, desde la nostalgia al desamor, desde la soledad al miedo; todo junto y alguna cosa más. Mi corazón queda a la vista de quien le ha dado una razón más para seguir avanzando en la vida. Tú no puedes evitar no fotografiarme con tu retina antes de cerrar la puerta.

Te veo caminar por calles y avenidas, aligerando el paso sin echar la vista atrás, sé que me dices adiós en cada paso sobre el asfalto y en los colores de los semáforos. Huyes de esto llamado amor.

Despierto, y ya sé que no estás, a pesar de ello, cuánto duele no tenerte, cuánto espacio ha quedado en mi corazón deshabitado sin ti, y en esta cama que aún mantiene el calor de tu presencia. Me agarro a él, mi última oportunidad de tenerte, mas se confunde con el frío de la habitación y se condensa en reproches y desilusión.

Hoy ya no es hoy, es un ayer sin más mañana, y yo me desplomo en la cama con tu memoria.

6 Comentarios

  1. Cuánto dolor siento en tus palabras, querida Dolors. Cada letra, cada coma, me transmiten un dolor que no se paga, un dolor perenne. Siempre me gusta leerte, aunque sea a última hora del día y corriendo. Nunca lo dejes, por favor

    • Muchas gracias, Sandra, cierto que hay algo de desamor y tristeza. Gracias, un beso.

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