Carta a un preso

Blog literario, la escribiente

Carta a un preso

Esta carta es extraña, a ti que eres un desconocido para mí, siento que sé más de ti que yo de mí misma. No sé si decirte buenos días o buenas noches, pues no sé cuando te entregarán esta misiva que no es más que un trocito de un corazón tan roto como tú mismo.

Sólo sé tu nombre, Manuel y él ya me dice que no puedes ser tan peligroso como los delitos de los que se te acusan. Manuel, el Dios que está entre nosotros, significas porque en ti la bondad existe, quizás no lo has descubierto o tal vez, las circunstancias, esas que somos, te han llevado por un camino que se retuerce en pedregales y mucho desierto. Pero una cosa te digo, Manuel, eres un alma como todas las demás. Por eso quiero que sepas un poquito de mí, para que en estos días donde todos aluden y claman la solidaridad, la generosidad y la benevolencia; yo quiero darte mi alma, lejos de esa superficialidad y convencionalismos nacidos al amparo de centro comerciales y marcas.

¿Quieres saber mi nombre? Dolors, me da igual si quieres decirme Dolores, aunque cuando era una adolescente me enfadaba mucho. Parece mentira, pero yo creo en la importancia del nombre, todos tenemos el que nos merecemos, por eso Manuel, sé que eres bueno más allá de lo que hayas hecho; para mí eso no es relevante. Lo significativo es que te estoy escribiendo, tú me ayudas con esta carta; sí me ayudas, aunque no lo creas. Puedo entender que es no disfrutar de la libertad; te preguntarás cómo es posible si yo estoy aquí fuera y no entre rejas. Sencillamente, se puede ser prisionero de muchas maneras y yo lo soy de mí misma; de mi mente. No pienses que estoy loca, ni mucho menos, no hace faltar ser una psicópata para ser rea de una misma.

Llevo más de treinta años en litigio diario, una continuidad de exigencias, como las normas que dicen que te has saltado; obligaciones que me impuse: ser la novia perfecta, la hija maravillosa, la mejor estudiante. Después la esposa única, la trabajadora inmejorable…. Y tanta perfección se resquebrajó como el hielo cuando se funde con el sol. Pequeñas gotas empezaron a escaparse de mi alma. Primero me mataba a hambre, después me saciaba en vómitos; las lágrimas eran la recompensa y la depresión mi condena.

Y ahora dime ¿no soy presa? ¿no estoy rota, como tú, en una celda? Mi nombre ya lo indica, Dolores, dolor en el amor; dolor de hija, dolor de madre… ¿Ves Manuel como tú me estás ayudando? Deberías estar feliz, satisfecho por que desde ahí, desde tu prisión me ofreces tu mano. Y eso significa que estás vivo, que no has roto el hilo que te conecta con la realidad. Porque yo soy real, de carne y hueso, una mujer madura con mucho dolor a sus espaldas, pero cada día abro mi alma igual que una ventana al fresco de la mañana, y me digo un poquito más, un empujón para escribir, para hablar, para cuidar de los míos.

No me venzo, he apostado por la vida, porque muerta ya estuve y ¿sabes, Manuel? La muerte es un vacío oscuro, donde el silencio se impone, los versos se tuercen en requiebros de dolor sangrando sufrimiento y culpa por todas sus silabas. Es una espiral donde caes sin ver su final, el frio se atesora de tus huesos y la sed se adueña de tu cerebro. La impotencia se agarra a tu cuello y el fracaso se desvanece en suspiros que se congelan en el último halito. Y la soledad te miente susurrándote que la eternidad te espera.

¿No es mayor pena vivir muerta? Por eso, Manuel estas letras son una porción de mí, un suspiro de libertad más allá de tu prisión; esta carta es el porqué para que te perdones; una salida a ese laberinto interior en el que vives. Sólo quiero darte un instante de esperanza que se perpetúe en tu vida, la furia de romper esa rutina que resistes cada día. Este mensaje no es acallar mi conciencia en el conformismo de una sociedad que solo apuesta por la hipocresía. Correspondo con tus circunstancias y mi mano te doy sin preguntas ni respuestas.

La casualidad me llevo hasta ti, el azar hizo todo lo demás y mi alma te ofrezco en la confianza de que tú le darás buen fin.

Para ti, un hombre que está entre nosotros, un beso.

Dolors.

12 Comentarios

  1. Querida amiga Dolors, me parece tan extremadamente bella esta carta, tan generosa!! qué no tengo palabras, solo me resta guardar silencio y que mis lágrimas,( tan espontáneas como el sentimiento que me embarga,) de pura emoción…humedezca mis mejillas y escriban tu nombre en mi cara.
    En la continuidad de tus exigencias encontrarás siempre mi apoyo y puede que, a mi lado y al de tantas personas que sienten por tí verdadero afecto encontremos la forma de derretir ese forjado de hierro con el que las rejas de cualquier cárcel nos detiene en la búsqueda de libertad.
    Te mando mi abrazo más especial.

    • Muchísimas gracias, lo sé de cierto mi querida África. Sólo deseo transmitir a quien me lea ya sea Manuel o cualquiera lo que encierro como una condena. Un beso y nos vemos pronto.

  2. Solo puedo decir una cosa, Dolors, pues, tu carta-relato (me dejó sin aliento y sin palabras); es cierto, tú tienes razón, no hay peor cárcel que la que se impone uno a sí mismo. Aunque tampoco hay peor batalla perdida que la de sentir en tus propias entrañas… que no existes, salvo para ti mismo. (Aunque la verdad sea otra, así es como la percibimos). Un abrazo enorme y no dejes de escribir nunca!!

    • Muchas gracias, Frank, todo es más fácil con vosotros. Buscaremos y encontraremos la libertad. Un beso.

  3. Desde luego que es peor vivir muerta aunque a veces somos nosotros mismos los que creamos esa atmósfera, querida Dolors. Te entiendo perfectamente y me ha encantado tu delicadeza al tratar este tema. Jamás me aburriré leyendo un escrito tuyo porque siempre acabo aprendido algo. Un beso y ánimo

  4. Una carta que muestra algo que ignoramos, no hay peor Cárcel Qué la miseria de ser prisionero en libertad.

    Insisto querida Dolors, la mente guarda cosas que desconocemos, entre ellas la fatídica ignorancia de nuestros propios padecimientos.

    Me encantó el relato.

    • Así es, Ruthy nos pone al límite esperando nuestras respuestas. Muchas gracias.

  5. De todos los relatos leídos en este blog, de los que más me han impresionado, con un personaje simbólico, pero tan real como la vida misma. En ocasiones, somos nuestros propios carceleros, bien por decisión propia o ajena. Todos llevamos algún desgarro en el corazón, pero no todo el mundo te entiende y te comprende. La capacidad que tienes, para mostrar aquello que te remueve por dentro como espinas punzantes, es digno de admiración, porque sabes qué pasa?, que vivimos actualmente en una sociedad, que lo que prima es ser abanderado de la felicidad, aunque sea ficticia, nadie quiere escuchar penas, sencillamente se alejan y eso mismo, nos hace un poco prisioneros de nuestros sentimientos.
    Sublime el relato y admiración por tu valentía

    • Hace tiempo renuncie al que dirán los demás. Comprendí que la que realmente se conoce en cuerpo y alma soy yo; que no debía ocultar lo que realmente soy, pues ya otros se habían encargado de tirarme tierra encima sin saber nada de mí. Así que decidí que para que otros hablen mentiras, explicaré yo mis verdades. Muchas gracias, Aurora por tus palabras.

  6. Espectacular, princesa. Eres fuerte y tienes talento, así que, ¡a seguir adelante!

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