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Diario de ciclos fértiles, poemas

«¿Qué fue de ese poema

que no pude atrapar

el que pasó rengueando

frente a mí

con las alitas rotas?»

POEMA de Claribel Alegría

 

¿Qué somos las mujeres?

¿Una matriz sin más?

 ¿Un cuerpo donde satisfacer los deseos de los hombres?

¿La madre que protege a sus hijos?

¿Un ser humano con pensamientos y decisiones independientes de otros?

Esther Pardo Herrero nos ofrece un diario en versos respondiendo a todas esas preguntas, un viaje por el proceso creativo desde la inspiración hasta la falta de ella; un viaje por el cuerpo de la mujer y sus cambios fisiológicos y hormonales, y como afectan en ella. A lo largo de los poemas de DIARIO DE CICLOS FÉRTILES, la poeta se autodescribe en diferentes etapas de la vida, desde el realismo y la cotidianidad. DIARIO DE CICLOS FÉRTILES es el circulo que cierre la autora en el momento de alumbramiento de sus hijas. La fertilidad entendida más allá del mero hecho de ser mujer; la mujer como el continente de esa matriz, raíz que nace en la Tierra para generar frutos que den significado al acto siempre generoso y muchas veces doloroso de gestar.

 Este poemario se divide en cuatro partes cuyo hilo conductor, ella misma, la mujer hastiada de la rutina ansiando nuevos horizontes; la poeta creando palabras conectadas por la emoción; la mujer desarraigada en búsqueda de raíces, seguridad y dignidad; la mujer gestante de hijos y madre protectora.

En la primera parte en Días Infértiles, Esther se autorretrata entre la rutina, la sencillez de la cotidianidad y la monotonía, y el deseo de romperla.

Autorretrato I

«Quise la vida simple

el amor simple

el colchón blando de la rutina

pero me desdigo.

 

Busco mi sonrisa

eso quizá sea todo».

Los poemas de esta parte van desde el deseo de creación poética en símil con la menstruación, esa sangre que busca la purificación alejada de los óvulos muertos, de la misma manera los poemas nacen de esa melancolía que nace en nuestras entrañas. Poemas que desgarran al lector al describir el roto de su persona al no poder olvidar el pasado por muy fragmentado que esté. Y es que en las mujeres, el pasado  se nos agarra del cuello y colgamos con él, caminando por pedregales o desiertos. Siempre hay alguien quién nos recuerda qué fuimos y sino nosotras mismas nos flagelamos con él.

Costumbres

«Partir

partirse

fragmentarse

vivir con grietas».

En ese camino hacia su propio encuentro denota el desarraigo, la desubicación, el estar fuera de contexto respecto de los demás, pues ser una inmigrante es muy duro. Recuerdos que se cuelan en todo aquello que observa, huele o evoca y que forma su geografía emocional.

Geografía

«Esa, mi geografía

forma un mapa de mi piel

en donde habita

el país de mi memoria».

Y en esa piel, en ese cuerpo de mujer la sangre que se nos escapa haciéndonos partícipe del dolor del cuerpo y por que no, ese período en el que decidimos ser fértiles o no. El poder de la mujer. Poemas como Imaginarios, Algunas sangres, Autorretrato II

En la segunda parte del poemario Días de sangre, la tristeza, la depresión, la añoranza se alían con la autora versando la paradoja de la realidad y la imaginación; la cordura con la demencia; la verdad y la mentira; la insatisfacción personal y, recurrente siempre, su patria alejada de ella, Colombia, dolor que le persigue sola o en compañía. El transitar por una ciudad imaginaria repleta de contradicciones y antítesis caracterizada por el vacío, la apatía, la fatiga, la realidad. Poemas como Fragmento I, Lugar de Nacimiento, Pregunta I, Fragmento III.

Ocurrencias

«Un cielo gris

captura mi ánimo

y hace densa la vista».

La poesía no es solo dolor y tristeza en Esther Pardo, y lo deja patente en Ovulación, la tercera parte del diario, cuando el erotismo hace su presencia en línea con esa añoranza que a lo largo del poemario va dejando como el reguero de sangre de esa, nuestra regla que se presenta cada veintiocho días, en Tierra Mojada. Si hasta ahora el hombre como tal no ha aparecido, es el momento de su aparición. Los versos de la poeta no describen al hombre dominante y que decide por la mujer, todo lo contrario, el desamor cubre sus ojos; la sensibilidad en sus manos y la vulnerabilidad en su carácter. Esos roles siempre prendidos en la mujer se trasladan de forma generosa al hombre.

 Así te vi.

«Sus manos buscan contacto.

Hace años que el agua no le rodea

pero tampoco halla tierra

que lo sostenga».

La ovulación para la mujer supone una alteración hormonal que fluctúa entre una euforia desmedida, Primavera y Mis Fronteras donde la esperanza y la ilusión se instala a pasar al desaliento y la frustración, Autorretrato IV. Es en este período es cuando las mujeres concebimos, de nuestro vientre crece la vida y se gestionan los poemas, tal como Esther versa en Orígenes hecha carne, hecha verbo. Es la línea continua que sigue la mujer menstruante, la mujer fértil, cuyo cuerpo es la Tierra donde germinan otras vidas. En todo este período el hombre no aparece como coadyuvante para esa tarea de fertilidad. Es la mujer la que decide cuando y cómo ser fértil. Obviando los papeles más machistas que siempre nos han adjudicado.

 Mas, el hombre sí es ese opuesto que se necesita para amar y sentirse amada, y la autora no se olvida ello en Pregunta II, Así te vi.

Concebir y sentir como la vida se mueve en tu interior es similar al proceso de desarrollar poesía desde la inspiración, ese repiqueteo en tu cerebro por salir en forma de versos. Y eso es precisamente lo que versa Esther en la cuarta parte del poemario, Gestación. La poesía nace beligerante desde las sombras, inspiración que lucha muchas veces con furia contra los fantasmas del pasado y todos esos muertos que muchas veces nos cuelgan, Arte Poética II, Poema, Arte Poética I,

Autorretrato V

«Tengo

intoxicación

de versos

Una extraña

urgencia

de convertirlo

todo

en poesía»

La gestación significa reconocer un nuevo cuerpo, examinar con todos los sentidos los cambios que se sufre durante el embarazo. Ese vientre que alberga otras vidas, dos y mujeres, goce de la poeta, estallido de alegría, Gestación Múltiple. Mas, estar preñada es mucho más, los cambios del cuerpo, la pesadez de cargar la barriga, la hinchazón de las piernas, un universo desconocido que inquieta a la gestante. Las dudas, la inmensidad del cuerpo, el miedo al dolor, la espera entre el desasosiego y la felicidad, al primer empujón; momentos en que dejas de ser persona para convertirte en esa hembra que desea acabar lo más antes posible. Esther Pardo describe en su lirismo sencillo, sin eufemismos toda esa etapa, el Embarazo, Espera del parto, Donde la cabeza se rinde. Proceso en el cual se paren nuevas vidas, nuevos sentimientos, alegría y miedo, inseguridad y desconfianza; protección y zozobra.

«Fluyo

sin resistirme

en una corriente eléctrica

expansiva

que me visita

en una intensidad punzante

y se desintegra

en un instante grato

de apacible descanso».

 Un diario es una bitácora de una etapa o varias de tu vida más íntima. Se escribe en él para distanciarse de según que circunstancias que nos han sucedido o, bien plasmar en letras todos esos sentimientos y hechos que de una manera u otra rubrican nuestra existencia. Esther Pardo utiliza este género literario para desarrollar su poesía, es en ella donde vuelca las mujeres que somos, alejada de los tópicos y los estereotipos sociales que representamos. El cuerpo de mujer que sufre los cambios que supone menstruar, ovular, gestar y parir. La mujer poeta que gesta y pare poemas rayando la realidad que la circunscribe como es el dolor, la melancolía en la evocación de tus raíces, las cicatrices que en miles de astillas la rompen; la búsqueda constante de ella misma alejada de la rutina. La poeta es la protagonista como no puede ser menos en un diario, la mujer desarraigada y la mujer que teje otras vidas. Y siempre abriéndose camino sola, alejada de todos, desde su interior emergen los versos, desde sus entrañas nacen otras vidas. Y es el desgarro, la depresión, la tristeza, la pesadez de la realidad, la magia, la felicidad, el pálpito de lograr otras vidas, la evolución en todo ese período lo que Esther Pardo construye en un paralelismo cuyo encuentro es ella misma, la mujer.

Poemas no excesivamente largos, excepto los de la última parte, pues cargar con una barriga, la responsabilidad de cuidar y proteger lo que nacen en ella, los empellones del último momento, la ansiedad de todo ese aparente caos hormonal requiere de poemas más extensos. En toda la obra, la poeta anota en autorretratos la evolución que sufre muy similar a los autorretratos de Claribel Alegría; muchos de los poemas de Esther Pardo siguen la estructura de los de la famosa poeta nicaragüense. Poemas libres, donde la intensidad, el intimismo y la intencionalidad de señalar que le está sucediendo en el cuerpo biológico de mujer; en la mujer alejada de sus raíces o bien, en la mujer poeta. Su lirismo se acerca a todos en un lenguaje cotidiano, sin conceptos superfluos ni adornos metafóricos de complejidad extrema. Y eso facilita la lectura a aquella persona que por primera vez se aproxima a la poesía. Los poemas de Esther Pardo, empatiza con todas las mujeres pues en ellos nos vemos reflejada desde el cuerpo a los sentimientos y, una pintura en versos para los hombres de lo qué somos las mujeres más allá de la dependencia de ellos.

Diario de ciclos fértiles es el reencuentro con la Naturaleza, con las raíces primigenias, con el cuerpo y con la poesía, ambas por separado, pero cogidas de la mano. La dualidad de la mujer biológica y la creadora, inspiradora de versos. Un salto al vacío sin saber que se encontrara en la caída, más su valentía la premia en el regocijo de la vida. Un precioso poemario ágil y con tanta realidad, que es necesario para entender a la mujer.

Gracias a Ediciones Paralelo por hacerme llegar este pequeño gran libro.

«Engullo la inmensidad.

Cruzo las puertas del abismo

y salto».   

 

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Esther Pardo Herrero, poeta

 

Enlaces:

Diario de ciclos fértiles, Ediciones Paralelo