Retrato en sepia

Blog literario, la escribiente

Retrato en sepia, autorretrato

Vuelvo a intentar leer todas esas palabras apropiadas, que me hagan ser feliz, y me doy cuenta qué soy una más de esas personas rotas por ella misma. Palabras que se multiplican atropelladas en mi frente compitiendo entre ellas, cual es la primera de ser certera describiendo esto que me oprime más y más mi razón. Este dolor que no duele sólo haciendo daño mi cuerpo, es desconsuelo de ya no saber leer las líneas que se escriben en cada conversación, cuando quién me quiere me pregunta —¿cómo estás?— y mi respuesta es perder la oportunidad de contestar. Y es que me cansa responder con el hálito del desconsuelo ahogando mi garganta. Desgastada de no saber que es la paz en un interior que arde en un mar de soledad, asfixiada por la angustia de no reconocerme en el cristalino de un amigo. Confundida de caminar entre las letras de cada canción que me recuerda que no soy quién quise ser.

Huyo de quién se acerca a darme una mano de bienvenida, es la vergüenza de cometer el error de escribir una letra que no encaja en el diálogo. Y no me mires, no te acerques que me siento menos que nada, un tachón en blanco que sin significado no se ve. Indeleble como la tinta que sin contenido de negro encripta incógnitas por despejar. Soy así, invisible ante los ojos del amor, rompí las normas establecidas y, condenada al desamor me arrullo en esta prisión que es la soledad, devastando los días en miradas ciegas al cielo que me recuerdan que ese no es mi lugar, es el averno, donde Cerbero me espera para darme los grilletes de mi pena. Y ardo, entre las lágrimas que crepitan en unos ojos ciegos, alejados de la realidad. La distancia entre todas las preguntas que me hago y las respuestas que busco se bifurcan en un precipicio aciago de oscuridad.  En ese espacio, la verdad de lo que está fuera se distorsiona en imágenes creadas entre libros aún no escritos y hojas en blanco esperando su ocasión.

Ya no dependo de mi misma, ni siquiera de nadie; ya soy azar de un universo de estrellas adjudicadas. Sometida al shibari  que me ata rasgando la piel, esclava de esta sinrazón de caminar sin destino, sin aceptar quien soy. Vago, un espectro de una conversación a otra, mientras las cuerdas laceran más cada trozo de epidermis que gotea sangre, dejando su rastro por donde quiera que voy. Se giran, cuando paso por el lado de cualquiera, son las ojeras negras acumuladas que espantan a quién me ve. Ellas hablan de mí, noches de insomnio entre la culpa y el sufrir; días sin pestañeos observando las telarañas que cuelgan de mi alma. Pasado imperfecto yuxtapuesto a este presente que indican la aberración en que me he convertido.

Un retrato en sepia ajado por el negativo de prejuicios y la dicotomía de querer y no poder; de saber y no resolver; de querer y despreciar los días en el transcurso de los años; de amar a quién me ama y execrar al olvido sus besos; de escribir versos con sentimiento y abrir las piernas con lo ebrio de la nostalgia; de hablar entre pausas y gritar con la rabia… Y así entre el frio que me envuelve en una manta de miedo congelo los días y se confunden las palabras, esas que se atropellan en mi frente arrugada por esta tristeza sometida a la incomprensión de no conocerme; a este rencor que me tengo; a esta muerte que siempre me acompaña.

8 Comentarios

  1. En primer lugar decirte que estás muy guapa en esa fotografía y, en cuanto a este relato/reflexión, comentar que yo me he sentido así muchas veces, especialmente cuando estoy mal y la tengo te pregunta cómo te encuentras, cuando lo que quieres es enterrar la cabeza bajo la manta y no respirar. Al final todo pasa, las situaciones cambian, por fortuna, la vida sigue, los años pasan, y nos vamos adaptando a lo que la vida nos depara. Un beso, guapa

    • Sí eso dicen, Sandra, espero que pase la verdad. Muchas gracias, Sandra. Un beso enorme.

  2. Es mejor conocer el amor y sufrirlo que no haber podido sentirlo nunca. Pero nada es comparable a la libertad que se siente una vez que recuperaste tu ser. Hermosa foto, querida Dolors, una mirada limpia y directa sin nada que la estorbe.

    • Muchas gracias, Blanca, en ello estoy, en recuperar la mujer que quiero ser.

  3. Primero, escuché decir que el huracán se avecinaba, pero debía llegar a mi destino. El tiempo se convirtió en mi enemigo, y la disyuntiva entre alcanzar mi meta y el peligro ante la gran tormenta me frenaron. En contra de mi voluntad hice una pausa… El desastre era inminente. Todo ante mis ojos se vino abajo, pero la mejor decisión fue la de quedarme, para después, continuar con mi camino, a salvo. Te quiero mucho, mi princesa Yaseve.

    • Sé que volverás a avanzar de nuevo y lograrás ese destino ansiado. Gracias, Roberto.

  4. Sabes? El dolor también pasará. Y el miedo y la incertidumbre, y la falta de seguridad en ti misma, y cuando pase, te darás cuenta de que siempre te has conocido, de que siempre te has querido, de que siempre te has aceptado y de que si no lo creías así, era porque los demás no veían en ti a la magnífica mujer que siempre has sido y que siempre serás. Un besazo cariñet.

    • Muchas Gracias, Nina espero que así sea, lo necesito.

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