Hoy más que nunca

Blog literario, la escribiente

Hoy más que nunca, pensamientos

Escucho a Lluis Llach decirme que «tinguis sort, que tinguem sort», hoy más que nunca necesito repetir y repetirme este deseo. Hoy, un día que debería levantarse con la luz de la felicidad a mi alrededor por las buenas cosas que me acompañan, que me hacen ser mejor persona. Un libro que después de muchos avatares y dificultades verá la luz en unos días; el orgullo de ser madre de una hija maravillosa que continuamente me ofrece su amor en sonrisas, besos y conversaciones; amigos que aún en la lejanía del espacio, desde la distancia están día sí y día también apoyándome en todas mis decisiones o, bien aconsejándome de la mejor manera; otros más cercanos, pocos pero los suficientes y necesarios que velan por mi bienestar y, una madre que sufre cada minuto por todas esas caídas que a cada vuelta de reloj arañan mis rodillas. Todo eso y más, hoy, sí hoy me harían muy feliz a pocas horas de creer que la madurez es un estado de gracia entre algunas arrugas y un corazón que palpita juventud.

Mas, esta mañana la felicidad de todo ello, las risas y las palabras han huido de mí cayéndose por la tubería que las conducen a las cloacas, entre desperdicios y restos de basura acumulada de personas anónimas que sólo viven buscando la felicidad. Chicles masticados por aburrimiento o, en la ansiedad del momento; colillas de aquellos que ven pasar el tiempo sin obtener respuestas a sus preguntas; restos de comidas de quiénes les sobran y, alimentan a aquellos otros que por cosas del destino no gozan más que de ello para vivir. Papeles arrugados y estrujados; pelos acumulados; condones usados; vendas que curan viejas o nuevas heridas; pañuelos de imitación en celulosa barata… y así, restos, basura que los humanos tiramos y nos desprendemos sin más; fotografías antiguas, muebles viejos, ropa que precisa de otra talla… Despojos e inmundicia de nosotros los hombres y mujeres que urgen desprenderse de aquello que les sobra. De la misma manera que renunciamos a manifestar opiniones, olvidadas en el cajón de la mesita; a elevar el tono por la contrariedad de los hechos que nos oprimen las venas o quizás abdicar de parte de nosotros mismos, pues a algunos las etiquetas cuelgan de tal manera como los grilletes de los galeros, condenados a perpetuidad.

Hoy he sentido la llamada de no callar lo que el insomnio me dictaba en pesadillas; dosis de incertidumbre agujereando mi razón. Goteo constante de zozobra erosionando mi corazón. Eclosión de ansiedad en falta de aire ahogando la vida en desasosiego. Así, así con este dolor que me aprieta el estómago, lo empequeñece hasta el límite de desaparecer en la nada, consumido por sus propias bacterias y por los desechos que contaminan la poca pureza que en él residía. Hoy, más que nunca mis entrañas se retuercen con la angustia y la desesperación de perder el control, de la sangre envenenada por la víbora de la incomprensión; veneno que circula por mis venas y arterias con todas sus impurezas para quebrar lo poco que queda de mí. En este instante, mientras golpeo con rabia las teclas del ordenador; mientras busco palabras exactas con el pesimismo de no encontrar las que se ajusten a esto que me golpea el cerebro; las que expresen en su justa medida la sangre que bulle en mi riñón o, aquellas que describan a la precisión, la impotencia y la frustración acumuladas en mis pequeñas manos.

Hoy más que nunca, mientras unos deciden por mí el destino de mi vida; mientras políticos del tres al cuarto rompen los sentimientos y las raíces que nacieron conmigo hace cuarenta y nueve años; mientras espero decisiones que antes de ser ya tomadas, sus efectos se han instalado ya en mis huesos; necesito, preciso, quiero dejar constancia que ya no queda sitio, lugar en mí para tanto quebranto.

Hoy más que nunca, el vacío es más hueco, las lágrimas han desaparecido pues se han agotado estos días de tanto llorar, aunque nadie lo ha sabido. He derramado tantas que se fundieron con el suelo abrillantando el granito de mi piso. Minutos, segundos, días, años de amores, afectos, amigos, conocidos… se han perdido. Tiempo tirado a la basura junto a mi trabajo, el esfuerzo de construir un ser provechoso y hermoso en sentimientos y emociones; las ganas de superar baches y barreras; el consuelo de un orgullo aún no ganado; versos y poemas acumulados en una cabeza que se aguanta en un filamento tensado o destensado según las circunstancias.

Hoy más que nunca, he perdido el equilibrio de esa funambulista en que me convertí con mis errores y decisiones; he caído al asfalto sin red ni arnés que sujete mi apesadumbrado cuerpo. Y todo ¿por qué? Por otros que se creen dueños de mi misma, acreedores que se cobran deudas nunca contraídas en ideologías y creencias que jamás firmé ante notario; pastores que dirigen a su rebaño al matadero sin saber que una oveja negra se revelará a su degüello  levantando la voz. Esos que se creen dioses mitificados por el poder del dinero, q que avalan su fortuna en votos sin más urnas que mentiras y verdades a medias, esos, que no saben mantener una conversación en la conciliación, todos ellos derechas e izquierdas; del norte o sur; del este o el oeste quiero que sepan que me han roto, que me asfixian, me intentan asesinar, matar con la alevosía de la nocturnidad y la demencia de sus ansías poder; mas, esta que escribe sin más lógica que el dolor que, en quebrantos y tarantos, brotan las palabras no callará, no morirá sin ofrecer resistencia, sin clamar que ellos expiarán su culpa en la Historia eterna.

Hoy más que nunca, cuando esta entrada debería felicitar un año más mi persona; cuando debería felicitar a todos esos enfermos mentales que me acompañan en el pensamiento, Día Mundial de la Salud Mental; cuando debería agradecer a todos mis compañeros escritores su colaboración; hoy más que nunca se ennegrece todo ello por las decisiones de unos cuantos que se consideran dueños de nosotros mismos.

Hoy más que nunca, yo no elijo mi destino.

8 Comentarios

  1. Comparto contigo tu sentimiento, tu malestar. Somos etiquetados por gente que no sabe lo que pensamos, lo que sentimos interiormente. Gente que solo ve el blanco y el negro y se olvidan de que existe el gris. No solo el gris; el gris en distintas tonalidades. Esa es o debería de ser la verdadera libertad. Permitir que cada uno pueda decir lo que piensa y no encasillarlo sin profundizar en la persona. Cuídate.

    • Gracias, Fernando. Así debería ser, pero se olvidan del mal que provocan porque ellos no lo sienten.

      • Estimada Dolors, todo lo que has sacado es bueno, esa afixia la has enviado de paseo por peteneras. Seguro que ahora sí te sientes libre de cargas. Un fuerte abrazo y cuídate mucho.

  2. Comprendo tu malestar que es el mismo que el de miles y miles de catalanes. Es muy frívolo lo que está sucediendo en esta sociedad en los últimos tiempos pero has hecho bien en expulsarlo de la mejor manera que sabes hacerlo: escribiendo. Es cierto que estos sentimientos tuyos no llegarán jamás a esa cúpula que decide por los demás pero al menos tienes el consuelo del desahogo. Un beso, amiga

    • Así es, necesitaba desahogarme, demasiada presión. Muchas gracias, Sandra, amiga.

  3. precios hem trenca l´anima imaginar tant sofriment! anims!

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