Blog literario, reseñas

Los Reflejos del Pecado, intimista, novela negra, amor

Donde nos llevó la imaginación,

donde con los ojos cerrados

se divisan infinitos campos.

donde se creó la primera luz

junto a la semilla de cielo azul

volveré a ese lugar donde nací.

De sol, espiga y deseo

son sus manos en mi pelo,

de nieve, huracán y abismos,

el sitio de mi recreo.

Viento que a su murmullo parece hablar

mueve el mundo con gracia, la ves bailar

y con él, el escenario de mi hogar.

Mar, bandeja de plata, mar infernal

es su temperamento natural,

poco o nada cuesta ser uno más.

De sol, espiga y deseo…

Silencio, brisa y cordura

dan aliento a mi locura,

hay nieve, hay fuego, hay deseo,

ahí donde me recreo.

‘EL SITIO DE MI RECREO’ de Antonio Vega

Leer además de enseñarte conocimientos, vocabulario, ortografía, motivan e incitan a la reflexión, entretiene… Además de todo ello te evoca, te rememora recuerdos cercanos a tu vida, se acerca a un tiempo vivido o tal vez, como en este caso me trae a la memoria bandas sonoras que definen una época.

Cuando empecé a leer Los Reflejos del Pecado de Fernando Folla, una canción que atesoro en mi baúl de los recuerdos recordé, El sitio de mi recreo de Antonio Vega. Quizás por el tiempo en que se sitúa, la década de los 80, quizás por su temática, tal vez por sus personajes victimas de sí mismos y sus circunstancias, o posiblemente por esa tristeza y compasión que transmite Antonio Vega en sus canciones como Miguel y Martín los protagonistas de este libro. Personalmente no ha sido fácil leer este libro, siempre digo que mi estado de ánimo influye muchísimo en mis lecturas. Seguramente por mi bajo estado contemplar las escenas que se describen me ha resultado más duro de lo que creía y posiblemente porque me recordó conocidos y vecinos de mi barrio de juventud que sucumbieron de una u otra manera a ese tiempo.

Si tuviese que definir los años 80 además de la Movida Madrileña que supuso una revolución musical y cultural de una juventud insatisfecha y con ganas de abrirse al mundo después de cuarenta años de dictadura; fueron años en que las conversaciones de muchas familias sobre todo en las ciudades era fulanito lo han encontrado muerto con una jeringuilla en las venas. O, menganito ha robado a su madre para comprar drogas y, aún más «da asco pasear por el parque con los niños, todo lleno de jeringuillas y gomas». Y lo peor de todo, cuando los vecinos de turno se giraban cuchicheando al paso de un yonqui u homosexual devastado en su cuerpo por las drogas o el SIDA, comentando «da pena verlo, no te acerques que te contagia».

Fueron años duros donde la heroína y otras drogas duras acamparon a su voluntad, cuyas consecuencias se extendieron no sólo a sus consumidores sino a familias destrozadas por ellas. Una generación de jóvenes se quedó por el camino, muchos murieron, muchos otros acabaron en la cárcel y los pocos la superaron.

Fernando Folla nos presenta la historia de Miguel, un joven arquitecto y triunfador, supo dejar su pueblo e instalarse en la ciudad, estudiar y encontrar un trabajo que le cubre todas sus necesidades y más; una novia, siempre Ella, el deseo de cualquier hombre. Pero Miguel empieza a necesitar beber; el alcohol le conduce a los porros y canutos, y su necesidad aumenta de tal manera que su relación afectiva se ve afectada y se rompe. Ante tal descalabro emocional, Miguel precisa más el alcohol y algo más fuerte que los porros: la cocaína.

«La atracción de lo prohibido estaba muy bien y excitaba, pero para alguien como yo, ese viaje al lado prohibido debía de ser con los pies levitando unos centímetros por encima del suelo»

En una salida nocturna en busca de fiesta y colocarse, Miguel conocerá a una serie de personajes que escribirán su futuro. Un lugar y unas personas que cambiarán su destino. Martín, Noelia, un sádico homosexualLa casa abandonada.

El reencuentro con Martin un amigo de juventud y de instituto en aquellas circunstancias será el principio de una nueva vida de verdades, secretos, drogas y siempre, siempre amistad. Miguel acoge a Martin en su casa, herencia de su abuela, y retoman una amistad que el destino de cada uno había separado. Miguel abocado a la depresión y la nostalgia constante del amor perdido, necesita colocarse para olvidar a Ella aunque lo que consigue es todo lo contrario. Martín, homosexual, heroinómano y con el “cáncer rosa” necesita dar sentido a su vida antes de que pueda finalizar.

«Este cambio en mi vida confirmaba, que lo irracional lo era menos, cuando la soledad de uno mismo, estaba acompañado por la cálida presencia de otro ser distinto pero capaz de estar presente en los mismos lugares y puntos compartidos de una trasnochada y fronteriza locura»

Ambos se acompañan no solo para colocarse sino para superar la situación que los está destruyendo: las drogas. Por que una cosa lleva otra, Miguel ya no se conforma con los porros y la coca, caer en las redes de la heroína es un paso que da por tenerla cerca. Cuando ambos caen en el abismo total, cuando descubren que el vacío de su interior no se llena con las drogas, cuando el rechazo aumenta a cada paso, cuando la frustración y el fracaso de sus vidas se manifiestan en pinchazos por el cuerpo, en maltrato continuado; cuando el fantasma del SIDA se invita a la fiesta; cuando el sexo no tiene contenido sino cuerpos urgiendo saciar deseos… Cuando todo ello toca el fondo de ellos, es el momento que deciden empezar de nuevo, darse la oportunidad de vivir, sentir, reír, conversar, amar, olvidar, curar y sanar todas esas heridas abiertas en la piel y en la mente a base de jeringuillas, sadomasoquismo y alcohol.

El vínculo entre ambos es tan importante que cada uno ayuda al otro a salvar la vida y reencontrarse en la muerte. Conversaciones entre la lucidez y lo onírico propio del estado de embriaguez y alucinaciones. Diálogos de amigos, confesiones de secretos de familia, violaciones, maltratos, segregación y rechazo por la homosexualidad; fobías con un denominador común: la insatisfacción. El nexo de unión entre ellos es la búsqueda del amor. El amor de Martín por su novio maltratador; el amor de Miguel por Ella. El amor y la amistad entre Miguel y Martín.

Otros personajes se suman a los protagonistas: Noelia, la prostituta y yonqui hermética como una papelina; Raquel, la madurez con su ternura y la superación de sí misma, Antonio, Juan y otros. Historias cruzadas con las de los protagonistas para crear una sola.

Fernando Folla es capaz de transmitir las sensaciones de un drogadicto desde el pinchazo hasta el viaje por su universo de alucinaciones. Logra con un lenguaje de la calle y cheli ponernos en la escena del momento, ver y sentir la decrepitud, la marginalidad, la suciedad del gueto en que conviven los personajes. Atraviesa la conciencia ante el rechazo contra enfermos como son los drogadictos. Nos pone sobre la mesa la homofobia; el maltrato a la mujer y al mismo hombre; la prostitución; el repudio a los enfermos de SIDA. Pero más allá, Fernando consigue momentos de intensa poesía, de mucha reflexión con metáforas bellas y líricas.

«Los colores eran más vivos, aunque su percepción fuese lejana y difusa. Los sonidos más nítidos pero menos transparentes a la conexión con el oído. Las cosas se volvían reales dentro de un mundo onírico y lleno de fantasías imposibles»

Los Reflejos del Pasado es un laberinto de la vida, un cruce de caminos en la búsqueda de la verdad de uno mismo, la aceptación de nuestras habilidades y capacidades; el amor al prójimo y el bienestar. Una historia que más allá de la cruda realidad de un submundo de drogas, prostitución y violencia; más allá de la Enfermedad y el SIDA; del sexo y la marginación; del crimen y las mentiras; los celos y el maltrato, de los secretos de familia, es un canto a la amistad verdadera, a la superación de las circunstancias y la oportunidad de ser dueños de nuestro propio destino. Su autor desde la inseguridad y las dudas de la juventud de los protagonistas, desde su estigmatización y desde su soledad consigue en un círculo cerrado que la historia de cada uno, converjan en un solo punto logrando un final que el lector no podrá descubrir hasta el final. Un libro intimista y duro a la vez que esperanzador. Recomendable para mayores de 18 años y aquellos que quieran sentir una realidad más cercana de lo que creemos. Y aunque el pasado siempre está presente con sus consecuencias, superarlas es nuestro objetivo.

«A veces el destino nos hace diferentes porque ésa es la única manera en la que podemos ser creados, para con nuestras habilidades y recursos, adaptarnos al medio y así podré sobrevivir»

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Fernando Folla Méndez, escritor

Enlaces:

Amazon Los Reflejos del Pecado

@folla_fernando

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