Lo absurdo del amor

Lo absurdo del amor, relato, pensamientos

Salvar la vida se ha convertido en los últimos tiempos en una fantasía. Una ilusión que se escapa de todos esos huecos que respiran aire y, en pequeños suspiros que reconvierten un cuerpo enajenado de sueños en una diminuta obra de arte exhibida al imposible de continuar viviendo. Una grieta se ha abierto en la almohada donde reposa una cabellera deslucida y quebradiza por la incontinencia de pensar lo absurdo del amor. La brecha se agranda de tal manera, que ahonda mi cabeza en un abismo de oscuridad tan profunda y negra que la ausencia de él, no es más que un contorno de esperanzas disipadas en humo de cigarrillos. Conforme mi razón se hunde más y más en ese agujero de imperfecciones contraídas en la obediencia de recitar de carrerilla, los mandamientos de una sociedad consumista, él, ese ser invisible, creado a mi manera y semejanza, se escapa de mi lado dándome la espalda.

Se ha cansado, se ha aburrido.

 Esperar en la penumbra de un sillón ha sido para él, una costumbre, que la rutina se ha tragado con la gula de vomitar los minutos y los segundos abandonados a su suerte. El hastío de coleccionar monosílabos y demostrativos sin fundamento, han hecho mella en la voluntad de continuar a mi lado. Lo mecánico de mi gesto de buenas noches en un beso liviano sobre sus labios, mustios de primaveras florecidas por el amor; mi vicio de iniciar el día en la obsesión del orden y la limpieza; la clandestinidad de mi dieta restringida en grasas y proteínas; las canas que se disimulan en mechas doradas de tinte de peluquería; la melancolía de unos ojos que se atrincheran en una nebulosa de imágenes inventadas al amparo de mi razón; la sensibilidad de escribir la vida en versos de poeta; las disculpas de todas las incongruencias que entre sueños, relato como si de una novela escribiese; la incomprensión de un mundo abocado a maldecir la luminosidad de las buenas ideas; la extrañeza de querer el silencio del eco del viento al ruido de pasos y tacones; todo eso y más han completado su álbum de paciencia.

Ni un adiós, ni un hasta luego, nada más que el cierre de la puerta de entrada a un hogar denostado por la soledad, se escucha. Sus pasos, firmes y convencidos que no hay más vuelta de hoja ni segundas oportunidades, que no se convencerá ante mis súplicas y, menos aún que no se dejará coartar por mis lágrimas de desesperación; se alejan por una escalera que desciende a pie de la calle, a la realidad de una ciudad de prisas y gentes que no se entretienen en observar el detalle de una puesta de sol o, de leer entre líneas los versos de Neruda. Quizás entre aceras y, la vorágine de gritos adoctrinados en la escuela de salvar la vida en el horario de normas y destinos ya escritos; encuentre los besos dulces y salados, que yo no supe darle; las caricias lo suficientemente excitantes que levanten su libido alejadas de las mías, extenuadas de introversión. Quizás, en la selva de semáforos, entre coches y motos; trenes y metro; taxis y autobuses olvidará la intrascendencia de mi desnudez. Es posible, que entre minifaldas y tacones; entre modelos de revista e imitaciones, tropiece con aquella que no le recuerde la nieve de mi piel y el helor de mis huesos, consiguiendo saborear la sal de la vida.

Entre tanto, se solidifica el silencio en mi techo con una capa de cemento que aumenta en proporción a las horas corroídas a esta desesperación de no haberle convencido de su error. Me vence la culpa, mientras mi colchón rechina con el óxido de su poco uso, desengrasado de aceites de envites y enmohecido por la humedad de lágrimas sin sacudidas ni palabras de amor.

Ya no cabe el arrepentimiento de aquello que, por omisión, se me escapó de las manos. No es necesario, que masculle en voz alta lo complicado del amor; colapso en apneas ahogando mi frustración en una retahíla de pensamientos condensados en una sola conclusión. La ansiedad que siempre me ha acompañado, también se ha marchado, para dar paso a esta monótona apatía afincada en mi cabeza. Y, aún así, quisiera ver por un agujero en la pared que me distancia del ayer y el hoy, los movimientos de él ascendiendo por la calle alejado de mi nostalgia y melancolía. Quisiera escuchar su saludo de buenos días con el grave de su firmeza; quisiera reír con sus ocurrencias de pretender ser alegre cuando la inseguridad de no saber quién es, se adueña de sus venas. A pesar de ello, me repito sin parar, su cobardía de no luchar por mí; de no salvarme de mí misma; de rendirse ante la palidez de mi inconsciencia; de doblegarse a la voluntad de lo cotidiano, sin pelear por la espontaneidad de mis delirios.

Atrapada en el desamor, entre paredes que no resisten pinturas de colores, donde los desconchones de lo antiguo no deja paso a lo moderno; deambulo levitando entre las ojeras de mi rostro y las arrugas de mi entrecejo, huraño y huidizo de no encontrar su lugar entre lo terso y brillante de la juventud. Y así, añorando las muecas de sus manos ahondando en mis entrañas; extrañando sus reproches en acercamientos de saltos de cama; recordando la incomunicación de hablar idiomas diferentes entre besos carentes de normas lingüísticas; consuelo las horas, olvidando rencores. Subiendo y bajando de esta montaña rusa que es mi forma de ser, emociones que no encuentran límite en el sentido común y sentimientos que fulminan por su incandescencia la razón; contemplo el sinsentido de este final.

Mientras mi cerebro insiste en cuánto lo echo de menos.

8 Comentarios

  1. Yo no supe nada, solo entregarme al desprecio y a la indiferencia de un amor irreversible.

    Muy bueno.

    • Hay maneras y maneras de reaccionar. Ni mejor ni peor. Un beso, Máximo.

  2. Melancólicas confidencias. El amor a veces va acompañado de desamor. Es su compañero inseparable. Os dejo unos versos que escribí hace bastante tiempo. Cuídate mucho.

    Las caras del amor

    Rosales que enseñáis vuestra belleza
    Por ello: ¿Carecéis tal vez de espinas?…
    Divino amor, a pesar de tu pureza,
    el alma y corazones, ¿no lastimas?…

    A veces nos inundas de alegría
    sintiéndonos estar cerca del cielo
    mas luego al acabar tu fantasía,
    dolidos quedamos en negro duelo.

    Amor, que desamor también ofreces
    rociando de veneno nuestras venas
    y llenas de esperanzas tantas veces
    sabiéndote la peor de las condenas.

    Amor, no te alejes de mi lado
    a pesar de infligir este tormento
    no dejes a mi corazón helado
    ni apartes tu veneno de mi aliento.

    • Gracias, Fernando y que siempre reine el amor en nuestras vidas. Saludos.

  3. Síntomas evidentes de desamor. ¿Quién no ha sufrido de eso en alguna etapa de su vida? Es doloroso y por momentos te sientes impotente pero al final no deja de ser un aprendizaje más en la vida. Pasamos el tiempo aprendiendo de nuestros errores y de los ajenos. Solo espero que algún día puedas ser feliz plenamente.

    • Muchas gracias, Sandra, el desamor es el final de algo hermoso. Y todo lo bueno que acaba, duele. Un beso.

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