Un atardecer

Blog literario, la escribiente

El atardecer, pensamientos

Se adormece la tarde con miedo en su ocaso, se oculta tras la montaña entre la duda, de saber si mañana en su nuevo amanecer, iluminará con la suficiente intensidad de guiar mis pasos. Camino por este sendero, las piedras lo habitan con la soledad de no sentir los pies de caminantes que en otras épocas transitaban buscando amores; pastoreando rebaños; huyendo de una guerra, escapando de un amo maltratador o sólo contemplando la belleza de los verdes de la primavera, los amarillos del verano, los ocres del otoño y el blanco del invierno. Fijo mi mirada en el sol de media tarde, en el escalofrío de la oscuridad que asoma entre las copas de los árboles calándome hasta los huesos.

Esta tarde he necesitado respirar de nuevo. Inhalar la ligereza del aire, lo liviano del otoño rozando con trazos de frío y una tenue lluvia empapando mi cuerpo en el verde del prado, mientras las vacas pacen y, una alfombra de hojarasca crepita caducidad. He cerrado todas las puertas de acceso a mi intimidad, la de casa, la de mi portátil y por supuesto, la de mi móvil. Con tres vueltas de llave he abandonado todo aquello que discute con mi pensamiento. En la improvisación del momento, me he calzado mis bambas, un forro polar para mitigar el atardecer y tan sólo, conmigo misma, he salido buscando respuestas.

Días convulsos anteceden a esta tarde, las discusiones laten en cada rincón de mí misma. Discutir con mis kilos de más, cierta grasa se acumula en mi abdomen, la suficiente para no discurrir en la llanura, las manos de un amor. Cuando se deslizan tropiezan con arrugas plegando mi ombligo. Ya no luce terso ni puro como el recién nacido, sin dudas ni preguntas; ahora rebate todo: las asperezas de los dedos y la saliva que dejan los besos no deseados; la inquietud de no ver lo que Venus proyecta. Y la adicción que tengo al amor.

Los días que preceden se han convertido en batallas por ganar. La tristeza se subleva observando un tiempo que no corresponde a mi corazón. Los años se acumulan subastando recuerdos que en su momento valían su peso en oro y que, hoy no cuestan más que el olvido. Retrato en blanco y negro de un casamiento, otro en sepia de un viaje por las Islas Griegas; el azabache de la infidelidad… Nada más me queda el arco iris de ser madre atesorado en una caja de seguridad, fotografía que encierra toda una vida custodiada por las estrellas y sin más clave que el amor.

Amor, amor, palabra cuya magia entraña el níveo de los buenos sentimientos y el sombrío de la deslealtad. Nunca he podido desprenderme de ella. A días se disfraza de brisa para sanar las mismas heridas que ella me ha cometido. No siempre muestra su mejor cara y, con poco tacto me interpela pidiéndome cuentas de todas mis conquistas. No son muchas, en realidad, las suficientes y necesarias para comprender que mi declive es culpa mía, sólo mía. La complejidad de mi carácter renace de toda la confusión que las palabras de unos y los hechos de otros reviven en mí. La confianza que deposito en los argumentos de los que amo me subyaga en muchas lágrimas cuando aquello pone su punto y final.

El sol se va poniendo con cierta nostalgia, su luminosidad se apacigua con la penumbra de la luna suplicando su lugar. Igual que los huecos de mi alma, nostalgia de victorias nunca logradas en la quimera de amores soñados, utópicos y místicos. Aquel que se cruzaba en una máquina de café o, el ángel que me protegía desde el reflejo del espejo. Siempre el amor buscando refugio en mi piel; amor insano cuando la toxicidad de la posesión destruye la lealtad; amor desagradecido de enseñanzas sobre la vida de aquel que confundió desear por amar. El amor de niños jugando a ser médicos y descubriendo que no todo es carne ni hueso, que existen huecos y vacíos que toleran ser rellenados por emociones y sentidos.

Noto la libertad que se explaya en las estrellas que nacen cada nuevo atardecer, esperando dormir eternamente en la noche. El campo abierto, el bosque sin límites, el cielo anaranjado, el aire que se expande, la lagartija que zigzaga, el gato que maúlla y la sombra de mi existencia. Todo ello se graba en mis pupilas para no olvidar que los años, la adiposidad, las arrugas y el blanco entre mis mechas no son más que accidentes en mi cuerpo, enervado por sentimientos de miedo, de tristeza, de pesadumbre y de inquietudes. Entender que la muerte siempre está presente, me acompaña. Sus brazos me acaparan cada noche cuando me arrincono entre mis sábanas, el momento en que la soledad impone su dictadura y en su despotismo intenta acallar  lo anárquico de mi demencia. La inconsciencia de no saber quién soy, perdida en una bruma nunca disipada de falsas esperanzas, distorsiones concebidas en espejos cóncavos y convexos cuyo ánimo es inducirme a la desazón. La obsesión de disculpar hasta el aliento que exhalo culpándome de las palabras de otros y los hechos provocados de mis errores. Brotes y fobias producto de un gen malintencionado que me acompaña donde quiera que vaya.

El ocaso se ha hecho noche, el impasible de la frialdad de un otoño que se anuncia combativo y conmocionado por sismos que derrumban estados, huracanes que arrastran paisajes y personas; guerras anunciadas entre poderosos de imperios vencidos por un arma nuclear; contradicciones y paradojas de identidades nunca reconocidas y, libertades coaccionadas por la intolerancia de unos y la desobediencia de otros; todo ello y mucho más se resguarda bajo mi epidermis lanzando señales de eclosión con esta melancolía dueña de mí misma.

El amor prendido de mis manos; la libertad conseguida a base de trabajar la añoranza y extrañar a quién más necesito; la confianza cuya consigna es creer en los demás. El miedo y la muerte que vienen de paseo cada día temiendo que encuentre mejor compañía. La soledad de mis versos y esa extraña forma de entender la vida. Todo y nada, pesan cada vuelta de reloj mientras mezo mi cabello en la madurez de los días.

El anochecer me vence y es el momento de regresar entre mis libros sin final escrito; mi hoja en blanco donde anoto palabras que me encuentro; la música inspiradora de poemas aún por escribir y tú, el Romeo imperfecto, un sueño que evoco cada noche con la respuesta de saber que ni siquiera te has fijado en mí.

Vuelvo sobre mis pasos por el sendero, la lagartija, el manto de hojas, el prado y las vacas con su calma; el bosque encendiendo el cielo y el gato que se arremolina a mis pies, todo y nada me acompañan hasta mi hogar.

8 Comentarios

  1. Dolors, además de gran escritora y poeta(me gusta más que poetisa) es una filósofa de la vida, de la vida de todos, de esos pequeños grandes momentos que conforman nuestra existencia, nuestros miedos, nuestros anhelos, la necesidad de que nos quieran y la decepción del desamor, en definitiva la vida del ser humano. Gran observadora, contando sentimientos, cuenta estaciones y tantas cosas. Entonces te dan ganas de decir, sigue… Ella, Dolors López lo plasma como nadie.

    • Hoy ha sido algo más personal, más mi yo, mi momento, mis miedos, mi soledad. En esencia me siento otoño. Mil gracias, Pino. Un beso.

  2. Querida amiga y gran poeta

    Tus versos son como lágrimas que salen del corazón. Cuando mil luchas internas aparezcan en ti, no las combatas, deja fluir los pensamientos negativos como un río que escuchas de fondo, pero cuya agua no puede mojarte. Ya que tú puedes controlar lo que sucede dentro de ti por la fuerza del amor de tu ser. Mira el cielo, el amanecer y siente que así es tu interior, que como una energía renovadora puede llegar a ser. Porque no solo hay miedo y tristeza formándose y emergiendo de ti, tus palabras transmiten tu sensibilidad y bondad, se ven salir. Aférrate a estos últimos sentimientos como tabla salvadora y serás de tu vida su sanadora. Mi cariño en un abrazo. Megabesazos mil.

    • Muchas gracias, Mariola, por tus palabras. Gracias, gracias.

  3. Prosa poética otoñal. Decía Antonio Machado que se canta lo que se pierde. Añadiría yo que también se canta lo que se quiere vivir. Es bello, aunque a veces melancólico, recordar el pasado y esperanzador anhelar el futuro. Cuídate.

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