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El Club de la Gente Feliz, autoayuda,, historia de segundas oportunidades

«No puedo darte soluciones

para todos los problemas de la vida,

ni tengo respuestas para tus dudas o temores,

pero puedo escucharte y buscarlas junto a ti.

 

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.

Pero cuando me necesites, estaré allí.

 

No puedo evitar que tropieces.

Solamente puedo ofrecerte mi mano

para que te sujetes y no caigas.

 

Tus alegrías, tu triunfo y tus éxitos no son míos.

Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

 

No juzgo las decisiones que tomas en la vida.

Me limito a apoyarte,

a estimularte y a ayudarte si me lo pides.

 

No puedo impedir que te alejes de mí.

Pero si puedo desearte lo mejor

y esperar a que vuelvas.

 

No puedo trazarte límites

dentro de los cuales debas actuar,

pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

 

No puedo evitar tus sufrimientos

cuando alguna pena te parte el corazón,

pero puedo llorar contigo

y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

 

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser.

Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo».

Carta a un amigo -Jorge Luis Borges

Pocas veces acabas un libro con la sensación de haber pasado una tarde de otoño, tomando un café con el amigo de toda la vida. Esta, es la primera sensación que he tenido cuando he finalizado El Club de la Gente Feliz de Cristina Jimena. Un inciso: siempre digo y he dicho que el orden de mis lecturas depende mucho de mi estado emocional; mis necesidades más latentes de dar respuesta a mi momento y, en otras ocasiones voy a mi biblioteca virtual de lecturas pendientes, y siento que un libro me reclama con sus ojos algo llorosos que le lea. No miento cuando cuento esto, así el orden de mis lecturas, y por ello, este libro llevaba tiempo en la repisa de mi librería virtual esperando su momento. Y, añado, la paciencia es una virtud que en tiempos de prisas se debe cultivar. Hecha mi nota aclaratoria, continuo.

Cristina Jimena, la autora de esta sencilla y, a la vez conmovedora historia nos invita a reflexionar sobre el sentido y el valor de la vida en nuestro mundo occidental y de desarrollo ¿económico?, en el que el éxito y la fortuna dineraria define a los individuos. Una sociedad que vive más de cara a un escaparate, donde su diseño estético cobra más valor que el contenido de lo que expone. Un mundo de estrés y rapidez; superficialidad y redes sociales; de imágenes creadas con alta tecnología olvidando que la paz interior se logra de, no tener deudas emocionales con uno mismo y con los demás; la calma llega en la contemplación de los detalles que nos rodea y, que la amistad, muy devaluada en nuestros tiempos, nace: del contacto cara a cara, de la mano tendida al prójimo, nuestros verdaderos amigos, de saber escuchar para responder…

La escritora nos hace reflexionar a través de la voz de su protagonista, Oliver alemán de 52 años, sobre esas frases estereotipadas que repetimos incesantemente, «llegar a nuestra meta», «haber cumplido», «es demasiado tarde». Oliver desde la cima del monte Geisalphorn, observa el paisaje deteniéndose en los detalles y echando la vista atrás sobre su vida, y sus amigos de infancia, de estudios; sus logros y sus fracasos; la insatisfacción del éxito, el miedo al riesgo «el futuro asegurado: un plan de pensiones, un piso propio; unos ahorros en el banco…»; la soledad como concepto que define nuestra sociedad por mucho más, que ocupemos el tiempo en trabajo, viajes, gente.

Oliver concluye: «Mientras no haya cumplido, no será demasiado tarde para mí. Mientras pueda andar, no quiero llegar». Él que ha vivido hasta su madurez con el punto de mira de obtener el éxito, acaudalar una fortuna, un matrimonio perfecto y ser el mejor asesor de empresas; aparcará todo ello cuando el destino le pone al límite de todo y le muestra el valor de sentirse aburrido, decepcionado, frustrado, desesperado y desilusionado con la vida que se ha confeccionado.

Tiempo después, desde la cima de otro monte de los Alpes, en el pueblo de Oberstdorf, grita: «¡¡¡tengo una manzana y una camiseta y soy feliz!!!». A su grito se unen una serie de personajes, que, como él, practican senderismo y, ante su optimismo y felicidad se unen a su grito. Son Walter, Margit y una pareja de jóvenes, Christian y Sara. Entre ellos no se conocen, pero, cosas del destino se sienten de repente conectados con la filosofía de vida que, el protagonista les explica. Así desde ese momento, nace una amistad que se consolidará en esos días de descanso en el pueblo de la Baviera alemana. Allí nace, El Club de la Gente Feliz. Esos días, a través de la historia de Oliver sobre su pasado y, los motivos que le llevaron a replantearse su vida y las decisiones que tomó para una iniciar una nueva etapa; Walter, un sexagenario descubrirá que «nunca es demasiado tarde». Margit, una mujer madura enferma de cáncer sabrá que «Solo hay que tener claro lo que se quiere». Christian aprenderá el valor de las cosas y que, él un adicto al trabajo, «Las personas adictas sufren. Sus vicios les dominan y condicionan su vida». Por su lado lo que le acontece en esos días a Sara, le hace perder el temor a decir la verdad de lo que siente.

Durante esos días, Oliver relatará su vida, y a esta reunión de amigos acabados de conocer, mas, perciben unidos por siempre; se suma Elena, la esposa de Oliver. Ella, una mujer española racial y pasional, acabará de completar el relato y junto con su marido plantearán a sus nuevos amigos, la disyuntiva de qué es la felicidad; que debemos cambiar para obtenerla y cuáles son los sueños de cada uno de ellos. Con un reto, volver a reunirse todos ellos un año después, en el mismo sitio. La fecha señalada, 15 de agosto de 2004.

Cada uno de ellos, vuelven a su cotidianidad, pero con una serie de decisiones por tomar y cambios que efectuar. Un año después, todos ellos, ya no son lo que eran; Oliver y Elena les abrieron los ojos. Y estos, en muestra de amistad y gratitud les invitan a su hogar en las Navidades del 2004, en Thailandia. Y será allí, tras el tsunami que arrasó la vida de miles y miles de personas que El Club de la Gente feliz se constituye no como una simple reunión de amigos, sino en algo más, mucho más grande y cuyo sentido es ayudar a los demás a obtener la felicidad.

Desde la sencillez del relato, Cristina Jimena, crea un ambiente de distensión; donde la paz fluye en cada línea. No necesita utilizar recursos literarios cultivados, tan sólo, los flashback nos pone en antecedente para las decisiones que toma cada personaje y, más en concreto sobre Oliver y Elena. Con la primera persona acerca al lector a una conversación con sus protagonistas, interactuando en cada momento en preguntas y respuestas. Todo ello, para reflexionar sobre conceptos sobre la felicidad, la plenitud, la sencillez; los detalles, el equilibrio, la armonía, la conciencia; la comunicación y el contacto entre las personas. Todo ello ambientado en escenarios donde se respira la pureza del oxígeno que respiramos para inhalar optimismo y vitalidad.

El hombre es un actor que del aprendizaje construye su mundo a través de sus propias acciones de pensamiento. Procesarlas es la estrategia para crecer y desarrollarse en cada momento con el significado necesario para transformar aquello que no nos gusta. La habilidad de obtener una recompensa positiva depende de la capacidad que tenemos de dar y recibir. Cristina Jimena nos regala una historia para ayudarnos a romper esas cadenas que nos esclavizan a un mundo donde las cosas materiales no dan la felicidad.

De su sencillez la amenidad; en poco menos de una tarde te lees este libro, concluyendo que tenemos muchas cosas que cambiar para calmar el alma y aprehender la magia de la vida. Tragaremos saliva al concluirlo y ya, seguro que no serás el mismo. Las segundas oportunidades existen, perseguirlas es nuestra opción.

Un libro de autoayuda con paisajes bellos como sus mensajes, una historia que te engancha por su final. Muy recomendable para todos en general.

«No me gusta tener una “vida abarrotada”. Necesito espacio ,claridad, sencillez. Así me siento libre. Citando a San Francisco de Asís: cada día necesito menos cosas y las pocas que necesito, las necesito muy poco»

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Cristina Jimena, escritora

Enlaces:

Amazon El Club de la Gente Feliz

elclubdelagentefeliz.com

@CristinaJimena1

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