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La Sustancia Invisible de los Cielos, supense, intriga, misterio

 

«Lo perdido debe ser recuperado, lo disperso debe ser reunido y lo visible es siempre reflejo de lo invisible»

La Sustancia Invisible de los Cielos de Ulises Bértolo

“El alma, […] que se separa pura, sin arrastrar nada del cuerpo, […] se va hacia lo que es semejante a ella, lo invisible, lo divino, inmortal y sabio, y al llegar allí está a su alcance ser feliz, apartada de errores, insensateces, terrores, […] y de todos los demás males humanos, […] para pasar de verdad el resto del tiempo en compañía de los dioses”.

(Fedón, 80 d, e; 81 a.). -Platón

El don del virtuosismo o de la genialidad es la concesión de la Naturaleza o del Dios divino, según la creencia de cada uno, nada más a aquellos que se acercan a la perfección. Perfección en las formas, manifestación de las artes, y perfección del fondo, tocar la razón y el alma de quiénes las contempla. Lograr ese acercamiento del hombre al ente superior que nos dirige y gobierna; nos ordena y dispone es el afán desde el origen de los tiempos. La Historia de la humanidad contempla grandes genios desde la filosofía a la pintura, de la música a las ciencias; de la literatura a la estrategia de la guerra.  Sólo unos pocos son tocados por esa varita invisible. Si la perfección es la suma de todas las cualidades que debe reunir el ser humano para tocar la inmortalidad y, por ende la eternidad; reunir en uno todas ellas es la persecución y la obsesión de muchos de nosotros. Sobre todo, de aquellos que nacen con el convencimiento de ese don o de aquellos que son convencidos de poseerlo. Quizás, después de leer La Sustancia Invisible de los Cielos la única perfección se logra en la muerte.

Dicho así resulta duro escucharlo o leerlo, Ulises Bértolo hace un ejercicio de reflexión sobre esa «sustancia, todo aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir. Descartes» que identificamos con el alma, esa mezcla de algo invisible y etéreo; efímero y a la vez eterno que forma parte del contenido del ser humano. La dualidad del hombre: cuerpo ese continente perecedero y limitado en el tiempo y el alma. Lograr la perfección del alma, y la posibilidad de la transmigración de esta en el tiempo y en el espacio. Entender el movimiento y la armonía del Universo, más allá de la astrología, sino como un acto de reflexión e introspección del hombre para entender conceptos que se nos escapan de nuestro propio pensamiento más cotidiano. ¿Vivimos para morir? O ¿Morimos para vivir? Y esas preguntas nos llevan a otras muchas reflexiones y a otras muchas más preguntas que desde los inicios de la filosofía se ha intentado explicar. El origen del ser humano, dualidad de la naturaleza, cuerpo y alma; dualidad de género, hombre y mujer; dualidad de pensamiento, razón y sentimientos. Y el fin o cometido del ser humano en su tránsito por la vida y quizás, en el más allá.

El autor, que no me deja de sorprender después de leer su gran Orthodoxia, no sólo es maestro en agarrar al lector por la mano y conducirle a cuestionarse todas esas creencias y estereotipos, prejuicios e ideas nacidas de una cultura donde el cristianismo y otras religiones con distinto nombre y dioses diferentes, pero cuyo mensaje en el fondo es el mismo; y de ideologías y pensamientos filosóficos que han incidido en concebir al ser humano de una determinada manera y con un único objetivo.  Bértolo no sólo logra eso, sino que con el don de la palabra, es artífice de una historia que se cruza con otras más en el tiempo y el espacio; construye un edificio invisible cuyas pisos, toman forma y vida con todos los personajes que confluyen para alcanzar tocar la perfección y la inmortalidad. O tal vez transcender a otra forma de vida. Cada cuál que extraiga sus propias conclusiones. La indiferencia no cabe en La Sustancia Invisible de los Cielos y las dudas de nuestras propias creencias nacerán para cuestionarse.

A partir de una investigación del musicólogo, Ignacio Pascal sobre un misterioso pianista cuya estela se pierde en los años 40, Jean Vanier, da con su rastro en el monasterio de Oseira, Ourense, simbolismo del lugar para la memoria; para la meditación y, la observación logrando entender la razón última de la existencia del hombre, su origen y creación; conseguir tocar la perfección de la idea de Dios y el Universo. Es la entrevista con el huraño y el enigmático pianista francés que le conduce a recomponer un puzle de piezas desperdigadas por el tiempo, para entender porqué la virtualidad de ese hombre, para componer música vive recluida en una celda abacial. A partir de ese momento, Ignacio Pascal deberá discernir entre la verdad y la mentira; la demencia y la cordura; la realidad y la fantasía; lo onírico y lo místico.

Lograr todo ello dirige al protagonista a una persecución de buenos y malos que se confunden entre la filosofía y la música; la religión y la ciencia; la conspiración y las matemáticas; la secta y la actualidad. Así Ignacio, que vive con sus propios demonios de culpabilidad y obsesión; de amor y adicción, de dolor y sufrimiento; tendrá que erigirse como el salvador y protector del gran misterio que esconde Vanier. Obtener su propósito es la gran pregunta.

Ulises Bértolo plantea en la historia en cuatro partes diferenciadas. La primera y segunda parte, toma de contacto de Ignacio y Jean Vanier, ambos desde mi punto de vista protagonista de esta historia. Para Ignacio, profesor de música en la Universidad de La Sorbona, Vanier, un prodigio para la música como compositor e intérprete, en sus tiempos; será una obsesión, descubrir el porqué de su ocultamiento y mostrar su música «─Jean no era como los demás, no buscaba la fama inmediata, le daban igual los aplausos. Puede que quisiera dejarlas reposar para poder luego corregirlas y repasarlas antes de sacarlas a la luz, era un obsesivo, perfeccionista hasta el delirio…». Éste le explica el devenir entre la lucidez y la locura, un salto en el tiempo donde Listz y Henri Herz preludiaran su destino, un salto en el tiempo donde morir por amor era una cuestión de orgullo y el amor por Marie Trautmann la razón de su existir. Tras esta parte donde la música y el virtuosismo impera representada en notas de un piano único y artesanal, en manos de una pianista, Marie, don de la belleza y la composición; el secreto mejor guardado y perseguido por una escuela: la pitagórica.

En esta primera y segunda parte, Bértolo nos pone en antecedentes sobre la vida de los estudiantes de los años 30. Nos describe el Paris de 1866, una sociedad de grandes diferencias sociales, el dominio de una aristocracia y burguesía cultivada en las artes. Descripciones de detalles que aparentan insustanciales y, que en el desarrollo del libro adquieren su importancia.

La segunda parte acelera el ritmo y se traslada a estos tiempos, cuando Ignacio se ve envuelto en idas y corridas por Paris, entre crímenes y conspiraciones; corrupciones y engaños. El protagonista no dejará en ningún momento de mostrar esa personalidad carcomida por su pasado, pero esa obsesión de tenerlo todo medido con regla y escuadra dará paso a la improvisación del momento. Es cuando demuestra si en el cabe la traición, el valor de la amistad y su significado; si puede corromperse y vender su alma al diablo o a Dios.  Enfrentarse a la muerte y sacar el arrojo necesario para deslizarse entre persecuciones y secuestros. Correr el riesgo. La capacidad de descifrar el enigma que se esconde entre notas de música y filosofía milenaria. Es en esta parte, cuando Ignacio vive en el filo de la navaja, una mala decisión significa la perdición. No está sólo, le acompañan amigos y enemigos; personajes que en su sabiduría desgranan parte del conocimiento sobre biomedicina, informática o la interpretación de la música en un pentagrama. Es en esta parte cuando los números toman protagonismo para describirnos un universo de armonía celestial más allá de lo material. Un juego de probabilidades con final incierto.

«El asesinato y la muerte no habían sido para ellos más que la interrupción temporal de la expresión carnal de un ser interno»

La tercera parte sorprende sobremanera, es el final que en ningún momento puedes imaginar como lector. El escritor, Bértolo, hace alarde de su dominio de la escritura y de la Historia para, en un giro inesperado cerrar una historia que, en mi caso, quiere más.

«El medio lleva el mensaje»

Ulises Bértolo con esa narrativa que no se limita nada más a describir situaciones, hechos, crímenes o Historia sino que la pone al servicio de la belleza en la prosa, urde fundamentos y contenido a esos misterios, enigmas y secretos que tan celosamente guarda la religión y todos los que atesoran poder de una u otra manera, pensadores, científicos, creadores… Argumenta cada paso que da Ignacio y los personajes que les acompaña, en la Historia, en principios filosóficos y en el misticismo. Sabe conjugar matar y morir como la poesía de la vida, que nace desde el momento de nuestra concepción.

La Sustancia Invisible de los Cielos no es un libro más sobre lo que llaman bestseller; es un enigma en si mismo que el lector debe descifrar según su conocimiento y creencias. Es la intuición y la inspiración. Ulises nos deja pista sobre el suyo y donde nos quiere llevar. La Sustancia trata sobre las emociones primeras del hombre: miedo, culpa, sacrificio, ira, perfección; sobre los sentimientos que nos definen amor, muerte, dolor. La perfección de la imperfección. La disociación del hombre en cuerpo y alma, y el significado de cada uno en el tiempo y el espacio. La Sustancia tributa homenaje a la música como el summum del pensamiento, y es la excusa para su autor para desentrañar reflexiones innatas al ser humano.

Si su autor define a La Sustancia Invisible de los Cielos como El Código Da Vinci de la música, en mi modesta opinión la supera. En Ortodhoxia confirma lo que en este su primer libro manifiesta, es un prestidigitador del suspense, la intriga y el misterio. El trabajo de documentación y estudio se percibe y se traslada al papel y el resultado es un libro magistral.

No me cabe duda que eclosionará como un escritor de éxito, mas como todo en la vida requiere del momento oportuno para ello, la paciencia y el fuego lento para saborear sus letras.

«─La genialidad exige un sacrificio mayor por parte de quien la posee que de aquel que carece de ella»

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Enlaces:

Amazon La Sustancia Invisible de los Cielos

@ulisesbertolo