Para bien o para mal

Blog literario, la escribiente

Para bien o para mal, reflexión, pensamientos

Ha regresado, quizás nunca se fue, siempre me ha acompañado manteniendo la distancia con aquello que se impone en primer término. Tiene la medida exacta, más bien es un frío calculador, para premeditar el tiempo y momento de su presencia. Con pasos que no delaten el objeto de sus actos, mas seguro del éxito de ello. Camina en la nocturnidad de un callejón sin salida, interfiriendo el avance de quien necesita asegurar su esencia. Se acerca como el que no quiere la cosa manteniendo la compostura y con su educación exquisita, te solícita una dirección desconocida por si sabes dónde está. Ante la negativa, mirándose los zapatos, limpios e impolutos, comienza la conversación con un tono tenue, de  cadencia y musicalidad en su voz abrazando tus ojos en la gravedad de su entonación. Impone matices in crescendo fingiendo armonía entre tu mirada y lo que está diciendo. Embauca con sus pausas induciendo a fijarse en ese halo misterioso que envuelve su presencia. Una vez que sabe de su conquista, te perfora en adulaciones de falsa vanidad. Sus promesas de felicidad conmueven la mansedumbre de tu razón, y es, en ese instante cuando se permite acercar sus labios a los tuyos robándote el más furtivo de los besos.

Ya eres presa del encanto que desprende su aura transparente con cierto resplandor, aunque pequeñas motas de polvo fluyen a su alrededor alertando a su interlocutor de ciertas sospechas inexplicables, desconfianza que se instala en la distancia de ambos. Como buen actor, finge que no pasa nada, te invita a que le acompañes en la penumbra de tu desesperación a un lugar más íntimo y cálido donde entablar conversación. Y tú, ante su elocuencia coges su mano y te dejas arrastrar.

En la noche donde los demonios se pasean por todas partes, con el temor en el cuerpo y el miedo en tus sueños, buscas sus brazos para sentir la seguridad de que todo es una ilusión, fruto de la imaginación. Te dejas sobornar por sus gestos de espantar a esos ingratos que requieren de ti. Entre manotazos inventados echa de mí, el fracaso de la vida, un hueco compuesto de malas decisiones y errores cometidos entre la ingenuidad y mi mala cabeza. La frustración me ha hecho andar descalza en el ardiente asfalto de una ciudad desconocida, dando bandazos de izquierda a derecha y viceversa, intentando establecer un punto de referencia. Las quemaduras en mis pies se agravan más con el hielo acumulado de   largos inviernos inhóspitos asestando dagas de frío metal sobre mis huesos. Así, la desilusión de, saberse perdida, de la incomunicación, de la falta de comprensión ha abierto un abismo entre mis palabras de buena educación y, el pensamiento avasallador de insatisfacción. De esta manera pasan los días, retrato en sepia de simular que todo va bien para caer una y otra vez en noches de insomnio cuando la tristeza se ahueca al lado reconfortando el frío instalado en mí. Son vigilias de cierta inconsciencia entre el sueño y la pesadilla recordándome que no soy más que un fútil rehén de la voluntad de otros. Y aunque en mis pesadillas me defiendo arañando al enemigo, mordiendo su piel curtida de batallas victoriosas no consigo siquiera un solo rasguño sobre él. Es, en ese instante cuando la desolación me invade y la melancolía, fiel peón de las causas perdidas, decide adueñarse de esta, sin nombre.

Ante este contexto, él, que ha memorizado toda la documentación sobre mi situación, se acerca de poquito a poco para darme falsas esperanzas. Y yo que nunca he aprendido a olvidar lo malo de mí, ni a evitar volver a cometer los mismos desaciertos, y aún menos ignorar a quienes me agreden; me dejo querer por el don que tiene de chantajear la realidad.

Y entre la bruma del nuevo día y la frigidez de mi apatía cedo a su contemplación; dejo que me vuelva a enamorar como tantas otras veces, disfrazado de reproches, de lástima y en alguna ocasión de cizaña. Hoy, en la humedad de esta mañana no distingo bien cuál es su vestimenta, deduzco por su falta de ropa que es de desamor.

De esta manera, él, el silencio, me ha llevado a donde él ha elegido, a una habitación sin más decoración que la mudez. Las palabras encuentran el camino de salida abandonándome a mi suerte, huyen de mí acelerando el paso y entre atropellos se empujan entre ellas queriendo ser la primera en desparecer por mi boca.

Para bien o para mal, el silencio me conquistó.

 

6 Comentarios

  1. Admirable, querida Dolors. El silencio, como bien dices, puede conquistarte para bien o para mal. Muchas veces me he sentido así pero he de reconocer que me atrae el silencio y cada día lo necesito más. Un besazo, reina

    • A mí también me atrae el silencio, soy de pausas largas y en estos momentos lo necesito. Un beso y mil gracias, Sandra.

  2. El silencio es tan necesario como una buena conversación. En boca de Beethoven: Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo.
    Buen relato. Cuídate.

    • Como siempre tan acertado. Mil gracias, Fernando. Un beso.

  3. Tienes un don, princesa, eso nadie te lo puede negar. Sigue esculpiendo sentimientos en tus relatos. Un besazo.

    • Gracias, Laura, tengo que investigar cuál es. Un beso.

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