Otoño

Blog literario, la escribiente

Otoño, relato

Una ligera brizna de fresco despierta mi sueño, es preludio del otoño que de puntillas intenta colarse por la persiana. El crepitar de las hojas rozando el suelo es un susurro acariciando mi rostro, como tu aliento disculpando el atrevimiento de tocar mi mano. Tu imagen, el blanco de tu pelo en comunión de algún negro, te ofrece el atractivo de saber qué responder al tiempo; similar a tu piel neutra de prejuicios que interpela mi piel. Esa imagen solo es un instante disipado en un chasquido de dedos. Sí, el relente se ciñe a mis huesos con la parsimonia de no quebrar ninguno. Así como tú, cuidando cada embate de tu mirada sin hacer añicos, mis pestañas endebles por la constancia de observar la calle en su estricto rigor.

El castaño majestuoso eleva sus brazos cansados y retorcidos, orando al Dios que le da la oportunidad de resistir a los hachazos del verdugo que quiere hacer leña del pasado. Su rama más persistente alarga su contorno para elevarme a tu encuentro. El punto de referencia, una ciudad ajena y lejana de mis culpas. Una ciudad que desconoce de mi existencia, edificios que se elevan con arrogancia de vencer la autoridad; casas milenarias escondidas en pedregosas calles sinuosas por la historia de caballeros y damas; esclavos y amos; villanos y nobles. Faroles de otros tiempos alumbrando el paseo entrelazados por nuestras manos desistiéndose a la realidad. Ese fue nuestro escenario, la madera carcomida de un techo reformado por el diseño de nuestro siglo; entre sus vigas el eco de amantes sucumbiendo a la pasión, de viles asesinos sacrificando a sus víctimas; el correteo de infantes trepando por las tupidas cortinas. Y debajo de la caja de resonancia, repitiendo las voces de todos sus invitados, una amplia cama donde consumar toda la lluvia que se desborda de nuestros cuerpos. Manantial de fluidos que se desvanecen en la humedad de los besos, en los labios ensangrentados por morder el momento; besos en aquellos labios ocultados por una madeja de desinhibición, los que te propino entre los muslos rasurados de preguntas y respuestas; aquellos que desatan la amnesia de saber quiénes éramos. Nuestras lenguas indagan en cada encuentro, saboreando el dulce néctar de la fruta prohibida. Sin pudor, sin miramiento nos hacemos adictos el uno al otro; aprehendiendo lo que se esconde debajo de la piel, la tuya, suave y angulosa, nítida y febril, vencida y rendida a la mía, fugaz y etérea, cristalina y frenesí de tanto envite.

Se acercan los naranjas del equinoccio, tonos del amanecer empañados por cierta melancolía, presunción del atardecer de una historia inconclusa: la nuestra.

No sé definir nuestro encuentro, no tengo palabras suficientes ni conceptos que denominen el momento del delirio desatado en aquella habitación, de una ciudad ajena, de una ciudad lejana. En aquella comunión fuimos sacrílegos a la razón y pecamos una y otra vez cuando arqueaba mi cuerpo, un junco doblegado por tu voluntad de poseerme. Transgredimos la moral de quienes se golpean el pecho en el vaivén de cada sacudida, en esa electricidad que erizaba tu mínimo vello al deleitarme con tu sexo.

La brisa de la Tramontana me advierte que sólo me queda un poco de ese instante, una esencia que guardo en un minúsculo frasco de porcelana china decadente y frágil como el paseo entre los muros de otros tiempos.

8 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho, querida Dolors. He de decirte que el otoño, junto al invierno, son para mí, las estaciones más tristes. Quizá porque tengo que decirle adiós al verano, a las fiestas, a las vacaciones, a salir por las noches sin chaqueta, a tantas cosas que me hacen sentir bien. Sin contar que suele ser la estación que más me deprime y en la que suelen aparecer pequeños brotes de mi inseparable enfermedad. Un abrazo, preciosa mía

    • A pesar de todo ello, soy mujer de melancolías nacidas al amparo de octubre. Y aunque necesito el sol como el respirar el ocre de la tierra y el naranja del cielo me devuelven a la realidad. Cuando los amores de verano huyen para no volver, cuando el fuego de la tierra se apaga con el frío de la monotonía, cuando la calma del mar se confunde con la lluvia de los días. Muchas gracias, Sandra.

  2. Quanta pasio i sensualitat. Quanta dona completa en tot!😍😘

  3. Bello relato. Sinfonía de amor, sexo y pasión. Experiencias que le hacen a uno sentirse más vivo. Sacarle todo el zumo a la naranja que es la vida, olvidarse de las normas establecidas y dejarse llevar por el amor, la pasión y los placeres de la carne. El amor todo lo puede y si va unido de buen sexo mucho mejor. En esos mágicos momentos se para el reloj; no existe el tiempo.Sublime.
    Enhorabuena por tu excelente relato.

    • Muchas gracias, Fernando. La vida se mueve por el AMOR sin él no tiene sentido lo demás sino se puede compartir. Y el AMOR es también sexo, seducción, sensualidad, lujuria forma parte de nuestra esencia. Un beso.

  4. Cuanto más lo leo más me gusta.
    Sobresaliente relato. Mágico,erótico y elegante.

    • Es ese aire que acerca recuerdos enganchados en la piel. Un beso.

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