LA ETERNA JOVEN de Fernando Baró

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La Eterna Joven, cuento

     Hace muchos, muchos años, en la cordillera cantábrica. existía un pueblo regido por un caudillo llamado Corocotta. Este jefe durante las guerras contra las tropas romanas unificó militarmente a las tribus cántabras para defender su tierra del emperador Augusto. El término “cántabro”, procede de la raíz “cant”, frecuente en nombres celtas y que significa roca, y del sufijo “abr”, utilizado en numerosas regiones celtas. De esto deducimos que el término “cantabro”, vendría a significar “pueblo que habita en las peñas” o “montañés”.

     Habitaban en castros, ciudadelas en lo alto de los montes preparadas para defenderse de una agresión exterior. La estructura era matriarcal. La propiedad residía en la mujer, que cultivaba el campo, mientras el hombre se dedicaba a la caza y la guerra. Eran altos y fornidos. Los hombres vestían una túnica atada con un cinturón, además de un capote negro de lana, que les servía también de manta para dormir. Usaban una especie de sombrero o gorra y calzaban abarcas de cuero. Las mujeres llevaban vestidos con adornos de flores. Dormían en el suelo, se bañaban con agua fría, comían una sola comida abundante y eran aficionados a juegos atléticos, militares y al baile. Se dedicaban a la recolección, la ganadería (la carne de cabra era su base alimenticia), la caza de jabalies, pesca y marisqueo. Navegaban en primitivas embarcaciones y veneraban a los montes, bosques, lagos, serpientes… Tenían culto a la luna, a un dios solar, a un dios del mar y a la diosa “Cantabria”. Las cuevas eran utilizadas con fines funerarios, tras la cremación del difunto. Existía la creencia de que tras la muerte eran los caballos y los ciervos los encargados de transportar las almas de los difuntos al cielo. La cremación no se practicaba con los que morían en campo de batalla. Debían quedar yaciendo hasta que los buitres abrieran sus entrañas para transportar sus almas al cielo.

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La Eterna Joven, cuento

     Usoa era la hija del jefe de la tribu. Joven que destacaba por su belleza. Estilizada, de acastañados cabellos y bella mirada. Desde niña acudía algunas tardes a los acantilados donde mantenía conversaciones con las bellísimas sirenas, que sentadas sobre las rocas peinaban sus largas cabelleras, mientras entonaban con su voz maravillosa, canciones de olas y viajes. Las sirenas, según la mitología griega, eran hijas de Calíope y del río Aqueloo. Se cuenta que nacieron con la cabeza y el rostro de mujer, el cuerpo de ave, dotadas de una maravillosa y seductora voz. Tan bellas eran, que se atrevieron a competir con las musas, y en la pelea, éstas las derrotaron y les arrancaron las plumas. Llenas de vergüenza por la derrota, se retiraron a las costas, donde cambiaron sus alas inservibles por una larga cola de pez. Sus cantos ejercían una atracción tan poderosa que los marineros dejaban de atender a sus tareas en los barcos, y éstos se estrellaban contra las rocas.

     A Usoa le gustaba escuchar aquellas historias que le contaban sus amigas, quienes también la habían enseñado a nadar maravillosamente. Desde niña sintió admiración por la belleza de las sirenas, y ahora se había convertido en una hermosa joven deseada por todos los hombres del lugar. El deseo de ella había sido; crecer rápido para hacerse una mujer y hoy que ya lo era no quería envejecer como las mujeres de su entorno. Fueron pasando los años. Las sirenas seguían siendo jóvenes y Usoa a pesar de su indisimulable, aunque atractiva madurez, no asumía el paso de los años. Siempre bellísima, siempre joven.

     Además de hacerlo en el mar, acudía a nadar a un lago cristalino en un cercano bosque. Tras un rato de ejercicio, mientras peinaba sus cabellos, vio y descubrió que, a pesar de su belleza todavía juvenil, habían aparecido en el entorno de sus ojos unas pequeñas arrugas. Sintió entonces deseos de llorar. Pero se contuvo porque de pronto, surgiendo de las aguas, apareció majestuosamente una mujer de excepcional belleza y de largos, rubios y lisos cabellos. Era la Dama del Lago, de quien Usoa había oído hablar sin verla nunca.

     -Usoa, no te aflijas. Pocos son los privilegiados que tienen la fortuna de verme. Sólo aquellos cuya devoción, valor o, como en tu caso, gran virtud, me conmueven. Te conozco desde niña y jamás, a pesar de observarte, he visto la necesidad de hablar contigo hasta ahora. Eres una preciosa mujer y tienes lo más importante: un gran corazón. No se puede ser eternamente joven. Bueno, tal vez, sí. ¿Sabes quiénes son eternamente jóvenes? ¿Quiénes no envejecen nunca? Los que permanecen siempre jóvenes en el recuerdo son los amados por los dioses. Pero el pago es caro, muy caro. La muerte. Si quieres ser eternamente joven en el recuerdo de los tuyos, la única forma de conseguirlo es muriendo.

     Por un momento un escalofrío recorrió el cuerpo de Usoa.

     -No tengas miedo. Sé que deseas vivir. Lo único que he querido explicarte y ya me tengo que ir, es que debes asumir envejecer porque la belleza se marchita con los años pero el corazón si es tan noble como el tuyo, siempre permanece joven.

     Y lentamente, esbozando una sonrisa, la Dama del Lago desapareció sumergiéndose en las aguas.

     Usoa comprendió que siendo mortal no podía compararse con seres mitológicos como las sirenas, seres de leyendas y cuentos.

     Os puedo asegurar que murió muy mayor. Fue una de las ancianas más bellas que se recuerdan. Siempre rodeada de niños a quienes inculcaba que la verdadera belleza y la eterna juventud residen en el corazón.

                                                                                                                                Fernando José Baró

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La Eterna Joven, cuento

4 Comentarios

  1. Gracias querida Dolors por publicar mi cuento. Un canto a la naturaleza y a la vida.
    Cuídate.

    • Gracias siempre a ti por tu generosidad. Un beso.

  2. ¡Hola!

    Veo que publicas cuentos de otras personas… ¿qué tan especial o famoso hay que ser para que se publique uno mío? Jejejej excelente blog, y el cuento me gustó bastante.

    ¡Saludos!

    • Pues no hay que ser ni especial ni famoso tan sólo que se pongan en contacto conmigo. Me alegro que te haya gustado. Muchas gracias.

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