Escribir mi mejor medicina

 

blog literario, la escribiente

Escribir es mi medicina, pensamientos, reflexión

Llevo días dándole vueltas a un mismo pensamiento que me provoca diversas reflexiones sin saber cuál es la más correcta. El detonante de todas estas ideas fue escuchar en una entrevista radiofónica a Espido Freire. Hago un inciso, reivindico que se escuche la radio, porque tu atención se centra en las palabras buenas o malas; mejor dichas o peor, y no en atractivas imágenes que nos produce envidian y de las palabras se aprende a hablar con corrección en cada contexto; motivan a tu cerebro a pensar, a discrepar, a dialogar, a afirmar lo que se dice o mostrar inconformidad. Sigo con el inciso: soy adicta a la radio desde que tenía ocho años y no sé dormir sin ella bajo la almohada. Fin del inciso.

La cuestión es que en dicha entrevista, Espido Freire explicaba que es escribir para ella, sus éxitos y fracasos, porque sí, ella también ha tenido fracasos. Nadie consigue el éxito como agua caída del cielo, el esfuerzo y los fracasos son la mejor fórmula que conozco para obtener el premio de tu vida. Y Espido no ha sido menos, pues ser un premio Planeta no te garantiza nada. La escritora con la naturalidad que le caracteriza dio una vuelta rápida por su vida y los motivos que le encaminaron a la escritura. Escribir fue y es la mejor terapia que se autorecetó para vencer su trastorno alimenticio y su depresión. Esa capacidad de orientar la enfermedad hacía el arte de las letras ha sido aplaudida por el público. Y su éxito radica precisamente en crear un universo de sentimientos y emociones nacidas al amparo de todos esos trastornos y depresiones reconducidas en bellos libros.

No pude resistirme a sentir admiración por ella, debo añadir que ya conocía de todo ello, pues como buena lectora he leído algunos de sus libros. Admiración y respeto, por lograr superar todo ello. Y sentirme identificada en todo lo que dijo. A la vez que tristeza.

Escribir es la mejor medicina que he tomado para intentar superar mis males. Uno de ellos, como Espido, el TAC (trastorno de la conducta alimenticia), cuántas falacias se están vertiendo sobre ello; me hierve la sangre cuando se limita estos trastornos a jovencitas o tan sólo se reduce a un problema de “modas”. No nos equivoquemos, un TAC es mucho más serio de que lo que muchos artículos de revistas sensacionalistas publican. Quien sufre un TAC vive en una atmósfera de lucha continua entre la mente y el cuerpo. Batallar contra la voluntad es tan sangrante que much@s mueren en el intento. Controlar algo tan “material” como el cuerpo es la manera que tenemos quiénes padecemos de estos trastornos de poner en orden todas esas contradicciones que nuestra mente genera en torno a las emociones y los sentimientos. Y ahora desde mí persona, que sé que es la de muchas de las princesas que me han acompañado en treinta años de luchas y vivencias, complacer a todos; ser perfecta en cada momento y situación; demostrar que eres capaz de ser la mejor profesionalmente; conseguir el amor de película; saber dar respuesta a todas las preguntas que te plantean; ser la mujer y madre perfecta es y ha sido el objetivo. La palabra clave a tanto descontrol mental es “PERFECCIÓN”. Quizás mucho de ello se deba a nuestra propia autoexigencia, pero una cosa también tengo clara, a las expectativas que otros ponen en nosotr@s. El grado de responsabilidad con el que asumimos todos nuestros actos es tan pesado que nos asfixia bajo una losa muy pesada que no sabemos levantar. Siempre he sido, desde niña, muy exigente, meticulosa, detallista y hasta obsesiva con todo lo que emprendo. Pero, es que no puedo olvidar que me enseñaron a hacer las cosa bien hechas y sino no realizarlas. Equivocarme era mal visto y para ello, siempre había una subida de tono cuya respuesta eran las lágrimas. De todo ello se genera un cúmulo de errores, decepciones, sinsabores, malas apreciaciones y muchas distorsiones que se traducen en querer controlar algo. ¿Y qué tenemos más a mano que nuestro cuerpo? Así se desencadena un maltrato diario y continuo al cuerpo, el reflejo en el espejo es la distorsión de todas esas incoherencias que se acumulan en la mente sin apreciar la realidad que tienen ante sus ojos.

Cada día  que pasas escondiéndote en tu cuerpo te aleja de los que quieres y te quieren. Es cuando dejas de ser “la buena niña” para ser una huraña y solitaria; irascible e irritable. Pierdes los amigos y los amores, y caes más y más en mirarte al espejo; en contarte las costillas; en calcular calorías; en medir cada hueso y en comparar cada poro. Abatida en querer controlar algo de tu vida, el hambre hace mella en tu razón que te hunde en la depresión, en mi caso. Y he tenido suerte, porque muchas de las princesas caen en las drogas y el alcohol para vencer las ganas de comer. Algunas de ellas se pierden en el camino.

Ocultar este “trastorno” ha sido hasta ahora el dogma, pues la vergüenza de quien lo padecemos ha sido reafirmada por la familia y la sociedad. La familia por no detectarla a tiempo; por no ser informada de las causas y consecuencias de todo ello, de no darles las herramientas necesarias para gestionar tanto sufrimiento. Porque debo decir, la familia sufre y mucho, se siente perdida por no saber actuar; la impotencia ciega la manera de gestionar la situación. Y de ello me siento culpable, de los días y noches de lágrimas que mi familia ha vertido por mí. Espero que algún día me perdonen. En ello mucha culpa los tratamientos agresivos y los diagnósticos equivocados de muchos psicólogos y psiquiatras.

No nos equivoquemos padecer un TAC no es solo una “manía” de jovencit@s. Es mucho más, es no saber responder acertadamente, a todas las preguntas que la sociedad espera de ti. Es no saber gestionar esos sentimientos que se almacenan en el alma. Amor por la vida, amor por las personas, amor por las cosas. No administrar en su justa medida las emociones y valores que nos nacen. Los que somos víctimas de este “trastorno” o cualquier enfermedad mental no es porque le hayamos invitado; más bien se aprovechan de nuestra “vulnerabilidad” que no debilidad para incidir en nuestra mente. Y una cosa tengo clara nadie, nadie es inmune a no padecerlas.

A diferencia de Espido Freire a mí no me aplauden por exhibir mis males ni escribir por ellos. Al revés, tengo que escuchar y aguantar comentarios de “qué pena” o peor aún de aprovechar todo ello para caer en el victimismo. Y todos se equivocan. No necesito la compasión de nadie, sí la comprensión o tan sólo, escuchen lo que digo.

Escribo por terapia para no sucumbir más en mi distorsión del reflejo en el espejo. Escribo para vencer y superar todas esas discordancias y esos pensamientos devastadores. Escribo para hacer tributo a algunas de mis compañeras que ya no tienen la oportunidad de hablar. Escribo para que se entienda de qué va todo esto. Escribo porque no he conseguido la mejor manera de expresar lo que siento. Escribo para seguir viva.

Y ahora muchos ya pueden hacer leña del árbol caído, mas no saben que soy olivo centenario que se erige en el yermo del desierto.

12 Comentarios

  1. Escribir es una terapia excelente para cualquier tipo de conflicto emocional. Yo también comencé a escribir para refugiarme y, de hecho, es lo único que me evade. Besazos miles.

    • Así es, Ana. Además de dejar constancia de ello, también es una forma de contestar a “aquellos” que me juzgan sin tener conocimiento de mí, mi vida y mis días. Un beso.

  2. No necesites compasio si comprensio i una abraçada infinita😍😘😘

  3. Lamento que tengas ese problema, y ojalá que escribir te siga ayudando a sobrellevarlo. ¡Ánimo! Te mando un abrazo.

    • Evidenciarlo y no negarlo da normalidad a las cosas y de eso se trata. Aceptar y superar, sin dar pena. Gracias, un abrazo.

  4. Buena reflexión y buena medicina la escritura. Estás muy guapa en esa foto con el palacio real detrás. Como decimos en Madrid: Adelante con los faroles. Adelante con todo. Buen día.

    • Gracias, Fernando. Es cosa del fotógrafo. que supo hacerla. Y siempre para adelante. Un beso.

  5. Eres una persona muy valiente, Dolors. Sigue escribiendo de esa manera desgarradora. ¡Un beso fuerte!

  6. Soy una persona muuuy cerrada. Conversar de mis emociones no es algo que haga demasiado. Eso me ha llevado en muchos casos a abismos de los que luego no sé cómo salir. Gracias a la escritura, siento que puedo decir las cosas y, además, la gente me escucha. ¡Muy interesante tu trabajo!

    Saludos.

    • Pues a mi me pasaba lo mismo, años de mutismo que se enquistaron en enfermedad. Ahora intento ser precavido con sus síntomas, escribiendo.
      Muchas gracias.

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