Reseña: LA GUARIDA DEL RAPOSO de Antonio Orozco Guerrero

Blog literario, reseñas

La Guarida del Raposo, histórico, intriga, suspense, aventuras

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada

el trabajo y el sudor.

 

Unidos al agua pura

y a los planetas unidos

los tres dieron hermosura

de los troncos retorcidos…

Andaluces de Jaén, Miguel Hernández

 Cada libro que leo me deja un poso de emociones una serie de sensaciones y de colores. En el caso La Guarida del Raposo es alegría y melancolía a partes iguales, de la misma manera que el sol resplandeciente de Andalucía con sus pueblos encalados a cerros de blanco y verde. Donde el agua transita en parsimonia con el deje de sus gentes hospitalarias y afables. Azul del Mar Mediterráneo en comunión con el Atlántico, allá donde el Levante eleva su quejido en aires de nuevos tiempos. Leer y, escuchar a mi abuelo a la sombra de un olivo huyendo de la solana, con un libro entre las manos contándome una de fugitivos y guardias civiles. Y es que Antonio Orozco me ha devuelto a mi infancia por tierras andaluzas donde la cal, de sus casas guardan pedazos de la Historia de un pueblo jornalero para muchos y de “señoritos” para los menos. Una Andalucía de humildes y esa “otra” que se esconde entre los grandes latifundios y cortijos. Entre las líneas de este libro se escucha la voz reposada de quién sabe lo que cuenta y que opina sin callarse. El autor con el dominio del escenario desde Jerez de la Frontera por Montes de Propios, la Sierra de Grazalema y sus cañadas de paso por Ubrique camino a Málaga, pueblos, ventas, cortijos forman el atrezzo a esta historia trágica y conmovedora siempre abierta a ese sentido del humor que sólo los andaluces saben utilizar para ocultar las lágrimas que derraman. Orozco maestro de Historia y la historia de José Raposo, el protagonista, nos conduce por la última mitad del S. XIX para evidenciar que quizás no hemos cambiado tanto como pensamos.

La desgracia se cierne sobre la familia Raposo cuando, José el hijo mayor de tres hermanos, venga el desagravio cometido contra su hermana Juanita. Con tan sólo dieciséis años será condenado a perpetuidad, por un magistrado nada imparcial que elude la causa de sus crímenes. Preso en Melilla durante quince años regresa a su tierra, Jerez, para poder saber de los suyos. En todo ese tiempo pasa de ser el joven ofuscado por el odio, carcomido por la conciencia se bebe la culpa en el alcohol del anís, mientras su rabia endurece su carácter. Deja de ser José, para ser el Flaco, un alcohólico que se juega los tragos en partidas de mus. Eugenio, el negro portorriqueño, que encontró la libertad de su esclavitud en los libros será el mentor y el maestro que le devolverá la fe en la vida. Le enseñará que el camino no es beber ni ser pendenciero y que “el odio no lleva a ninguna parte, que todos los seres humanos son hermanos, que la bebida es la peor arma que usan los ricos contra los pobres y los amos contra los esclavos y que saber leer y escribir es la mejor respuesta que tienen los pobres para defenderse”

Rehecho de nuevo en el penal, José, decide huir para reencontrarse con los suyos, pero el acercamiento es imposible pues el eco de su huida llega a los oídos de los Gálvez, la familia de “señoritos” agraviados por los crímenes de José y, los Carabineros. Nuestro protagonista, se verá obligado a encaramarse por cerros y descender por cañadas y desfiladeros hasta encontrar una de las grutas de su infancia, cuando de cabrero acompañaba a Perico, el Cojo. Y es que José representa a los pobres jornaleros que desde muy pequeños se veían en la necesidad de aportar una hogaza de pan a la familia. Jornaleros analfabetos que asentían a todo lo que el “señorito” decía. Desde trabajar las tierras, criar a sus hijos hasta ser objetos y victimas de sus abusos, humillaciones y vejaciones. Y a pesar de sufrir en carnes propias un juicio injusto, la violación de Juanita, la muerte por la tristeza de su madre, el hambre, el frío y el calor; impera en él expiar su conciencia, demostrando que él no es el asesino que dicen que es. Recuperar la libertad para ser un hombre de su época y de su tierra, con una familia pero a la vez ser el hombre leído que puede pensar y tomar sus decisiones. Pero ¿lo conseguirá?

Junto a José se reúnen una serie de personajes que bien tomarán parte a su favor o bien, intentarán “quitarle de en medio”. El ya mencionado Eugenio e Isà por la ciudad africana. También los periodistas Francisco Montes y Pablo Gutiérrez, fundamentales en el desenlace de la historia de los Raposo, “señoritos” republicanos que vencen el clasicismo de la monarquía borbónica. Francisco y Pablo simbolizan las nuevas ideas liberales del respeto a la persona. La defensa de los derechos fundamentales del hombre. Concilian el debate como la fórmula para reivindicar las carencias de la política de Cánovas del Castillo (1828-1897) durante La Restauración española (1874-1931). Tirando por tierra de que “en España no se puede hablar de casi nada sin llegar a las manos o, como poco, sin terminar a voces e insultos de toda clase. ¡Y mucho menos de política!

Por otro lado, otros personajes sencillos, humildes, analfabetos, pero con gran sentido de la solidaridad y la generosidad como José, el abuelo, el Largo, Perico el Cojo. O mandados que no se cuestionan su trabajo como el carabinero Romerales y su sargento, Roncero, sus diálogos están llenos de pinceladas de humor; una pareja que en sus conversaciones y sus maneras tienen reminiscencia a Don Quijote y Sancho. Y por supuesto los Gálvez: Jesús, el cabeza de familia, conservador, corrupto y su palabra es la de Dios a la que todos les deben pleitesía; y allí donde no llega su dinero y poder está su violencia. Machista, clasista y defensor a ultranza de su familia y nombre. Su mujer, Inés la eterna sumisa, acomplejada por su infertilidad, asume su papel de agachar la cabeza. Y la matriarca, Ernestina, la ideóloga de la venganza.

Antonio Orozco recurre a un narrador muy cercano que desde la primera persona nos pasea desde Melilla a Cádiz, opinando cuando lo considera. Poniéndonos en contexto histórico y geográfico de los hechos y personajes. Y alternando los diálogos entre ellos y a momentos en las reflexiones en soledad de José, el Raposo.

Retrato de una época, La Restauración, donde las clases sociales se delineaban entre ricos y pobres. Los que mendigan un trabajo y los que tienen la voluntad de darlo, ¿suena de algo?. Tiempos de bipartidismo entre conservadores y liberales ¿?. Tiempos donde el dinero lo compraba todo y la corrupción tenía manga ancha ¿? En fin, donde robar no se limitaba a objetos sino a la dignidad, la maternidad, la identidad, la familia, la personalidad…Fotografía de los cambios productivos, de la evolución del ferrocarril y la estructura burocrática de la época.

La Guarida del Raposo evidencia que más allá del analfabetismo, la amistad y la educación siempre está presente en los más desgraciados. La familia y su protección. El amor como el motor que los mueve. Nos muestra que todo es posible y que hasta un “raposo” necesita encontrarse a sí mismo. Nos invita al diálogo y al razonamiento más allá de la violencia. Resuelve que una palabra lo dice todo.

Una novela de tragedias abordada desde la Historia de esta España nuestra, que se consume en el olvido. Muy recomendable a todos los amantes del género histórico, de la intriga y los buenos relatos.

“─Hijo mío, me dices esas palabras y me das la vida”.

“¡Sentía un abatimiento grande, agujetas, cansancio, y al mismo tiempo una excitación, unas ganas de echar a andar, de huir de sí misma, de no verse ni oírse! No se podía sufrir”.

Insolación, 1899 -Emilia Pardo Bazán

La imagen puede contener: una persona, gafas de sol, océano, exterior y agua

Antonio Orozco Guerrero, escritor

Enlaces:

Amazon La Guarida del Raposo

@AOrozcoGuerrero

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2 Comentarios

  1. Excelente reseña, como todo lo que se propone. Sobre bases sólidas se construyen los eternos castillos que la briza venida de la mar saluda.

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