Ella

Blog literario, la escribiente

Ella, relato, pensamiento

Ella ya no es ella, ha dejado de ser la mujer consentida por la «buena vida». Ella aceptó un matrimonio más allá del amor. Necesitaba afectos que nunca tuvo; una infancia entre la desdicha de haber sido concebida sin la protección de una goma y el desapego de unos padres adictos al trabajo. Por eso Ella se enamoró del primero que se fijó en su presencia, un hombre diez años mayor, un maestro en los juegos de la seducción que la educó para servirle en las horas convenidas y, cuando a él le apetecía. Dejó de ser niña a marchas forzadas, pero Ella supo soportar la situación. Así Ella se balanceaba, ante un público de hombres descarnados por el deseo, de carne de mujer, en equilibrios de pole dance; su figura se contoneaba escondida en un minúsculo tanga, mientras sus pequeños y erectos pechos se amilanaban entre la barra y las sonrisas lascivas de quienes los miraba. Ella aprendió a sonreír con los labios del rojo Chanel y a llorar tras la cortina de humo de cigarrillos engendrados en la hierba de María y los aromas del alcohol barato consumido a granel.

Ella ya no es ella, ya no es aquella que acumulaba los billetes en la ranura de su escote ni aquella, que rendía cuentas al amo de sus sueños. Ella ya no maldice los días que arrastraba su figura después de noches de danzar su vientre y, sus piernas al ritmo de las entrepiernas de quien compraba sus servicios. Su boca no quiere más injuriar los insultos que recibía por dormirse entre los utensilios de cocina cuando su maestro la apuntaba con el dedo ofreciéndole el favor de la vida. Y Ella entre noches y más días fue acumulando la soledad de no encontrarse consigo misma; amontonó en moratones los golpes del capo de su vida; apiló en sus entrañas el salivo de tantos que buscaron sus besos. Ella quiso salir de ahí, de ese infierno que quemaba su juventud en simple fingimiento, huyó de la resaca de noches sin estrellas y se marchó del lugar donde se quedó su inocencia.

Ella ya no es ella. Ella ya no recuerda como el hijo de sus entrañas se lo tragaba la alcantarilla, se escurrió entre sus piernas y un reguero de sangre hasta vencer el suelo. Ella ya no siente el dolor de verle escurrirse sin despedirse, sin un adiós antes de nacer. Ella ya no quiere ver las lágrimas derramadas por ese germen que se malogró en una patada de barriga entre la borrachera de la mañana y los celos de muchas noches. Ella ya sabe perdonar a su madre vencida por el Alzheimer y, a ese padre que agachó la cabeza cuando la vio coger la maleta. Ella ya les puede besar sin el reproche de sus errores.

Ella ya no es ella, ya no es la chica de minifalda y tacones enganchada a relaciones de tarjeta de visita. Ni siquiera se fija en las ojeras que culminan su mirada, cegada tiempo atrás por el dolor del cuerpo y, aún más por las heridas de su alma sangrante de lo inoportuno de las palabras enemigas, y el rencor de no ser bien recibida. Ella ya no castiga sus oídos con maldiciones, un boomerang de ida y vuelta, pues supo ser sorda y muda a su patrón, y de ello aprendió qué la indiferencia es la mayor de las venganzas. Y que Dios juez de la vida sentencia por perpetuidad con la muerte segura.

Ella ya no es ella. Ya no tiene dieciséis años para posturear entre la gente. Ella pliega más de treinta, aunque parece cuarenta en las arrugas de su cuello, seca por la melancolía y chupada por decidir si quedarse o huir. Ella ya no es ella, ya no desnuda su cuerpo por dinero ni siquiera ante su señor. Ella ahora desnuda el alma a los cuatro vientos alzando sus sentimientos en un huracán de libertad. Atrás deja las tempestades del marido maltratador y proxeneta de su ser; aparta las manos lascivas de clientes acreedores de su cuerpo y olvida su infancia de complejos.

Ella ya es la nueva Ella, la mujer que contonea su cintura porque le viene en gana, sin orden ni mandato; Ella taconea la calle con la pisada fuerte de quien se siente aferrada a una razón por la que vivir. Ella ya no es sorda, escucha susurros «ahí va una mujer que se reencuentra». Ella ya tiene palabras de agradecimiento a quienes les da los buenos días y, de denuncia a quienes litigan maldades.

Ella ya es Ella, Ella ya sabe que ahora es Libertad ganada después de tanto amarse.

Ella ya no es un objeto, Ella es la nueva vida.

5 Comentarios

  1. Interesante. Una mujer que se libera por fin, tras años de tener quien decida por ella. Ser libre y que nadie decida por ti. Excelente relato. Buen día. Cuídate.

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