Reseña: LOS OJOS DE LA MUERTE de Eba Martín Muñoz

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Los Ojos de la Muerte, thriller psicológico, terror, paranormal.

¡Oh, ilustre señora!, ¿cómo puede estar bien

esta ventana abierta a la noche?

El aire travieso, desde la cima de los árboles,

pasa riendo a través de la reja.

Aires incorpóreos, revoltoso brujo,

entran y salen de tu aposento revoloteando,

y mueve el dosel de las cortinas

tan caprichosamente -tan temerariamente-

por encima de la cercana y orlada cobertura

bajo la cual tu alma adormecida reposa escondida,

que, sobre el suelo y por las paredes abajo,

¡como fantasmas las sombras suben y bajan!

¡Oh, querida señora!, ¿no tienes miedo?

¿Por qué y qué estás tú soñando aquí?

¡Seguro que vienes de allende lejanos mares,

atraída por este jardín!

¡Extraña es tu palidez! ¡Extraño tu vestido!

¡Extraña, sobre todo, la longitud de tu trenza,

todo ese silencio solemne!

Fragmento: LA DURMIENTE (THE SLEEPER) – Edgar Alan Poe

Cuando leí la saga de Seres Malditos y La Condesa Muerta de Eba Martín Muñoz, intuí y supe que esta joven vasca daría la campanada. No quiero detenerme en regalarle halagos ni florituras, sus formas no es la condescendencia más bien prefiere la verdad en la cara aunque no le guste lo que tenga que escuchar, porque ella no se anda por las ramas. La cuestión es que de nuevo ha confiado en mí para que lea y comente Los Ojos de la Muerte, y por supuesto no puedo no leer a la “niña maléfica” que tanto me cautiva.

No esperaba menos de Eba, sabe muy bien enganchar al lector en sus historias. Inciso, vuelvo a reiterarme, las historias de terror y paranormales no es mi género preferido, más bien en muchas ocasiones me aburre, quizás porque no necesito más miedos que la vida misma. Hecho el inciso, continúo. La autora es una escritora ya no emergente ni novel, ha crecido y ha madurado; se ha consolidado y se ha consagrado. No tan sólo en su estilo, ya hablaremos de él, sino de la trama de las historias. No abandona su género del miedo y la sangre (en su justa medida, siempre) pero sí se entrevé en ella esas flaquezas y sentimientos que le acercan a la realidad. Con ello invito y reto a Eba a que indague en otros géneros, ya que no me cabe duda que sabrá hacerlo muy pero que muy bien. Así que mi apuesta por esta escritora es total.

Los Ojos de la Muerte es en sí una “locura”. No se malinterprete, por partes. El argumento de esta historia gira en torno a la demencia o la locura, la esquizofrenia y las paranoias. Eso a simple vista no es nada novedoso, existen muchas novelas sobre ello. Y un tema recurrente. La novedad de este libro es la manera que nos la presenta su autora a modo de diarios, un personaje más, que en sus silencios escriben todas las respuestas y todos los miedos que sus protagonistas vuelcan en ellos. Azucena es la matriarca de una serie de mujeres marcadas por el destino de ésta, y la “maldición” que la rodea. Ella es la primera que vuelca en su único aliado, su diario, una realidad de maltrato y de miedos nocturnos plasmados en una ventana y los ojos que la observan.  Sus embarazos, dos niñas, Angela y Natalia, la pérdida de estas; el maltrato continuado de un marido que no entiende las pesadillas que la amenazan, la confinan al abismo de su mente.

“Dario no me comprende. Ha empezado a mirarme con una mezcla extraña de odio, tristeza y miedo. Creo que no me doy cuenta, pero lo hago, ¡vaya si lo hago! Les he escuchado hablar a él y al doctor Martínez. Dicen que estoy loca, que es cosa de familia”.

Será su hija Natalia, que tras haber pasado parte de su infancia en un orfanato después de la muerte de su madre; vuelve a la casa familiar con un padre,Dario, hasta ese momento desconocido por su ausencia. Éste, le dará los diarios de Azucena y, Natalia empezará a tirar del hilo de una madeja de lana donde los nudos se trenzan de tal manera que la realidad y verdad que descubrirá le golpeará en la cabeza como la roca de una cantera. Azucena en su “locura” encontrará los momentos de lucidez para escribir y dejar constancia y, advertir a su hija del peligro que le acecha en “la Casa de los bebés muertos”. Ofrecerá a su amada hija, los pasos a seguir para que no caiga en los mismos errores y acabar como ella. Esos diarios también son el desquicio de una mujer atormentada. La fuerza de Azucena reside en el amor que siente por sus hijas y en su protección. Una muerta, Angela, condenada desde su concepción, Angela, la Mensajera, de la muerte. Un personaje que se extiende por toda la historia representando la Muerte que aparece sobre todo en esos ojos fríos y penetrantes que agujerean las mentes. Angela es el rencor, el odio, la envidia, el dolor, la culpa, la venganza y la muerte. Sus rizos dorados y sus ojos verdes solo son la apariencia de la sangre, las garras, las uñas, los gritos…, que encierran. A pesar de saber que representa, Angela, su madre se culpabiliza de su muerte. Y ese dolor y culpa la condena a una muerte segura.

Por otro lado, Azucena sacrifica su propia vida para que su hija, Natalia viva y, viva lejos de tanta locura. Natalia, criada entre monjas, tras el abandono de sus padres, regresa al hogar familiar con dieciséis años y un diario entre las manos, regalo de sus compañeras de infancia. Su padre la espera con el desprecio, la culpa, el rencor y el odio colgado de su rostro. Un hombre huraño, alcohólico y maltratador; cuyos “actos” erizan la piel al leerlos, incluso sientes como te pringues la piel de asco y repugnancia al imaginarlos, aunque la autora con delicadeza y respeto los narra. Aunque he de decir, que conforme avanzas en la historia puedes “entender” su personalidad, el dolor que se reconvierte en “maldad”, “arrastrando la vergüenza y su rabia….”

Natalia escribe el paso de los años; su primer y único amor; sus amigas y sobre todo las pesadillas que la persiguen. Ella cuya belleza encandila, representa la educación de una época donde la religión mandaba. Siempre amable, educada, complaciente, ignorante en muchos momentos, pero ante todo inocente. Y de esa inocencia se desprende la “tontura” que en ella ven los demás. Vulnerable y moldeable, “manejable y sumisa” al antojo de los demás y de los hombres de su vida, su padre y su marido, Asier; desgasta los años en perseguir respuestas y en huir de esa “ventana” que a gritos le dice que la abra. En sus diarios describe el maltrato de un marido confundido por su condición, un hombre más débil de lo que parece, dominado por una familia de convicciones muy tradicionales y conservadoras. Asier representa a muchos hombres de los años 80 que se esconden en un matrimonio sin amor para acallar chismorreos. Su amor por Natalia, aparece muy de tarde en tarde cuando descubre a una mujer que le sirve para sus objetivos. Son esos momentos de tregua donde él le concede por su “voluntad” la gracia de que Natalia consiga avanzar en la vida. Pero de la misma manera, se la arrebata, con un zarpazo, condenando de nuevo a Natalia al ostracismo, a la confusión y al desconsuelo. A pesar de ello, Natalia madre demasiado joven para entender que es el placer del sexo y la responsabilidad de ser madre; luchará y se volcará en su familia asintiendo a todo y todos. Madre de dos hijas con apenas veintitrés años, sacará las uñas por ellas enfrentándose a sus miedos y a su maltratador. Natalia, es la dulzura y el personaje por el que sientes pena y tristeza por tanto que sufre y aguanta. Palizas, heridas que nunca cicatrizan y un “golpe” que le cercenará su lucidez condenándola a ser la niña que nunca fue . Es la disociación de la persona en tres diferentes para sobrevivir en su mundo de caos. La madre protectora, la mujer-niña que juega a servir el té y el ser devorado por la maldad que le impiden ver y hablar. Nunca olvida que sus hijas, Alba y Sonia, son su prioridad, la única razón de vivir y, como su madre, renunciará a ellas a su manera, para salvarlas de su destino. A pesar de todo ello, Natalia no empequeñece en la historia, todo lo contrario, crece de tal manera que logra captar la atención del lector en cada momento. Me recuerda a las muñecas de porcelana que se eternizan en el tiempo. Aunque haya sido hecha añicos sabe recomponerse y defender lo que más quiere.

Alba, es la otra protagonista que agota su vida en un diario. La hija que cualquier madre quisiera tener. Ella es la responsabilidad, a pesar que desde muy pequeña con apenas nueve años debe hacer frente a la nueva situación familiar. Un padre maltratador, una madre que es más niña que su hermana, Sonia de cuatro años, símbolo de la fantasía. Proteger a madre y hermana será su fin. Madura a marchas forzadas, recluida en un centro de menores y siempre con el apoyo de Juanfra, el abogado de la familia. Aprende para dirigir su futuro, independiente consigue ser la periodista que anhelaba. Casada por amor, el destino vuelve a jugar sus cartas. Y como un farol que se marca, arranca de golpe la esperanza de romper los mitos y las maldiciones de una familia condenada por unos “ojos” que traspasan las puertas y ventanas.

Eba Martín, juega con la primera persona de cada una de ellas, para acercarnos a su realidad, para retratar mujeres también condenadas por su tiempo. Desde el oscurantismo de los años sesenta, la timidez de los setenta, el despertar de los ochenta y noventa, y la eclosión de los noventas y el nuevo siglo. Mujeres sumisas, derrotadas, vulnerables, pero también mujeres capaces de sacrificarse por defender el fruto de sus entrañas. Mujeres que buscan respuestas y con ellas evolucionar con los tiempos, aunque para ello se queden en el camino o sucumban, mas siempre luchando. La autora sabe con maestría, pasar de un personaje a otro sin confundir al lector. Incluso a momentos tira de un narrador en tercera persona para cogerte de la mano y guiarte por la historia. Cada página que leía, veía a la autora como en voz alta contaba un cuento para adulto con el cinismo en su sonrisa. Con la brutalidad de las palabras en los momentos y escenas más escabrosos. Consiguiendo transmutarse en una inocente niña, cuando fuese necesario. Y es que Eba tiene madera de comunicadora, de decirte las cosas como son, de plantarse delante del público para poner los puntos sobre la i sin artificios. Y eso me hace pensar, qué en sus historias de terror, de personajes paranormales se esconde una autora cuya sensibilidad es mucho superior a lo que quiere mostrar. Es una coraza, un medio de defensa o yendo más lejos, la manera de explicar sus pesadillas sin ser descubierta y con el sentido del humor sarcástico e irónico que la caracteriza. La crudeza, de muchas escenas se dulcifican por muchas otras donde surge el sentimentalismo y la inocencia.

“No puedo presentarme en el campo de batalla armada con un pompero de jabón frente a un tanque”

Una historia de terror psicológico, miedos, abusos, culpas, sufrimiento, dolor, venganza, maltrato y muerte.  Una historia de la maternidad y la manera de ser concebida por las mujeres. Y la paternidad vista por el maltratador y machista, hedonista de sí mismo. Aunque abundan escenas de sangre no salpican al lector, más bien desgarran las entrañas. Y el escenario de todo ello, Vizcaya, para redondear la historia. Desde Santurce a Bilbao pasando por Lejona.

Estoy convencida que Eba Martín será una escritora con la proyección de una estrella de Hollywood, sin ninguna duda. Me gustaría verla en otros géneros, descubrir más de ella.

Muy recomendable a quienes busquen personajes atormentados con mucha sensibilidad envueltos de efectos paranormales. A aquellos que le gusten el terror concebido de forma original, fresco y a momentos divertidos. Me ha encantado. Una historia que cautiva y te envuelve.

“He tomado una decisión, Mickey, he elegido y elijo VIVIR, sacudirme esta tristeza y estudiar, estudiar mucho para cumplir mi sueño, ser feliz y disfrutar de mi libertad y de lo afortunada que soy dentro de lo malo. Me elijo a mí, a mi risa y a mi madre, y rechazo a la Muerte y todo lo que se ha llevado de nosotras”

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Eba Múñoz Martín, escritora

 

  Enlaces:

Amazon Los Ojos de la Muerte

@ebamiren

Página Facebook Seres Malditos

Facebook Eba Muñoz

 

2 Comentarios

  1. Preciosa reseña: meditada, sentida, respirada…. Gracias

    • Gracias siempre a ti, por confiar siempre en mí. Éxitos.

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