Desde la reflexión: la confianza

Blog literario, la escribiente

Desde la reflexión: la confianza.
#fotografia de Sergeev Aleksandr

No dejo de darle vueltas en los últimos tiempos, a un mismo pensamiento. ¿Dónde nace y dónde muere la confianza? Entendemos por confianza, la esperanza de que “algo” suceda como deseamos o bien, que “otros” actúen como esperamos; la seguridad de nuestros actos, la certidumbre de nuestros sueños. Y en esas cosas o “algo” apostamos; en esas personas creemos, en nuestros sueños vivimos. Con el paso del tiempo vivido empiezas a comprender que a veces las apuestas se pierden; las personas decepcionan y, muchos sueños son imposibles.

Todo ello me dirige a otra reflexión, ¿entendemos por igual hombres y mujeres, el concepto de confianza? Partiendo, bajo mi punto de vista, que la verdad nace a los ojos de cada uno; que la realidad la contemplamos desde diferentes esquinas; desde distintas alturas e incluso, desde la cadencia de tiempos sin compás; llego a la conclusión que muchas líneas de puntos suspensivos nos separan hombres y mujeres. No tan sólo, en un concepto tan devaluado como la confianza, sino en muchos de los aspectos y sentimientos que conforman al ser humano. Quizás, como dicen muchos, las mujeres nos dejamos arrastrar por nuestras emociones cuando debemos definir sentimientos como la fe en las cosas o en las personas. Por cierto, hago un inciso: la palabra “cosa” o el adjetivo indefinido “algo” son eso, la indefinición de lo que pensamos, es decir, esas palabras que acudimos en la agonía de no saber describir que pensamos. Hecho el inciso, continuo reflexionando.

Las mujeres, y voy a hablar en primera persona, quizás porque soy mujer y tal vez, me conozco más que a todas las mujeres en general. Y no quiero hacer afirmaciones generalizadas para entrar en un debate que no nos conduce a ninguna parte. En fin, yo la que escribe, asocio la confianza a un sentimiento de amor, como observadora, creo que muchas otras también lo hacen. No se me malinterprete, cuando confío en poder realizar un acto pongo todo mi empeño y dedicación (amor, pasión y a veces obsesión) para que sea posible su realización. Ya apareció el “amor”. Siempre que pongo mis ojos y mi fe en alguien, ya sea amigo, amante, compañero o simplemente el vecino; entrego la esencia de mí,  pasado,  presente y  futuro, todo lo vivido y lo que deseo vivir en sus manos. Vale, vale, me diréis incauta, kamikaze, masoquista… Tal vez, pero creo que todos actúan como yo, sin maldad, sin traición, sin delación. ¡Zasca! Cuando por ironías de la vida recibes bofetadas a modo de decepción, despertándote a la realidad. Amigos que huyen de tus desgracias; el amante que encuentra un cuerpo mejor; el compañero que envidia tu trabajo o el vecino que le molesta que escuche Arjona en vez de un himno nacional. Y es cuando ese “amor” en forma de sentimiento se desviste de corazón, para ser una razón más a la desconfianza.

Si hablo de los sueños, esas expectativas que generamos en nuestro cerebro, para acallar nuestro conformismo y alimentar la “ambición” de ser mejor; la creencia de su certidumbre muere en el momento que las circunstancias que pueden ayudar a conseguirlos se alían como las estrellas del Universo para estrellarte. Y el “amor” que te das a ti mismo se tambalea en una palabra que personalmente me confunde, la baja autoestima. Otra vez el “amor” a uno mismo, el quererse se cae al suelo, y allí, te pisoteas, te flagelas, te escupes a la cara los reproches de tu incapacidad.

Estoy segura que para la mayoría de los hombres viven los fracasos, las traiciones, las decepciones de forma diferente. Ellos se aferran a la tierra, y sí lloran no me cabe duda incluso sufren, se apalean emocionalmente, mas ellos después de esos momentos, consiguen poner los pies en el suelo olvidando que les hace levitar para coger pico y pala y volver a las trincheras de otra cosa, mariposa.

En cambio, esta mujer incauta, confiada, franca y simple; continua reflexionando ¿por qué tanta traición? ¿por qué tanta decepción? ¿por qué tantos imposibles? Y es que en mi realidad doy todos mis afectos, estoy segura que muchas veces no los demuestro como debiera; me muestro distante, me ruborizo a dar un beso, me cuesta en muchas ocasiones pedir consejo, no por vanidad sino por vergüenza. Muchas veces no sé escribir lo que mi corazón dicta y otras no hablo el mismo idioma del amor. La cuestión es que la confianza nace en mí y cuando me golpea lo desvirtuada que se encuentra, yo no sé coger pico y pala, ni hacer borrón y cuenta nueva. No sé olvidar a las personas, ni siquiera logro saber que es odiar. No niego que a veces la rabia se acumula en mis venas deseando estallar en un millón de insultos, mas pesa el dolor que la ira. Así que no insulto, no digo palabras insidiosas y últimamente he aprendido a no justificar mi ingenuidad al exteriorizar lo que siento. Es un debate con los actos, con “el otro”, con las pesadillas que cae en saco roto, pues al final cada uno tiene su razón.

A pesar de que el concepto, el valor de confianza cotiza a la baja en la Bolsa de la sociedad, sigo teniendo fe en ella, el respeto siempre a todos los que de alguna manera pasan y se van de mi vida; honesta con mi capacidad de realizar mis sueños.

De alguna manera yo habré roto y seguro, seré la decepción para unos o para otros. Desde esta reflexión matutina pido disculpas, lo siento. Quizás no fue consciente o no tuve el valor de confesar mi verdad ante sus ojos, o las expectativas en mí no se cumplieron. Aunque como mujer que conoce sus sentimientos mis actos estuvieron llenos de “amor”. Amor de madre, amor de amante, amor de compañera, amor de amiga.

Solo me queda buscar el consuelo de que alguna vez tomemos en serio el concepto de muchas de “cosas” que nos rodea. Seguiré confiando, tendré Fe en que hoy será mejor que ayer. Continuaré confesando mis pecados y no me amilanaré en la decepción.

La raíz del ser humano es la confianza en sus semejantes.

10 Comentarios

  1. Me siento igual que tú en ese aspecto. Desde niña he sido muy confiada y, pese a las decepciones que me he llevado a lo largo de mi vida, sigo queriendo confiar en determinadas personas. Es mi naturaleza y no puedo cambiarlo. Entonces me dicen que es porque soy buena persona. No sé si será esa la razón pero sufres, duele el alma

    • Así es, sufres y te mantienes leal a tu forma de ser, a pesar de los golpes, Queda la esperanza que al final de nuestros días nos recuerden como buenas personas. Gracias, Sandra.

  2. La confiança en les persones es necesaria. De vegades ens traeixen pero cal llevar-se i continuar fidel a l esencia d un mateix.

    • Així és, Joan. Moltes gràcies per llegir i comentar.

  3. Lo hemos hablado tantas veces…
    Puede que sigamos perdiendo, pero opto por seguir confiando. Hay más BUENO, que malo, en todo esto.
    Un beso, princesa.

  4. Y si no confiáramos que vida más triste, colapsada de malos pensamientos hacia el prójimo. Todo se relativiza, casi nuestros actos están programados por nuestras vivencias como si no quedara nada al libre albedrío porque lo más seguro es reaccionar como lo vamos a hacer, antes de que suceda, por ese maleta que cargamos “nuestra vida” que tiene tanta fuerza que cuesta dejarla, apartarla, pero aun así, como tú, odiar no entra dentro de mi horizonte, “pasar” del que me hiciera o hiciese daño, ¡sí! Olvidar, y que le “vaya bonito” como la canción mejicana, es lo mejor, bueno… al menos para mí.

    • Por supuesto, Pino intentar pasar aunque no es fácil. Gracias, Pino.

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