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A la captura de Shadowboy, novela negra, espías, thriller.

Etimológicamente, espía procede del germánico “spähen”, su significado “ver a distancia”, aquellos que obtienen y recogen datos e información encubierta y estratégica para el interés de un tercero. Y es que los espías están presentes en la Historia de la Humanidad desde sus inicios. Asociamos espías a la compra-venta de información, a la traición, a la deserción y los mercenarios. Personajes que divagan entre vender su información sin conciencia ni escrúpulos a cualquier postor a cambio de dinero y/o poder. Personajes de doble cara cuyas espaldas cubren con el chantaje, la tortura y la amenaza. Individuos que viven en el desarraigo de patria y familia, o de nombre e ideología. Y todo eso y mucho más es este libro de Adrián Henriquez, La Captura de Shadowboy.

“Así que juega con la cadena, no con el mono…, o puede que el animal te arranque los dedos que aún te quedan”

Esta historia de espías conjuga todos los ingredientes necesarios para conquistar los corazones de los cinéfilos del género. Pero marcando la diferencia en el aspecto principal. Su “protagonista” no es Daniel Craig en su papel de James Bond o Matt Damon como Jason Bourne; más bien recuerda a Antonio Ferrandis, Chanquete, en Verano Azul. Y es que Manuel Mendoza oculta a Heldrich, su nombre clave a partir de la Segunda Guerra Mundial es Shadowboy, el chico en la sombra. En la actualidad es un anciano octogenario residente en la Cuba Castrista cuya mayor pasión es la pesca en los manglares y el amor a su familia. ¿Qué secretos y misterios esconde bajo su identidad? ¿Por qué el interés de las principales agencias de inteligencia en su captura? ¿Lo que sabe puede cambiar el rumbo de la Historia?

Con un trasfondo histórico, Adrián Henriquez nos arrastra a la captura del espía más importante de los últimos tiempos. Un joven de 16 años que se inició como espía en la época hitleriana. Un apodo que se ganó por la discreción y transcendencia de sus actos. Su “físico” de “poca cosa” escondía la inteligencia fría y calculadora de un ser subestimado. Su mirada de acero podía matar en un reflejo. Su templanza, concentración y equilibrio mental desestabilizaba a los más crueles de los enemigos. Así, trabajó tanto para los soviéticos como los británicos, aunque nunca cortó el cordón umbilical que le unía al III Reich. En la década de los 50 desembarca en tierras cubanas para dejar atrás su pasado de espionaje. Reconvertido en un cotidiano padre de familia, pescador y agricultor es respetado y admirado por su generosidad por los vecinos de Tres Caminos, el pueblo donde reside. Un grupo de cinco mercenarios de diferentes nacionalidades se lanzan a su captura enturbiando su tranquilidad de viejo pescador. Presa y cazadores se ven envueltos en la aventura de intercambiar papeles y ponderar sus fuerzas. A este grupo de personajes, el autor agrega otros que aparentemente no tienen que ver con la historia inicial, pero en un alarde de integración, de ponernos en antecedentes sobre ellos, es el caso de Gerardo y de Lucía, sus historias paralelas confluirán en el desenlace final. Gerardo, el capitán de policía cubano de fortaleza física y vulnerabilidad emocional, no se rendirá ante las evidencias y en su pensamiento siempre las mismas palabras:

“La conciencia uno debe tenerla blanca, como mis ropas. ¿Tendrás tu conciencia blanca después de que hagas lo que vas a hacer?”

Su conformismo al Régimen Castrista y sus superiores, lo simula con la lealtad a sus amigos y al pueblo que lo acoge; el dolor de un amor pasado lo condena al ostracismo. Pero su deber de protección y su sentido de la justicia le catapulta a buscar la verdad

Por otro lado, Lucía, la Españolita, sobrina nieta de Manuel, llega a la isla para saber más de su familia cubana. Joven, decidida, segura de sí misma no se achanta ante nada ni nadie. Persigue y obtiene lo que desea enfrentándose a quién sea. Descubrir la verdadera Cuba, las debilidades y corrupciones de su sistema político, le provoca replantearse y cuestionarse todo. Ser licenciada en Historia, la búsqueda de respuestas a las “evidencias” se convierte en una prioridad. Es la chica de la peli de acción, aire fresco ventilando las carcomidas paredes de un pueblo abandonado a su suerte. Cuba es para Lucía un antes y un después en su vida. Cuba representa, para ella el amor y, no sólo sexo y diversión, lo que se vende en las guías turísticas. Junto a sus primos cubanos, Miguel y Mario y, el amigo de estos, Nava viven la aventura de desenmascarar la “realidad” oculta de una isla dormida en el tiempo. A través de Lucía descubriremos la realidad del pueblo cubano, atrapado en la represión, la pobreza y la sobrevivencia bajo la maquinaria de un régimen que rechina corrupción por todos sus lados.

Pero no solo estos personajes arman la trama del libro, como una telaraña se cruzan y conectan personajes con sus “historias”, argumentando su presencia y la importancia de su papel. Como el de Irina, la esclava sexual o Duanys, sargento de la policía, maltratador; henchido de ambición, rencor y posición dominante. Junto con muchos más que esconden más de lo que aparentan.

En esta historia en concreto, los buenos y los malos se confunden a ratos produciendo en el lector su empatía o antipatía según las circunstancias. Si el pasado de Shadowboy es reprobable, su historia actual, provoca en el lector empatía, a momentos compasión y siempre justificación. El lector cae en sus redes como el enemigo que intenta capturarlo, subestimando la capacidad y cualidades de un “inocente anciano”. De ahí el buen trabajo del autor, presentando personajes que se definen por la “maldad”, la traición y la venganza y, que entre escenas de acción donde la estrategia, la tortura, las armas y la muerte se presentan con toda su crueldad; el lector se posicionará a favor del que “aparentemente” es más débil.

A la captura de Shadowboy es una historia compleja por su argumento, un recorrido por la fauna humana, la degradación del ser humano ante el Poder de dominar a sus semejantes a través de la amenaza, el maltrato, la tortura y el chantaje. Nos muestra como unos titiriteros mueven los hilos de sus marionetas a su voluntad y conveniencia. Pero, además, evidencia como se puede sobrevivir acentuando el ingenio y la imaginación. La manera de girar “la tortilla” a las circunstancias a través del control mental, la concentración, la disciplina, la calma, la observación y la estrategia. Su autor nos muestra las técnicas del ataque y defensa en las artes marciales y los entresijos del espionaje.

Adrián Henriquez escribe desde la sencillez del lenguaje, y también desde la crueldad que demuestra ante hechos que lo son. Un lenguaje directo, de la calle; muchas veces malsonantes y en muchas otras tierno, cálido, cadente y nostálgico en notas de jazz en voz de Nina Simone o “sabrosón” como la salsa cubana. Un lenguaje melodioso en notas de Bebo Valdés y la Nueva Trova cubana para describir una Cuba que sobrevive a pesar de sus dirigentes. El autor no acalla palabras para describir el miedo, el maltrato o la tortura en toda su extensión mostrando toda la violencia que encierran.

Desde el misterio y secretos de una época histórica, nacimiento y caída del régimen nazi, se desarrolla una historia actual y contemporánea donde la violencia, el maltrato, la homofobia, la prostitución, el trapicheo conviven con “el fin justifica los hechos”, el miedo, el crimen, la traición, deserción, y los dobles espías. Y también esconde, el amor, la amistad y la lealtad.  Una lectura intrépida, atrayente y contrarreloj, con la pretensión de atrapar al lector en sus líneas. Adrenalina pura y dura. Una historia sin punto final y que reclama su continuidad. Un libro muy recomendable para los amantes del género negro, de espías, de la intriga y el suspense con alguna que otra historia de amor y toques de humor.

“Las guerras nunca acaban, al igual que las ambiciones. Están en la naturaleza humana. El hombre necesita de la guerra tanto como del amor”

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Adrián Henriquez, escritor.

Enlaces:

Amazon A la captura de Shadowboy

@AdrianAragorn