Ya no será San Juan

Blog literario, la escribiente.

Ya no será San Juan, relato

A veces me pregunto, por qué no puedo olvidar tu nombre. Se repite en cada rincón de mi cabeza machaconamente como una canción de verano, y es que cada letra de tu nombre insiste en engancharse en mi lengua, quemando el resto de mi vocabulario. Intento borrar tu recuerdo con otros que me ofrecen una goma de falsas esperanzas, mas el resultado son borrones que ennegrecen la hoja donde escribimos nuestra historia. Insisto en seguir leyendo, una y otra vez, esas páginas que no dejan de narrar cada beso que nos dimos al girar la esquina, huyendo de miradas indiscretas. Cada letra describe nuestras manos entrelazadas cuando robábamos los minutos al día, escondidos de ladrones de nuestro tiempo. Dos fugitivos desatando la ira de quiénes perseguían nuestros servicios, escondidos en hoteles de mala muerte, donde en cueros nos entregábamos a leer el kamasutra y reírnos del mundo, el mismo que había puesto precio a nuestras cabezas.

Mi vista no deja de dirigirse a todo aquello que tu ausencia no puede olvidar. El vaso de tu bebida, del mismo que tomaba yo, para saborear tu gusto en cada sorbo, y deleitarme en el agridulce de tus idas y venidas. Te marchabas cada noche, después que el reloj se reiteraba en cada tictac, anunciando la hora de partida. No podías velar mis sueños, pues tenías el compromiso de cuidar de otros. Pero alargabas el último beso, parando el reloj, mientras nuestras lenguas gozaban del baile de armonías entre tu cuerpo y mi cuerpo. Mas la alarma saltaba de nuevo, recordando que ya no cabían más besos ni más palabras en la madrugada. Marchabas a medio vestir, con una sonrisa de melancolía, mientras yo ocupaba el hueco que dejabas en el colchón, para poder agarrar tu corazón y custodiarlo hasta otro nuevo encuentro. Ese tu sitio, sigue estando vacío, pensando en ti, añorando tu voz a medio tono mientras me cantabas canciones de amor. Un vacío que se ahonda más en la vieja cama, destartalada de tantas tardes de pasión y, noches de reescribir nuestra historia sin poder despertar al amanecer, juntos, al nuevo día. Sábanas arrugadas que se niegan a alisarse para no matar tu recuerdo.

 No me puedo deshacer de ti, miro a mi izquierda, y tu fotografía decide devolverme un guiño de nostalgia. Tus ojos melosos y perspicaces me traen a la mente, el niño travieso que inspirabas en nuestros juegos de médicos, cuando reconocíamos nuestra anatomía, hueso a hueso, desnudos, contemplándonos sin medida. El espejo del armario nos devolvía el reflejo de dos amantes desafiando el amor prohibido. Y allí frente a frente, delante de esa luna empañada por el aliento de nuestras bocas desatadas en abrazos, nos prometíamos amor eterno. Una quimera por conquistar.

Y no te aparto de mis ojos, cuando a mi derecha aparece tu libro de poemas. El que escribiste gastando el reloj, acelerando el pulso por los versos que se amontonaban en tu pensamiento, al aprehender el amor que yo, tu musa, inspiraba en murmullos de te quiero. Un poemario dedicado con la delicadeza de tu letra, alargada y firme, rasgando el papel para dar testimonio del amor que me tenías. Acaricio tu nombre grabado en dorado, para que me devuelva tus besos que sólo son míos. Mas, como una ilusión te desvaneces para no volver jamás. No fue suficiente el kamasutra, ni siquiera las ofrendas en palabras y hechos. Menos aún, mi retrato en sepia destacando mis labios rojos de pasión, para que, aquella noche de San Juan entre el estruendo de cohetes y estallidos de esperanza por el aire; en la verbena donde los cuerpos se acercaban para insinuar su acaloramiento, decidiste que en el fuego anunciador del solsticio de verano, ardiera el libro que a medias estábamos escribiendo. Crepitaba el fuego en un grito desgarrador por no comprender tanto desamor, sin trompetas anunciadoras. Allí ardía tantas tardes de riesgos consumados, tantas noches consumidas en prácticas del amor. En ese infierno de fuego se calcinó nuestra historia, escrita a dos manos y finalizada con tu firma.

Tan solo pude recuperar las cenizas, guardadas en un cofre que decora mi mesita, cerca de la cama que recuerda tus sacudidas. Cenizas de tristeza que anhelan ser esparcidas al mar de los olvidos. Cenizas que no reniegan de cuánto te quería. Cenizas que ensombrecen mi soledad sin anular el recuerdo de ti. Y es que por mucho que quiera olvidarte, estás en mí, en cada poro de mi piel; en cada gota de sangre que corre por mis venas; en cada imagen que desatas en mi mente atándome a ti.

Tú ya no estás esta noche de artificios; ya no beberemos el mismo cava ni estallaremos en un estruendoso y luminoso repertorio de besos y caricias por el cielo de la noche. Ya no bailaremos pegaditos pisándonos los pies, entre risas. Ya no dormiremos ebrios de tanto amor. Ya no resucitaremos lo muerto en la hoguera de nuestras vanidades.

Ya no será San Juan en mi corazón ni podré leer el libro que escribimos, pues en cenizas se convirtió en otra noche de San Juan.

6 Comentarios

  1. Hermoso y triste a la vez. Para algunos esta noche es mágica y, para otros, es melancólica. La vida es así de dura

    • Así la magia de la vida: hoy aquí, mañana no se sabe. Feliz noche.

  2. Increíble tu forma de transmitir. Y es que tienes mucho duende, princesa. Un besazo!

  3. “La raíz de todas las pasiones es el amor, de él nace la tristeza, el gozó, la alegría y la desesperación”. Lope de Vega

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