El amanecer

Blog literario, la escribiente

El amanecer, relato, pensamientos.

Respiro el fresco de la mañana que entra por la ventana. Siempre la misma rutina, levantarme y abrir los postigos de mi balcón. Necesito que el aire del campo arrastre la noche de insomnio, arrugando sábanas en volteos, testigos de la contienda entre el sueño y el desvelo. Así son mis noches consumidas entre el ayer y el mañana sin pensar en el momento, disfrutar de los sueños.

El relente del amanecer lava mi cara de cualquier resto de pintura que maquilla día sí día también mi rostro. El maquillaje oculta esas ojeras que se han instalado en mi rostro décadas atrás. Ellas me vencieron en su profundidad, en su oscuridad, lastimando mi rictus en una cicatriz de tristeza. Por mucho que intente cubrir con capas de marrones, la intensidad del morado vence la batalla. Cada mañana el rocío se dedica a tocar todas mis bolsas descolgadas por tantas lágrimas perdidas, por el desagüe del lavabo; refrescando la hinchazón que dejaron mientras descendían al abismo del desconcierto. En el horizonte, fijo la mirada mientras los naranjas en todas sus tonalidades, del intenso y ácido de la naranja al incandescente y resplandeciente del limón, renacen para apartar el negro de la oscuridad. Observar como el día gana a la noche en el tablero de ajedrez que es la vida, con la muerte súbita del jaque de la reina, complace mis ojos. Ese instante entre la puesta del sol y el adiós a la menguante luna culmina con el repique de campanas de mi iglesia. Tan triste y desvencijada como yo, los parroquianos ya no desfilan para alimentarse de pan de ángel; tan sólo acoge a huéspedes fúnebres en la última despedida hacia no se sabe. ¿Cuántas veces me pregunté cómo sería ese cielo que nos prometen a toneladas de eternidad? Ya no demando respuestas ni clamo a Dios su descripción, el descrédito y las dudas se han instalado para desahuciar la fe que tenía. Mas, cuando su música golpea el día haciéndose presente es el éxtasis entre el ayer y el presente.

En ese encantamiento de posibilidades por venir, siento el escalofrío de la soledad besando mi nuca. Me envuelve en un abrazo que eriza mi piel, estremeciéndome hasta el punto del llanto. Ella no tiene compasión, más bien se ríe de su complacencia, degustando a lametazos mi cuerpo, su hambre de mí. Y yo me dejo querer en sus brazos, consuelo esta melancolía amparada por los sinsabores, de los más agrios a los más ácidos y entre ellos algo de dulce de días sin resolución. En la fusión de mi cuerpo con su sombra se engendran las horas por venir. ¿Y qué son las horas de mi día? Una línea discontinúa entre el gris de mi fatiga y el negro de mi dolor. Un transitar, zigzagueando saltos de ansiedad y, el acomodo en el vértigo. Es una ida al colchón de mis desventuras y al sofá del aturdimiento. ¿Qué son las horas? La suma de espacios huecos de futuro sin limitar. Un producto de factores aún por determinar.

Y así rayo los días, entre la confusión y la perdición; entre preguntas sin respuestas; entre el ayuno y el vómito de desesperanzas; entre recetas de mucha tristeza. Así calculo el resultado final, un hálito de números negativos sin lógica.

16 Comentarios

  1. Eso me pasa cada vez que leo tus relatos o casi siempre “Mi piel se eriza”… que forma tan especial tienes de escribir!

  2. Magnífica Dolors, sin palabras!!

  3. Me encanta leerte, pero a veces como en este relato, me entra una inmensa tristeza.
    Un enorme abrazo de luz.

    • Lo Siento, María es tal como lo he sentido al amanecer. Un beso.

  4. Lo sé, por eso me pongo triste, me gustaría sentirte un poquito mejor.
    Besos primor.

  5. Lindo, Dolors. Sigues PUDIENDO a los días. Sigues VIVIENDO.

    • Así es cada amanecer agradeciendo. Un beso y mil gracias.

  6. Inmejorable descripción de un estado anímico. Sigue así campeona. Un besazo.

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