Blog literario, reseñas

Homo: el río perdido, fantasía, reflexión.

Qué será ser tú.

Éste es el enigma, la atracción sobrecogedora

de conocer, el irresistible afán de echar el ancla

en ti, de poseerte.

Qué será la perplejidad de ser tú.

Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.

Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,

con tus ojos, verme.

Qué será percibir que yo te ame.

Qué será, siendo tú, oírmelo decir.

Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

Qué será ser tú -Ana Rossetti

Dicen que un “enigma” es aquello que encubre algo más profundo que el simple enunciado. Tal como dice Rossetti, el enigma es una atracción que te sobrecoge y en ocasiones te conduce a una espiral de círculos concéntricos que se prolonga al infinito. El juego que te conduce resolverlos es lo que produce la atracción de forma adictiva hasta el punto de la obsesión. Así es Homo, el enigma de saber quién eres, qué eres y dónde vas. Homo es un enigma además de su argumento porque es difícil definir su género. Su autor, José Enrique como un ilusionista eleva al lector a levitar en cada línea. Cada palabra es un proceso de digerir su sentido, su concepto y el porqué de su destino. Es el arte del simbolismo.

Dos protagonistas para un mismo destino. Dos seres que tienen en común descubrir el enigma de su origen para redescubrir el sentido de sus vidas. Dos seres expiando su pasado para avanzar en el futuro, buscando su destino. Dos protagonistas un mono, un “Aloutta palliatta concretamente”, mono aullador y, un hombre, concretamente un psicólogo escritor de libros de autoayuda con varios alter ego, Ignacio De.

Ignacio De está obsesionado con el origen de su apellido, De, desde su infancia. Encontrar su sentido y localizar el rio perdido que bañaba su pueblo, situándolo en el mapa será el objetivo de su vida. A partir de la presentación de su último libro, Felicidad absoluta como Juan Galván, siente la necesidad de encontrar el río que marcó su infancia y, por lo tanto, su vida posterior. Ese río puede explicar ese apellido tan peculiar y aparentemente insignificativo, que bien puede ser una preposición sin continuidad o, bien puede remontarse a la etimología de primitivas culturas fenicia, hebrea o púnica que habitaron la zona de su origen, ubicada en alguna parte de la Comunidad de Madrid. “De” es el símbolo de un grifo, surtidor o fuente, pero también es la puerta de acceso a un lugar, a un espacio, al tiempo y como no, la puerta de acceso al mundo de los sentimientos y las emociones de Ignacio, “paso de un espacio a otro, entrada y salida, puerta abierta o cerrada, como el grifo o la válvula vigilan y gestionan el paso de fluidos de un lugar a otro”.

 Un surtidor que abastece de agua ese río perdido y nunca localizado, qué Ignacio recuerda o imagina como el anhelo de una infancia marcada por las enseñanzas y los consejos de un mono, habitando las ruinas de la Casa del Contestable. El apellido “De” es para el protagonista “una metáfora (aquí viene lo extraordinario, creo) de un momento, de un sentimiento o estado de ánimo o espíritu”. En el momento actual del protagonista, “De” señala el desarraigo, la soledad y la incomunicación de este. Intentando dar contenido al “De”, el “escritor” inicia un viaje físico para reencontrarse con su padre que aún habita en el pueblo, “De”, y con su hijo, Eugenio, el cual ha decidido renunciar a su apellido. Del encuentro con su hijo se deduce la frialdad y la poca empatía que se muestran ambos. Dos desconocidos unidos por su origen; padre e hijo separados por la incomunicación; la frialdad y el desinterés del padre que durante años definió la relación paterno-filial se traduce también en el hijo. La relación con su padre, Índalo, símbolo de arraigo, defensa y protección de sus orígenes, de sus ancestros y de su tierra, De, pues es junto a otro viejo, los únicos habitantes del pueblo. La relación entre ambos se reduce en los últimos quince años al teléfono. Ignacio se dirige a su pueblo, pero no saber llegar, en un punto del trayecto se borra cualquier forma de acceso a ese lugar. La asignatura pendiente de Ignacio será el acceso a su lugar de origen pues debe encontrar el río perdido de su infancia, el que concentra la imaginación de un niño que hablaba y escuchaba los consejos y experiencias que un mono le enseñó. El río perdido que enterró amistades, sueños, ambición, prejuicios, amor…Necesita ubicarlo en el mapa para dar sentido a la realidad confundida con una fantasía que evita “lo desagradable, descorazonador, rancio e ineludible” de su vida.

De forma paralela a los momentos de Ignacio, mono nos relata la epopeya de su vida. Desde América recala en Europa para ser mono de circo; mono de experimentación; un fugitivo en busca del hombre que quiere ser. Sus habilidades, su inteligencia, su sabiduría denotan un ser superior incluso al hombre. Un mono que siente emociones tan claras y definidas como el amor, el enamoramiento, el desamor, el rechazo, el prejuicio. Un mono que siente y padece, atesora “las verdades de la vida”, el dolor, la pasión, el placer, la muerte… Desde mi opinión el mono representa el positivo de Ignacio De, mono es la aceptación de uno mismo; la autoconfianza y la autoestima. La vanidad y la arrogancia de ser superior, “Yo soy yo”. Mono a diferencia de Ignacio De, no necesita nombre, pues él se considera miembro de un colectivo que se aleja de la individualidad que confiere un DNI. En realidad mono, es la adaptación al medio, no sin ello dejar de criticar una sociedad que todo lo califica, “taxonomía”, mono representa lo que el “hombre” superior ha repudiado o castigado como la esclavitud, la pobreza. A la mente se me viene los genocidios contra judíos, indios. La persecución contra gitanos. Los refugiados huyendo de sus territorios. La esclavitud de los negros. Al igual que mono, colectivos humillados, vejados y carne de experimentos por hombres en busca de la perfección de la raza. Ignacio De,  representa ese hombre superior que abandona y se aleja de su origen en busca del éxito, seguridad, el reconocimiento y de una falsa vida que le esclaviza a unos privilegios con peaje. Ignacio De escribe dando autoconfianza a los demás, pero es incapaz de creer las palabras que escribe, por eso vive en la dualidad; vidas ficticias que oculten su secreto, sus demonios, sus sombras. Mono no actúa por instinto animal sino que sus actos nacen del pensamiento, la reflexión, de “ser y estar”, de existir y vivir. Un mono con conciencia, sabedor del bien y el mal. Un mono con recuerdos, deseos, dolor e ira; todo lo que un hombre le define.

José Enrique, el autor, despliega un arsenal intelectual y cultural en este relato, que en su inicio puede confundir al lector, pero que poco a poco el lector entra en la historia reflexionando cada párrafo. Un lenguaje culto, referencias históricas, filosóficas, literarias enriquecen aún más el texto; ya por sí prolijo. Un narrador omnisciente para ponernos en contexto a Ignacio De. La primera persona cuando es mono quién habla, el protagonista, quiero entender que es utilizado por el autor, para acercarnos más al primate y empatizar con él. Metáforas, simbolismos, polisemias son recursos que el autor se sirve para distinguir la realidad de la fantasía, reflejar sentimientos y dar significado a un texto complejo donde se cuestiona al hombre como tal y sus valores. Realmente un libro muy diferente y original, metafísico y onírico. Donde desde un punto de cinismo se cuestiona la relación entre la superioridad del hombre y animal, la conciencia y la libertad; el dogma y la fe; la enfermedad y el bienestar.

Una historia que no es asequible a cualquier tipo de lector por la complejidad de los personajes, por su sentido crítico y su gran vocabulario culto, su prosa en muchos momentos poética y siempre onírica. Un relato que se acerca a un ensayo metafísico y filosófico sobre el concepto de hombre. Reconozco y felicito a José Enrique porque hace de su libro el preciosismo y la estética de la palabra; la reflexión y crítica; la catarsis y la metamorfosis de los protagonistas que evolucionan a un desenlace que se vislumbra, mas desde el perdón y la autocritica. Muy recomendable para quienes busquen una lectura alternativa a lo común. Original, diferente, con dosis de cinismo y mucha fantasía.

“Las vidas…se van haciendo… o… deshaciendo; eso es todo”.

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José Enrique Díaz Martín, escritor

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