Yo, la tristeza

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Yo, la tristeza, relato, reflexión, pensamientos

¿Cuántas veces me he sentido perdida en el laberinto de mi cerebro? Tantas que decidí perder la cuenta. No recuerdo la primera vez que recibí el primer revés de mi vida. Apretando bien los ojos, quizás fue el día que mis amigas se olvidaron de mí para asistir al primer concierto de nuestras vidas, Mecano era el grupo elegido, y trece años era nuestra edad. La ilusión por vivir esa noche me embargaba desde semanas antes, rasgaba mi piel con los granos del primer acné. Contemplaba mi cara en cada espejo a la búsqueda de la espinilla que incordiaba con reventar mi juventud. Esa semana antes del concierto me puse a dieta, quería sentirme la reina por un día, la libertad de crecer rauda y veloz como un cohete dirección la Luna. Nunca imaginé que aquel primer encuentro con la vanidad sería el sino de mi destino. Esa semana el tema de conversación en el instituto fue el concierto, la ilusión reinaba en el ambiente. Soñaba conquistar el corazón del chico que me gustaba, ¡qué ingenua! a ritmo de Hijo de la Luna, engendrar en él la semilla del amor. La noche del concierto a punto de reventarla, vestida a la última, con la Luna llena esperando el momento de ser tributada, fui abandonada por aquellas llamadas amigas. Me quedé plantada en medio de mi habitación, mirando al techo hurgando la razón de aquel abandono. Desamparada no concedí los besos a mi primer chico, ni siquiera entoné las melodías de Mecano y menos aún, estallé en bailes con las amigas de toda la vida. Aquella bofetada en mi mejilla derecha dolió; dejó los dedos estampados pintando de tristeza mi adolescencia.

En idas y venidas con mi novio de siempre subsistí mi juventud. Años de celos y más reproches; abortos de momentos de felicidad perdidos en un banco del parque. Allí se quedaron los besos que robábamos a las miradas; germinaron las caricias que bajo el jersey alimentábamos con ahínco, desfilando entre los árboles de aquel, nuestro parque. Fue allí el principio del fin, donde creamos un universo cuyos habitantes éramos, él y yo. El tiempo nos dio la razón, habitar un mundo de dos te condena a la sumisión. Las cadenas crecen esclavizando el tiempo a la rutina. Sometiendo la aventura de crecer al enanismo de la ofuscación. Cegando el amor en simple nostalgia de una noche de verano. La desconstrucción de unas vidas brotando sin tregua al miedo de la soledad. Fueron años de dulces sueños y más pesadillas. El azote de esos momentos, nos crucificaron a años sin relevancia donde la poesía del amor no encontraba la inspiración para escribir versos. El amor murió en el momento de nacer. Negándome a enterrar el difunto, por miedo a un duelo sin lágrimas y, a una ausencia convenida. No sabía aún por entonces que de amor nadie muere por muchos golpes que le asesten. Las ojeras de la tristeza ya hicieron más mella en un rictus austero de sonrisas.

El fracaso se colgó de mi cuello en un collar de falsas perlas, cultivadas en un mar fangoso de mentiras y traiciones. La perfección de querer ser lo que no soy me inundó en un bosque de falsas etiquetas, persiguiendo la reputación denegada por el sudor y el trabajo. Los días ya no eran días, tan sólo secuencias en el reloj sin más placer que girar sobre sí mismo. La frustración marchitó mi rostro en arrugas adelantadas a su tiempo. Y la muerte rondaba mis sueños para acercarse más y más a mi desidia.

Y hoy, aquí bajo la niebla de este mi cielo, camino entre piedras de chantajes de aquellos, que hurtan mi vida bajo amenazas de desilusión. Ando sobre un fuego que me provoca la ira de saltar por encima y, vomitar la saliva que amarga mi boca. La rabia de ser la muda en un gallinero de cacareos incesantes. La ira de ser ciega ante el reflejo de un espejo quebrado por la incertidumbre. La furia de ser sólo el resumen de una página jamás contada.

Sólo soy un número en el DNI de mi existir, una incógnita por deducir de una ecuación sin numeración. Sólo soy la duda sin respuesta, el dilema que se reitera cada día. Sólo soy el plagio de un cuento sin escribir. Sólo soy el error convertido en tristeza.

Y mientras deambulo de aquí para allá en este pedregal de olvidos, fracasos, decepciones… Mientras paseo mi tristeza presumiendo de desdichas y tragedias; resucito de la muerta vencida por una segunda oportunidad.

¡Cuántos golpes da la vida! Ni más ni menos, quizás los justos y necesarios para recordarte que eres la dueña de tu destino. Y por fin, dejo de ser muda, ciega y muerta; rompiendo los muros que enclaustran tanta tristeza.

14 Comentarios

  1. Dolors, lo de los trece años fue muy duro, cruel diría yo, lo relatas de una manera que tengo la piel de gallina, las decepciones del amor, la amistad, va con la vida, es un peaje que se paga desde el momento uno. Sí, la vida da muchos golpes, somos como chicles, tenemos una capacidad de aguante muy grande. Tu talento literario es un don con el que deleitas al lector. Recibe mi enhorabuena.

  2. Todas esas decepciones y penas han hecho de ti la mujer que eres. Sacas provecho como nadie a la nostalgia. Y, aunque me gustaría conocer de ti también las alegrías, esas letras salpicadas de lágrimas son maravillosas. Enhorabuena, Dolors.

    • Muchas gracias, Laura. La vida te enseña pero deja huella. Obviarlo es la negación de quién eres. Un beso.

  3. Es muy melancólico y triste y has mostrado que te conoces a la perfección.

    • Es que son muchos años conmigo misma. Gracias, Sandra. Un beso.

  4. Un relato auténtico, pero muy triste. Te entiendo. La vida está llena de momentos grises, muy grises, y negros muy negros. Pero no nos debemos refugiar ni recrear en ellos. Cuando caigo en la melancolía me “obligo” a pensar en lo bueno que me rodea. Y digo me “obligo” porque hay días en que cuesta mucho encontrar motivos. La perfección no existe y quien la procura acaba siendo infeliz. La rutina es la muerte en vida y nada peor que no tener ilusión. Dolors, explota tu talento literario y dale luz. Que el sol brille en cada relato. Porque tus amigas no te fueron a buscar, pero el sol sale cada día para ti. Un beso.

    • Muchas gracias, estoy en ello de aprender y explotar lo que llevo dentro. Gracias, de verdad.

  5. Una poderosa y concentrada autobiografía de sentimientos y pensamientos. Gracias por compartir, Dolors.

  6. Yo que además de escribir, he boxeado muchos años soy de los que pienso que no se pierde un combate por caer al suelo. Se pierde cuando no te levantas. Adelante con todo. Las derrotas ayudan a ser más fuertes y vivir con mayúsculas. Cuídate.

    • Siempre me intento levantar, Fernando. Gracias, de verdad. Un beso.

  7. Iniciar una mañana con tus líneas, fue reencontrarme conmigo y juntas recorrer la tristeza de la vida que nos permite disfrutar cada momento
    Gracias por compartir

    • Muchas gracias. Espero podamos recorrer más momentos. Feliz día.

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