El ladrón de momentos

Blog literario, la escribiente

El ladrón de momentos, relato, reflexión, emociones

Aprietas mi cuello, dejando tus huellas en mi piel blanca y cetrina, por esta melancolía que se niega a abandonar el amor que me prodiga. Ciñes tanto tus garras, que siento el zarpazo de tu furia rasgando este cuerpo que se empequeñece ante tu sombra. Has ido robándome los días, las semanas, los años tan sutilmente, con el guante blanco de tu sofisticación; ahora das el golpe de efecto con la rabia de ser delatado por tus cómplices, saqueando mi vida. Tú y tus cómplices, raptores de inocentes buscando el rescate que les solucione la existencia. ¿Y qué mayor rescate es una vida? Eso queréis de mí, cada instante que resguardé de bandidos como vosotros, buscando el cobijo seguro a tantos recuerdos que me dieron la felicidad. Y llegaste tú, el maldito que espantó a todos mis pretendientes de alegría. Tú, ladrón de arte, me robaste hasta el cepillo para enloquecer mi melena.

No te has conformado con apoderarte de mis pobres bienes; ese poquito de esperanza que acumulaba debajo de la axila; o la mínima libertad de caminar por mi calle, sin ser asaltada por maleantes como la desidia. Dejé la libertad protegida por mi lengua, y ante ti se desató para escupir mentiras que engendraron mi soledad. Tú, indigno de los timadores, me engañaste con falsas promesas de éxito, y sólo me regalaste vanidad que se perdió en un espejo. Del espejo sólo tengo un reflejo opaco cegado por tu incandescencia, abrasando mi amor propio mientras la traición se ríe de ella.

Ya no me quedan propiedades ni moneda de cambio. Tu chantaje corrompió mi humildad y, también la generosidad; ambas se consumieron ante ti como una vela se extingue cuando la llama se apaga. Tan sólo me queda este vestido de soledad hecho jirones por tanta tristeza y más aún por la desilusión. Jirones de olvido deshilachados por la rutina, modista sin patrones por diseñar. Retales de amor ensuciados por las mentiras que te acompañan en tus golpes de suerte.

Deseas comprimir mi yugular para envenenar mi sangre de enemigos pecadores, por los vaivenes de un mundo de dictadores henchidos de poder.  Presionas amoratando mi cara, mientras el aire se enquista en mi nariz, taponada por algodones de maleficencia. Y te enfrento buscando tus ojos, para que veas como muero en tus manos ensangrentadas por tantas muertes; para que observes el dolor que me ocasionas. Yo, que sólo quería vivir sin más, rodeada de aquello que mi trabajo cosechaba: amigos, poesía, pensamientos, amor… Tú te presentaste, un embaucador con una máscara invisible de perfidia, traición e insidia. Un estafador vendiendo humo de fidelidad y lealtad disipado con la alevosía de la nocturnidad.

Tú, mi miedo contempla tu obra, un deshecho amorfo sin piel ni huesos, sin sangre ni siquiera razón. Observa a tu víctima y ríe como lo haces delante del espejo, con tu arrogancia de saberte ganador. Mas aún, me queda la última palabra antes de expirar el último aliento. Te reconozco, y te digo: ya no te tengo miedo, muero sí, porque yo quiero.     

4 Comentarios

  1. No, no mueres, renaces llena de sabiduría, son esos momentos malos que llega a la vida de todos, quizás nos enseñen cautela que no desconfianza, pero no des más satisfacción de la necesaria, no cambies, no merece la pena. Como siempre Dolors, tus relatos están escritos con tanto sentimiento que viven en el pape y todos nos sentimos decepcionados y engañados, pero no, no merece la pena. Mi enhorabuena por un relato que hace vivir lo contado.

    • Mil gracias, Pino, eres una de mis mayores motivaciones.

  2. Hermoso,Dolors. Siempre te digo lo mismo. Desde luego, te dejas llevar sobre el papel. Enhorabuena!

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