¿Quién dormita? de Daniel Verástegui

Blog literario, relatos

¿Quién dormita? cuento

Debido a las circunstancias por las que se están viviendo en Venezuela, Daniel Verástegui me remitió este texto, para publicar en este blog. Pues, le resulta imposible acceder al suyo.

Con esta entrada muestro mi solidaridad con el pueblo venezolano, la libertad de expresión, la libertad de un pueblo no se combate con la violencia. Realmente sé, por amigos venezolanos, por las circunstancias críticas personales y globales de ese pueblo. Situación que se extiende a muchos otros países qué, en este planeta, Tierra, están presentes.

¡¡Basta ya de tanta violencia!! Esa es la herencia que dejáremos a nuestros hijos: la devastación moral y ética del ser humano; la destrucción de nuestra madre Naturaleza.

¿Quién dormita?  Lo que hacemos. Así fue el apodo con que conocí a mi admirada y límpida vida. Estaba al cuidado de una hacienda de un hombre muy rico, al que mi papá sirvió por muchos años antes de su muerte. Mí dejó como herencia y para sus demás hijos todas sus posesiones, tales como sus entradas a la cárcel y un conjunto de deudas, que hasta ahora seguimos pagando luego de que se ha cumplido un año de su muerte. Crecimos bajo el yugo de su brazo, cosa que sucedió seguidamente cuando hemos sido esclavizados por nuestros antecesores, tomamos las conductas diferentes. Muchas veces estando mis hermanos y yo, muy chicos. Nos avergonzaron las veces que a nuestra casa que era un pequeño rancho, que no quedaba muy lejos del pueblo.  Pero era causa común de que casi siempre nos estaban tumbando la puerta, antes de que asomara el día, algún cobrador o vengador de deudas. Los hijos de mi padre que fuimos cinco, dos se marcharon al cumplir su mayoría de edad y tres, que quedamos aguantando los aguaceros de sus fechorías. Mi madre siempre estuvo en casa haciendo los quehaceres del hogar y aunque no eran muchos, pues en una casa donde ronda la vagancia, suele gobernar la decidía. Mi padre la mayor parte de su vida que en verdad es lo que me acuerdo, luego de que una vez salió de una de tantas veces, que estuvo en prisión, fue a servirle a hacendado y recogía parte de sus cosechas. En pago de una vieja deuda que adquirió a su voluntad por fianza de mi padre, y canceló de unos cuantos años, que le faltaron por cumplir la prisión, para terminar su condena en la cárcel; por motivo amigo lector que no deseo exponer, pues me extendería en el cuento y forma parte también de otro, que les contaré en su momento. De lo qué si les puedo adelantar, fue que mi padre asesinó a un portugués, en una taberna, en defensa del hacendado; y como mi padre era un Cristo para meterse en problemas. Dio muerte al portugués, con un palo de madera golpeándole la frente, cosa que sucedió en medio de una borrachera. Que para cuando pasó la noche, mi padre estuvo junto con el hacendado llamado Derso Rico, el cual, como no fue el que empuñó el madero, fue absuelto por las leyes impuestas por la comisaría, mismas que descansaban en los principios onerosos del dinero. Bueno. Así fue que comenzó la amistad de este señor con mi padre. Cuando pasaron algunos años, mis hermanos y yo, que somos tres los que en el hogar quedábamos, porque los otros dos no quieren saber nada de nuestro apellido, por temor a meterse en problemas, esto debido a la mala fama que se había granjeado mi padre a través de los años. Mi padre creo que llegó a robarse hasta las limosnas del monasterio, cosa que no fue difícil de comprobar pues, cuando tuvimos mis hermanos y yo, un poquito más de conciencia, nos fuimos dando cuenta y hallando razón del porqué, mis hermanos mayores, no querían saber nada de nosotros.  Así con esta herencia tan hermosa, que nadie es culpable de cómo le sonríe la fortuna, y como dicen algunos acomodadores de la palabra, arreglándola para los malos momento “Al mal tiempo buena cara” Como que si a veces mereciéramos algo que no andamos buscando. Bueno para seguir contando el bien y mal de esta historia, que ya el mal se lo expuesto en el baúl de mis tesoros. Ahora les hablare de lo bien que me fue cuando conocí al señor Rico, el albacea de mi padre. Uno jamás sabe dónde terminan las deudas hasta que se da cuenta, de que el burro se sujeta a la carga hasta el punto en que prefiere la muerte antes de seguir llevando el peso. En mi caso no elegí la muerte, pero en un tiempo en que serví por muchos años de gorras al señor Rico, estando con él en sus tierras le pedí que hiciéramos un contrato, donde daba por terminada la deuda que tenía con mi padre difunto y comenzaríamos él y yo, una nueva cuenta. Cosa que le pareció interesante, vista de que mi padre tenía varios años de muerto y yo, estaba en edad de poder casarme y así, aproveche la oportunidad de exigir mi libertad, que por gracia divina nos merecemos. Entonces sucedió que una tarde luego de que comente con el señor Rico de mis planes de contraer matrimonio, con una moza que no les había comentado, pues ustedes saben que el comienzo de esta historia da para contar algunos pormenores, antes de que. Su principal motivo fue comentar de la vergüenza que solemos cargar entre la gente, como una especie de mancha que dejan vuestros padres y nosotros debemos llevar, sin ni siquiera ser protagonistas de su historia. Pero así pasa. En tanto, para seguir contado la parte que me hace por fin, participe de este momento. De mi les contare. Que estuve trabajando por unos quince años para el señor rico y él en pago o regalías, como solía decir, me daba parte de su cosecha para que en mi casa comiéramos, yo siendo un negro habilidoso que en esto me jacto en el pueblo de ser. Comencé  con limpiar un pequeño espacio que quedaba detrás de la casa de mi madre y allí comenzó lo que hoy tengo. De las sobras de hortalizas, comencé con una pequeña hectárea, que antes era un terraplén inclinado y yo, con mi hermano Hildegart, hicimos a fuerza de escarbar el cerro del lugar, un espacio excelente que llegó a niveles comunes, que captaron la mirada de los vecinos envidiosos de la zona, pues amigo les puedo decir, que no camines algunos metros fuera de tu casa, para que sientas la mirada de alguno que te desea mal sin haberle hecho nada. Nuestra casa quedaba en lo alto de una montaña y descendía en un terreno hacia un pequeño río casi muerto, que estaba en el fondo de la hondonada. Era como una especie de círculo que era flanqueado por las demás casas y entonces, la parte que mi hermano y yo, hemos logramos nivelar, quedó ante los ojos de las demás. Esa parte que la gente usaba para fumar o sentarse en la parte trasera de sus ranchos, para colgar algún chichorro o tomarse alguna botella de licor. No pasó mucho tiempo en que las miradas comenzaban a inquietarse con el avance que experimentaba nuestro proyecto. El maíz comenzó crecer de tal manera, que los elotes se inclinaban hacia el suelo con su peso, y ellos copaban la mayor parte de la pequeña hectárea, limones dulces, que daban razones a sus tamaños y colores. Una multiplicación de quinchonchos, que dio abasto para poder regalar y compartir con los más cercanos y hasta el extremo de convertirnos en poco tiempo, en facilitadores y solucionadores de las necesidades que persiguen a la gente. Creo que hoy, nuestro único esfuerzo estuvo dirigido en no querer seguir cargando con una herencia que no merecíamos, y además de que el trabajo forma parte esencial para salir a delante, así fue que mis hermanos y yo, sin pensarlo nos convertimos en lo que hoy somos. Mi hermana la menor llamada Florencia. Hoy se está yendo a estudiar fuera del  pueblo, es un orgullo para la familia, que por lo menos alguno de nosotros pudiera alcanzar un grado de educación, que la dificultad no fue posible y pudimos con el esfuerzo y dedicación, ayudarle alcanzar su meta; la misma que se vuelven parte de nosotros cuando deseamos el bien para nuestros hermanos. Quedamos en el momento en que le pedí al señor Rico que deseaba casarme, sin embargo el dudaba en que yo fuera capaz de mantenerme. Cosa que yo me había asegurado durante el último año en el que había decidido casarme con la que hoy es mi esposa. Bueno luego de que le plantea al señor Rico que dejaría de trabajar para él, aproveche para decirle algunas verdades. Dado que por muchos años humilló y se sirvió de mi familia, cosa como aquella en la que mi padre por salir en su defensa tuvo que pagar un buen tiempo en la cárcel. El no se inmuto con ninguna de mis quejas en vista de que yo a pesar de mi miseria, la cual, no hizo mucho efecto para que yo creciera y me hiciera un hombre robusto. Entonces el escuchó en silencio todas mis quejas y hasta en un momento creo que note, que se llenaban de algunas lágrimas sus ojos, porque parecía que me tenía cariño, cosa que jamás logré descubrir, pues él siempre estaba en su escritorio sacando cuentas, sin que prestara atención al mundo y entre ellos yo, como si no existiéramos. Bueno o malo de esto, ya hacen varios años de los que pude saldar la cuenta de mi padre y hacerme el dueño de mi propio negocio, del que hoy abastezco parte de la comarca donde vivo. Mi hermano hizo también lo propio, como dicen los mexicanos, cuando desean expresar que otro imita. Compró un pequeño local y de lado construimos su casa, donde vive con mi madre que ya vieja esta. Yo paso parte de mi vida entre esas dos casas y el huerto, que tenemos que vigilar en vista de que nos hemos tenido que multiplicar, para poder mantener lo que hemos hecho. Y dejarle al mundo la moraleja, de que uno es el fruto de su propio trabajo, y que esto no existen historias escritas sino esas que escribimos con nuestra propia pluma. Con la mejor intención de dejar para nuestros hijos, por lo menos que cuando se nos nombre, una honorable limpia vida

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Daniel Verástegui, escritor @DaniVeras69

Enlaces:

Su página de autor en Amazon

 

4 Comentarios

  1. Creo que lo relevante en este caso es el esfuerzo de superación que ha hecho este hombre, en unas circunstancias adversas.

    • Así es, como su autor que no deja de luchar por su país y los suyos. Gracias, Lucas. Saludos.

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