Tiempo sin aire

Blog literario, la escribiente

Tiempo sin ira,drama, suspense, guerrilla

País: España

Año: 2015

Duración: 101 min

Guión:Samuel Martín Mateos , Andrés Luque Pérez

Intérprete:Juana Acosta, Carmelo Gómez, Adriana Ugarte, Félix Gómez, Juan Pablo Shuk, Toni Acosta

Director de fotografía:Juan Carlos Gómez

Producción:Gerardo Herrero

Música:Xavier Font

Director:Samuel Martín Mateos , Andrés Luque Pérez

SINOPSIS

María es una enfermera colombiana que perdió a su hija a manos de tres paramilitares. Con sed de venganza y una foto que encontró en su casa de Iván, uno de los asesinos, María viaja a Canarias a buscarlos acompañada de su hijo. Allí conoce a Gonzalo, un psicólogo escolar que la ayudará en su incesante búsqueda.

Me despierto con las imágenes crudas y duras de la película de anoche. Había olvidado el placer de disfrutar de una buena sesión de cine, quizás hace casi un año, que no dedico una parte de mi tiempo a disfrutar de una de mis pasiones, el cine. El cansancio, la oxigenación mental, desconectar de los problemas, runrún constante en mi cabeza; olvidar desagravios, el dolor de la enfermedad o, simplemente la nostalgia; me llevó a plantarme delante del televisor buscando algo que mirar. No voy a entrar a escupir sobre la basura que muchos dicen, qué es la parrilla televisiva. Pienso y creo que tenemos lo que queremos; cada uno escoge lo que desea ver, por suerte existe el mando a distancia, pero más allá de ello, los espectadores consentimos y aceptamos que otros decidan por nosotros. Y el que busca encuentra aquello que desea. Quizás algún día escriba mi teoría sobre los que muchos, qué se consideran intelectuales, denominan “programas basura”.

El caso, que volví a retomar el curioseo por la 2, ese canal que todo el mundo dice ver, y qué en realidad pasa desapercibido como muchos de buenos escritores que leo y no llegan a los lectores. Y casualidades de la vida, o cómo diría mi buena amiga argentina, Maru, un mensaje enviado por los ángeles; pues justo empezaba Versión española. Cayetana Guillén Cuervo introducía la película, mientras yo acababa de leer Venganza de Jorge Urreta. De lejos escuchaba el eco de su voz en un murmullo, tengo la costumbre de tener el sonido apenas inapreciable al oído humano para que no interrumpa mi trabajo; cuando oí palabras que captaron mi atención: madre, venganza, Colombia, paramilitares.

Cerré mi Ipad, mis libros se almacenan allí ocupando el lugar que mi pequeño piso no puede acumular; me metí en la cama, para sentir el calor que mis huesos necesitan, subí el volumen del televisor y las primeras imágenes aparecieron. Un pueblo de la selva colombiana donde María, una Juana Acosta fantástica, madre colombiana y enfermera enfrentándose a un grupo de paramilitares para proteger a sus dos hijos y su suegro. La entereza y osadía de esa mujer ya me conmovió. La película avanzó, hasta el momento de la escena clave en el que giró todo el resto del film. María, regresa a su casa días después al enfrentamiento, su suegro yace entre lágrimas y desesperación en una butaca y entre sus brazos, su nieta de 13 años. El dolor de esa madre me inundó en lágrimas, una escena donde la humedad del ambiente, la degradación y la miseria del lugar se mimetizaba con la perversión de los actos que María tuvo que escuchar de boca de su viejo y condenado suegro. Los ojos de María traspasaban la pantalla, en ellos la rabia, el odio, el dolor y, ante todo la venganza, se leían sin más palabras. De repente esa madre dejó de estar viva, para descender al infierno intentando revivir a su muerto.

Desde ese momento, María decide viajar a Santa Cruz de Tenerife pues, como se sabrá después consigue una fotografía de uno de los mercenarios. Su obsesión le llevará a ocupar parte de sus horas a la caza de Iván, el mercenario. No sólo María ha sufrido el dolor y la pérdida de su hija; precisamente, su hijo de 11 años fue testigo de los actos, oculto en algo similar a un armario. Hechos que no le dejan avanzar como niño ni integrarse con los demás. Por suerte aparece Gonzalo, interpretado por un Carmelo Gómez muy diferente al habitual, psicólogo del colegio al que asiste el niño. Decide ayudarle y a María también.

María sólo vive con un objetivo: vengar la muerte y violación de su hija. Y cada día sale a buscar a ese Iván, y Gonzalo le ayuda en su obsesión. La película entre flashback y evoluciona con los personajes a un desenlace donde cabe la esperanza a empezar de nuevo, pero también el sabor agridulce de una verdad difícil de digerir.

“Por algo no nos pusieron ojos en la espalda” es la frase que corona esta película y que encierra la certeza de que mirar al pasado no redime los pecados, no resucita a los muertos y no mitiga el dolor. Mas, no puedo olvidar que la venganza es un acto humano, los animales sólo matan por supervivencia, ¿y los hombres? ¡No!, los hombres no sólo matan por sobrevivir, matan por placer, matan por locura, matan por poder; matan por matar. No puedo dejar de empatizar y ponerme en el lugar de María, soy madre y mi hija es mi todo; pero no sé si el odio y la venganza sea la solución a tanto dolor. Sin intentar de asimilar circunstancias, en mi vida he tenido más que motivos para que la ira domine mis días, en cambio, mi respuesta fue el silencio, cicatrizar la herida a base del perdón y el olvido. Pero ¿se puede perdonar un acto tan cruel y bárbaro cómo la muerte de un hijo? No quiero pensarlo. De una cosa estoy segura, se muere estando vivo.

A pesar de todo ello, María supo llegar a un final dónde empezar de nuevo es posible, agarrarse a la vida, aunque sea del hilo que pende del balcón por el que te quieres lanzar. Y ese hilo aguanta tu peso, tu pasado y tu futuro. La memoria de los hechos, quedan, pero saber mirar al frente debe ser más poderoso que girar la cabeza al pasado. Por eso, no tenemos ojos en las espaldas, para no ver que dejamos tras nosotros.

Hoy siento el pesar de esas imágenes descarnadas, la realidad de una guerra y otras guerrillas encubiertas que consentimos en Colombia, y en otras partes del planeta: Venezuela, Siria, México, El Salvador, Honduras, Afganistán, Ucrania, Libia, Palestina, Nigeria, Chad, Mozambique y otras más. La degradación del ser humano hasta el punto de matar a su semejante por el arte de matar, no existe justificación ni dioses a quién encomendarse, para actos tan atroces, inhumanos, despiadados…

La sangre no debe ser derramada para escribir la Historia de la Humanidad, ni la historia del individuo. La sangre alimenta nuestro cuerpo, sin ella no vivimos. La sangre es la fuerza que nos debe impulsar a emocionarnos, a cumplir nuestros sueños, a alzar la conciencia al cielo en un cáliz de bondad, generosidad y solidaridad.

Muchos pensarán, contrariando a mi buen amigo Roberto que siempre me riñe por pensar por los demás, que soy una ilusa, una ingenua y hasta una pánfila por mi forma de contemplar el mundo. Acepto todo ello, si les hago felices. Es mi hartazgo ante tanta injusticia; el desaliento por quién sufre en carnes propias la violencia; el hastío ante tanto conformismo y el agotamiento ante tanta maldad, lo que me arrastra a aferrarme a un clavo ardiendo. Un clavo que quema mi mano, pero prefiero ese dolor a la condena del fuego eterno. Deseo perdonar que el despecho envenene mi alma. Mis lágrimas por el llanto de otro.

María acumuló el odio, la rabia, la ira, pero una vez se vengó, descubrió que nunca más podría abrazar a su hija; y el dolor seguía latiendo en su corazón. Tuvo que buscar otra razón para levantarse cada mañana, y fue el amor. El amor a su hijo, el amor a Gonzalo y el amor a su hija muerta. El amor al presente, es lo que nos queda, es lo que tenemos.

Hace mucho tiempo, años ya, dejé de acumular en mi mirada la rabia y el odio; comprendí que no podía ser la razón de mis días, abandoné la idea de inflingir el mismo daño que el infringido. ¿Qué conseguía con ello? Acumular más y más odio, y muchos más enemigos. No soy la Madre Teresa de Calcuta ni lo pretendo, no niego que muchas veces gritaría, daría un golpe sobre la mesa e incluso abofetearía a más de uno. Pero, eso me dura un instante, el suficiente para decidir perdonar.

Quizás, si realmente pusiéramos más en práctica lo que según dicen que Jesús dijo: Ama a tu prójimo como a ti mismo, el mundo sería mejor.

El dolor no se combate con más dolor.

 

4 Comentarios

  1. La estoy buscando, buenos argumentos. Abrazos.

  2. Tiene pinta de ser una buena película. Habrá que verla.
    El amor y la venganza. Buen argumento y buenos actores.
    Buen día.

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