Reseña: LAPSO de Eduardo Martos

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Lapso, relatos, reflexión, muerte, vida

“Ser, o no ser, es la cuestión!—¿Qué debe

más dignamente optar el alma noble

entre sufrir de la fortuna impía

el porfiador rigor, o rebelarse

contra un mar de desdichas, y afrontándolo

desaparecer con ellas?

Morir, dormir, no despertar más nunca,

poder decir todo acabó; en un sueño

sepultar para siempre los dolores

del corazón, los mil y mil quebrantos

que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara

concluir así! Morir… quedar dormidos…”

Hamlet – William Shakespeare

Empezar una reseña tomando como referencia a HAMLET es todo un reto para mí. De la misma manera, ha sido leer LAPSO de Eduardo Martos, un libro con tantos simbolismos que te conducen a la reflexión constante, sobre ¿qué y quiénes somos?, hacía donde dirigimos nuestros pasos, la huella que dejamos y el sentido de nuestra vida. En definitiva, la vida y la muerte, tal como nos define como personas. El LAPSO, ese hueco en el tiempo entre una parada de autobús y otra, o el lapso, ese error que cometemos ante un olvido o el vacío de nuestra mente.

Eduardo Martos nos presenta un libro de relatos y microrrelatos, cuya temática principal gira entorno a “ser o no ser”, “vivir o morir”. En cada relato o microrrelato la muerte y la vida se presenta de diferentes formas. Desde el parricidio en 50 Palabras, el suicidio y la disociación de la persona en Barba, el ataque animal en Chucho, el asesinato en Daisy. Formas de morir donde la persona se enfrenta a la soledad de la muerte, a la ausencia en la vida, morir en sueños matando como en Delicioso bocado, o el fantasma que transita en un mundo de vivos sin ser reconocido, ¿por qué los muertos saben que han muerto? ¿qué ya nadie les recuerda? Situación que se plantea en Desvanecida “Cuando por fin logra sentarse en el sofá, ni siquiera se molesta en alargar la mano hasta el periódico y ver su esquela, que con gran acierto marca el día y la hora que en ese preciso instante señala su reloj de pared” Y es que Eduardo nos plantea constantemente el sentido de la muerte, si somos consciente del tiempo y espacio que ocupamos en el Universo, recurre con frecuencia a los clásicos, sobre todo a Heráclito, su concepto del mundo basado en el principio de su continúa transformación y movimiento, debido a la contradicción de la razón. Y es que lo que hoy pensamos o percibimos no tiene que mantenerse en el tiempo. Por eso crecemos física y emocionalmente, adaptándonos a las circunstancias y a nuestros principios y valores. Y en el hombre, y en el mundo radica la contradicción como en el Alma Cálida, la percepción que tenemos de nosotros mismos no debe coincidir con la que tienen los demás. De nuestras acciones y nuestras omisiones define quiénes somos para los demás. A partir de interpretar la visión de los demás, sobre nosotros mismos, y cómo nos definimos, creamos una identidad, que en muchas ocasiones choca de frente con lo que la sociedad espera de nosotros.

“Empezaba a hacer frío, así que el Inútil se arrinconó para escribir la prodigiosa historia de su mundo”

Relatos metafóricos, aparentemente sin sentido, para poner en evidencia aspectos del hombre como la dependencia y el acoso emocional en Consultoría. La lógica y el sentido común en el Autodeterminado Método, el recuerdo y el olvido en El Barranco “¿qué hay más perverso que una mujer que guardaba un recuerdo perfecto y dejó de recordar; una mujer que olvidó ese recuerdo perfecto y ya no puede recordar?”  Lo efímero del tiempo y cómo no paramos atención a la vida misma, los cambios que sufrimos al vivirla, y cómo tenemos la herramienta más perfecta que existe para atrapar la Historia y transmitirla, que es la palabra, el lenguaje escrito u oral, y en ella perdemos la noción de quién somos, todo ello un relato intenso y profundo en El cazador del tiempo, evidencia el fracaso, el prejuicio, la arrogancia, lo efímero, “la seducción de la palabra” y la importancia de los detalles, la voluntad,  la ausencia… “No eres más que una serie de palabras que, como la melodía de su relato, flotan en la nada”

El autor nos lleva de la mano por relatos que en ocasiones provocan en el lector la sorpresa y el terror, y en ocasiones, nos muestra una cara más amable, para evidenciar la “pobreza emocional” de nuestra sociedad, otra vez la contradicción, entre el amor a la humanidad y la pura supervivencia, desglosando que “se había olvidado de la vida, de los sentimientos, por una humanidad que no lo merecía. La ciencia les hubiera proporcionado un camino hacia la perfección, y ahora la usaban como una vil herramienta desesperada” en El fin. O en El mosquito de la conciencia, metáfora de cómo transmitir el conocimiento. Homenaje a Julio Cortázar en El Templo azteca para en una recreación onírica sobre el miedo y la soledad.

Eduardo Martos deambula en un mundo de sueños, de Naturaleza, a veces grata y muchas otras cruel, una realidad sombra de muchos pensamientos, con temas recurrentes: la conciencia, la muerte, la identidad, la soledad, la locura, la violencia, el terror, el vacío, la confusión, la culpa, los desconocidos, los extraños, el dolor, la palabra, el olvido, el recuerdo, la ausencia, la rabia, la ira y la denuncia social. Emociones y valores que forman parte de la esencia de las personas, transmitidos con muchos simbolismos, metáforas y paralelismos con la Naturaleza, propiamente dicha, perros, insectos que pueblan algunos relatos, reptiles…escenarios como el mar, cuevas, montañas, cementerios. Y por supuesto la realidad.

Con una narrativa directa, sin tapujos, pero sin rayar la vulgaridad, muchos relatos en primera persona y otros con un narrador que se implica en la historia. Referencias literarias a Shakespeare, Heráclito, Zorrilla Cortázar

Un libro que deleita y pone en jaque a la mente, para reflexionar y hacer un trabajo interior sobre nosotros mismos. Un libro pequeño con un gran contenido, que se puede abrir por cualquier relato, aunque hayan algunos conectados entre sí.

Yo que me considero defensora de este tipo de libros, relatos cortos que no cansan al lector en historias, que en una novela larga estaría llena de giros forzados por querer hacer un libro, y que al final no tienen pies ni cabeza; este libro consigue enganchar al lector, para leer de un tirón cada uno de los relatos. Derrocha originalidad, mucho aire fresco, por las historias tan irónicas, paradójicas y surrealistas que describe. La exactitud de las palabras para expresar pensamientos. Muy recomendable para todos los que les gusten los relatos cortos y, aquellos que se dan un tiempo para la reflexión y el autoconocimiento. Personalmente me ha encantado por su desgarro a veces, su crueldad otras, y más aún, porque no te deja indiferente.

Destacar el fin benéfico de este libro, indicativo de la generosidad de Eduardo Martos.

Olvido

« Ojalá pudiéramos habitar la Luna algún día…»

─ ¿Qué lees?

─ Viejas leyendas de la vida en la Tierra”

 

 “El Tiempo encadenado a otros Tiempos”

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Enlaces:

Blog Lapso. Se puede adquirir el libro en este enlace.

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