Reseña: LA CONDESA MUERTA de Eba Martín Muñoz

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La Condesa Muerta, novela negra, fantasía, paranormal

“A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa.”

Edgar Allan Poe (1809 – 1849)

La confianza que deposita Eba Martín en mí, para valorar sus libros, es proporcional a mi certeza de que leer cualquiera de sus libros será disfrutar de una gran lectura, sin decepción alguna, además de mantener mi sonrisa en todo momento.

No negaré, y en un acto de respeto por el lector de esta reseña, que Eba es una de mis escritoras preferidas. Y debo hacer un inciso y una aclaración. La primera vez que contactó conmigo, para que leyese Seres Malditos, pensé, «ufff, vaya rollo, terror, más de lo mismo» pero, fue leerla y rendirme a sus pies. Y es que esta joven autora tiene la madera y la inspiración para aportar, crear e innovar escribiendo. Desde su primer libro soy adicta a sus relatos.

En esta ocasión, la autora, abandona a los vampiros, para centrarse en otro tipo de fantasmas, sin abandonar la realidad. Y es que a Eba le gusta combinar en sus relatos de terror y fantasía momentos más contemporáneos.  En La Condesa Muerta, combina dos épocas que aparentemente corren paralelas, distanciadas por los siglos, pero que por la maestría y el ingenio de Eba confluyen en el tiempo.

La primera historia tiene como escenario Cowland (Inglaterra), año 1707, un día de primavera, 7 de abril. El Conde Sangre, William Cowland, y su mujer, Elisabeth, forman un matrimonio de nobles, donde la maldad de él y los encantos “femeninos” de ella desencadena en una historia cuyo terror, sangre, muerte y fantasmas se prolongan por los siglos hasta julio del 2005. La muerte en extrañas circunstancias de una española rica , en un hotel de Nápoles, pone en alerta al inspector Nicola Segreto, aún resultándole surrealista su muerte y las circunstancias que la rodean, el “poli” sigue su instinto: “Porque mi nariz me dice que esto que está pasando es tan real…” Siguiendo su “nariz” y por la misiva del único  testigo de la muerte de la señora Olivares, se traslada a Cowland a investigar quién se esconde detrás de las muertes inquietantes, resultado de la primera.

Paralelamente, en 1707, en la alcoba del matrimonio de nobles se desborda la perversión y la crueldad del Conde Sangre “masticando una mezcla de odio, de rabia y de placer anticipado” sobre su esposa, que a pesar de ello, juega con la baza de su “inteligencia”, para no facilitarle las cosas al sanguinario conde, perfil del perfecto “maltratador”, obsesivo, cruel y posesivo, hasta el límite de provocar el dolor y el sufrimiento extremo a su “objeto” de posesión: “Avaricioso por convicción, había convertido la ruindad y mezquindad ahorrativa en su religión”. Perverso, su posición de superioridad, le permite “silenciar” a quien pretende contrariar sus “órdenes”. Su presencia y actos entre sus sirvientes, crean la atmósfera del miedo y el terror con solo nombrarle. Por otro lado, Elisabeth, la condesa, no es la típica mujer “objeto” sujeta a las obligaciones conyugales ni “una simple rehén que acepta su triste destino”. Su belleza encandila y encanta, y ello utiliza, para lograr sus objetivos. Pero a diferencia de su marido, la frialdad, el instinto de supervivencia y su inteligencia logra que su “espíritu” traspase tiempo y fronteras. La sed de venganza de ambos, son el argumento que utiliza Eba, para tejer una historia detectivesca, viajando en el tiempo.

Será Segreto, una vez que se desplaza a Cowland, cuando empieza a tirar de la madeja: “La irritación que sentía en Nápoles sobre este caso había sido salvajamente sustituido por un batiburrillo de sentimientos de incredulidad, consternación, preocupación, dolor, rabia y, finalmente, miedo.” Junto, a Victoria, la joven inglesa que la acoge junto con sus padres en su casa familiar, mientras la muerte pulula  alrededor del desmantelamiento del castillo de los condes. A contrarreloj el inspector y la joven de los ojos violetas, Victoria, intentarán desentrañar el misterio que se esconde en Cowland.

Eba Martín con su estilo genuino y original, aunando por un lado el terror, misterio, fantasía y suspense necesario, más su toque de humor y sarcasmo que la caracteriza, consigue que el lector se quede enganchado a sus líneas despistando lo necesario para sorprender en un final inesperado. Ello hace de esta autora, el atrevimiento para empatizar con los personajes más crueles de sus historias, incluso hacerlos simpáticos a ojos del lector. Pero sin dejar de vista, que estamos ante una historia de terror, donde la muerte, la sangre y el terror al estilo Stephen King están presente. Es capaz de pasar de una escena totalmente siniestra donde las vísceras son visibles, al momento de desengrasar tanta crueldad en una sonrisa: “Se acercó morbosamente a su cara, como si pretendiese despertar al asesinado con un beso de Disney de amor. Lo de siempre: protusión de los globos oculares, cianosis, punteado petequial y esa mandíbula inquietantemente desencajada que le recordaba al asesino de Scream”. Aún utilizando el narrador en tercera persona, se da la licencia de utilizar el lenguaje más actual en el siglo XVIII, a modo de desafío a los más “puritanos” y “ortodoxos” en cuestión literaria. Y siempre con sus acotaciones a pie de página.

De ahí la maestría de esta joven autora, que crea una historia de fantasmas, maldiciones y asesinos sobrenaturales para entretener al lector, buscando en él su atención, sin más pretensión. Pero quien la lee consigue deducir sus mensajes subliminales como el maltrato y la vejación contra la mujer, la deslealtad y la amistad sobrevalorada. A la vez, que pone en evidencia la igualdad de la mujer respecto al hombre, creando heroínas reconvertidas en frágiles seres, cuya inteligencia se interpreta en sus actos.

Leer la Condesa Muerta es sentir el suspense y el misterio de la misma manera que ver una serie de misterio de la BBC, toques de humor muy británico. Una atmósfera que a veces parece claustrofóbica, pero con giros inesperados se cuela una ráfaga de aire fresco para oxigenar el ambiente.

Una apuesta muy segura de lectura para cualquier edad a partir de 14 años, pues en ella también se puede encontrar un amor incipiente, “Olía a vida, a felicidad y a algodón de azúcar”; la sangre y el terror sin violentar al lector; el misterio y la intriga de una novela negra; la fantasía de fantasmas y hechos sobrenaturales; y los guiños constantes a series, escritores, etc de una autora que no deja al margen la más viva actualidad. Muy recomendable para los que busquen originalidad y algo diferente, para leer. Para evadirte de la realidad y de un mal día, disfrutando de una muy buena lectura . Entretenimiento asegurado.

“─Hijo…Recuerda: lo que está muerto no se puede matar ─rio él con una risa cascada y asmática.”

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4 Comentarios

  1. Muchas gracias por tu estupendo análisis de la obra. Eres maravillosa

    • Gracias a ti por confiar en mí. Muchos éxitos, los mereces.. Besos.

  2. Ays, has logrado intrigarme Dolors. Y además, conociendo a Eba, estoy segura de que ese toque de sarcasmo y de dinamismo esta más que asegurado. Me la apunto para leer en cuanto pueda. Enhorabuena a las dos, a una por la reseña y a la otra por el libro, un besazo!

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