Reseña: AL ABRIGO DE LOS GIRASOLES de Pedro J.Martin

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Al Abrigo de los Girasoles, novela intimista

“Deseo conocer las inquietudes que te abordan, pero lo que más me apetece es relatarte mi vida. Que escuches las miserias de este pobre loco que te habla para que así puedas juzgar a la persona con la que compartes ciertos momentos. Ese es el pacto, tus miserias por las mías.”

Carlos, Al abrigo de los girasoles, Pedro J. Martin

Es difícil encontrar hoy en día textos tan intimistas, contados desde la piel de un hombre. Y desde mi opinión, modesta, lo aplaudo y lo agradezco. Tan acostumbrados estamos a relegar el intimismo a la literatura de mujeres, que resulta chocante y extraño, comprobar como un hombre se abre en canal, para hacernos llegar el dolor que corroe su alma, el fracaso y frustración que hierve su sangre y los miedos ocultos en la sinrazón de una mente atormentada. Así es esta historia Al Abrigo de los Girasoles.

 Carlos, un abogado venido a menos por un pasado que arrastra y carga entre el humo de los Ducados y, el sabor y color del wiski. En esa caída precipitada hacía el abismo, el protagonista, pierde su trabajo y su pareja, Claudia. Desde su yo, Carlos despunta las noches de insomnio frente a un televisor apagado, retroalimentándose en su dolor, con más compañía que una botella y un paquete de cigarrillos. Un hombre que se define “una personalidad inestable y huidiza ante los problemas que han ido presentándose a lo largo de mi paupérrimo existir. Siempre he optado por tomar el camino sencillo. Detesto sortear obstáculos y tomar curvas cerradas.”  Es el recuerdo de un pasado plagado de “dolor y reproches”, de imágenes de dureza y crueldad, que le remueven las entrañas. Resignado a su destino. Y en su recreación, una llamada de teléfono, que le despertará de ese duermevela de pena y sufrimiento. La llamada de su hermana, trastocará sus noches y sus días, para ¿enfrentarse a los demonios del pasado?

La noticia de la muerte de su padre será el detonante para volver a su ciudad de origen de la que “huyó” y el punto de inflexión para poder reconciliarse consigo mismo y con aquellos a quienes hizo “daño” con sus acciones y actitud. A través de un proceso de “purga” mental, en la casa que recibe como herencia de un padre del que renegaba, Carlos lucha entre las “dudas” y los “fantasmas” del pasado.  Desde su pensamiento y sus nuevos días, relata en primera persona, su descenso al infierno durante las noches entre la niebla del tabaco y el licor; y días de observación desde la marquesina de su nuevo hogar, contemplando el cementerio que se extiende a sus pies, “Quien me iba a decir que encontraría la paz tan ansiada en el lugar más sombrío que un ser humano puede llegar a imaginar, rodeado de mármol y cruces…” y todas aquellas mujeres que lo visitan. Y una de esas mujeres destaca sobre las demás, Lucia, una mujer que por su apariencia representa más, dirigirse a una “fiesta” que al lugar donde se concentra el misticismo, recogimiento y el dolor por los ausentes eternos.

Entre tardes de café y confidencias, Carlos y Lucia caminarán juntos “de la mano” a la confesión y metamorfosis de ambos. La vuelta al origen de sus miedos, a vomitar recuerdos, a entender por parte de Carlos de asumir la responsabilidad de sus actos, a aceptar los reproches de una hermana abandonada por parte de él a su destino, a adivinar la actitud de su madre enterrada a sus pies, 20 años atrás, siendo el “custodio” de su tumba y su recuerdo, para mantener la promesa que se hizo a si mismo tras su muerte. A perdonar a quien más “daño” le hizo. A tomar conciencia del hombre en que se ha convertido, clamando clemencia y perdón, retornando a aquellos “lugares”, a aquellas personas de los que huyó. Porque “huir” ha sido su actuar en su vida, no dar la cara al dolor ajeno, caer en la arrogancia del dinero y la posición social, abandonando a quien más lo necesita, no “saldar” la cuenta de sus acreedores, y no pedir “daños y prejuicios” al causante de su desgracia y la de su familia.

Y Lucia, la mano “salvadora”, la escuchante de tanto infortunio y desaciertos, de tanto dolor y tanta desgracia. Dejando el protagonismo a Carlos, a pesar de sus propios “miedos”, de su vida de pérdida, de incomprensión e indiferencia, de la rutina de un matrimonio roto por el tiempo, las circunstancias y la falta de amor. Lucía la “musa” de Carlos para poder reescribir un destino, la “amiga” que no juzga ni prejuzga. La mujer que obvia las miradas de las “cotillas”, que arriesga una vida rutinaria porque todo lo perdió en un instante. La mujer que busca una razón para seguir viviendo. Ambos, Carlos y Lucia se necesitan para solventar y redimir el pasado, para respirar aire puro en el presente, y para dejarse abrazar por el futuro. Para decidir cómo quieren seguir viviendo.

Pedro J.Martin  con una prosa rica en metáforas, en simbolismos, en belleza poética, te susurra una historia donde su intimismo envuelve al lector, haciendo tuyo los pensamientos de Carlos y sintiendo el dolor de una vida de maltrato, vicios, adicciones, malas decisiones, soledad, pérdidas… Empatizando con los personajes, arrastrándote a un escenario de penumbra y abandono, pero a la vez a ese campo de girasoles silenciosos abierto a espaldas del protagonista, que se giran a él para acogerle y comprenderle, acompañarle en su soledad, en su perdón, en su compasión y en su destino de lucha personal. Porque no todo está perdido.

Un libro pequeño en tamaño, pero muy grande en lo que transmite. El autor juega con maestría con el lenguaje para atrapar al lector en sus emociones y sentimientos. Suena la voz de la conciencia, para evidenciar realidades crueles pero ciertas, sin girar la cara a ellas. Disyuntivas y dilemas para contestar esas preguntas que no queremos hacernos.

Un libro precioso y preciosista, una lectura de tarde donde la nostalgia se pone, una historia muy recomendable a los amantes de este tipo de lectura. Mas aún, muy recomendable para todos los lectores.

“Tengo que intentar dirimir el reciente presente que acompaña cada una de mis trastornadas noches, buscar algo de luminosidad que penetre a través de la tupida cortina que se alza ante mis ojos y que me impide ver más allá de mis imperfecciones. Ansío inhalar bocanadas de aire puro, ciertos instantes de paz, dar luz a mi ensombrecida y escasa lucidez, amainar los tormentosos vientos del pasado y seguir con mi vida con ciertas expectativas.”

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Pedro J Martín, escritor

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Blog: Idas y venidas de una mente.

2 Comentarios

  1. Por la reseña nos conduces a un terreno que preferentemente es de autoras femeninas y es inusual que el tema intimista lo toque un hombre. Será muy interesante hacerse con un ejemplar. Enhorabuena Pedro J Martín por esta novela que la verdad pinta muy bien.

    Un abrazo Dolors y gracias por traernos al blog estos escritores noveles.

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