El espejo

 

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El espejo, relato, reflexión, pensamientos

Es irremediable, las marcas del tiempo hacen acto de presencia en mi rostro. Me contemplo en este espejo, empañado por el vaho, cruel realidad. Las arrugas se recrean en mi frente, una por una cuento, y me arrastran a la melancolía de otros tiempos, otros momentos que como las rosas, sus espinas se clavan en mí. Y es que la vida deja su huella, sus cosas buenas, pero también, todas las malas que como heridas de guerra te recuerdan: «no vuelvas a caer».

Me miro, y una lágrima me inunda en una realidad que no quiero ver. Ya no soy una jovencita que pasea su juventud por la calle, pisando fuerte con altos tacones y seduciendo a la gente, con su locuacidad y su alegría. Acelerando el paso para no perder el autobús de una vida por descubrir y oportunidades por venir. ¡No!, ya no soy aquella que buscaba con curiosidad, entre libros, el significado de mujer, pues no me conformaba con la de esposa y buena madre. ¡No!, no me conformaba con ser una mujer encerrada entre cuatro paredes de un hogar, esperando un marido desganado y unos hijos inquietos. Mi juventud latía con fuerza en mis sienes, arrastrándome a abrir puertas sin invitación, allí dónde se reunía la inexperiencia y las ganas de experimentar. Presentarme con descaro al amor, insinuando mi cuerpo, estilizado por mil dietas y purgas devastadoras, ante mi amante con más deseos de diversión y, a veces de perversión, para sucumbir en tardes de sexo arrollador y de adicción. ¡No!, ya no soy aquella que lloraba por la esquina, un día por un desamor, y al otro, en la misma esquina, me dejaba meter mano y besuquear por un nuevo amor. ¡Qué rápido olvidaba y qué rápido reemplazaba! Eso es tener 20 años, tu mente no se deja engañar por negros pensamientos, liberando luz en supuestos abismos recreados por nuestra conciencia. ¡

No!, ya no tengo la ingenuidad de confiar en todas esas palabras que te regalan sin más, con el pretexto de amistades eternas y “te quiero”, manoseados por el interés y el beneficio ajeno. Y es que muchas personas se “enamoraron” un tiempo, para abandonarme, sin carta de despedida. Araron mi piel a base de llantos y desesperos que me condujeron a una sinrazón de noches de insomnio y ojeras de decepción ahondadas por la más triste de las soledades.

Contemplo esa luz tenue sin destellos ni incandescencia que desprenden unos ojos cansados, agotados de tanto forzar la mirada, para leer entre líneas, palabras escondidas en letras emborronadas por el sudor del trabajo sin más aprecio que el desprecio. Palabras de engaños y desengaños; palabras del pasado siempre presente repiqueteando en una memoria adormecida por la apatía; palabras de dudas ciertas y decisiones inciertas. Palabras de jovialidad amontonadas como los escombros del edificio derruido para construir un castillo de naipes de ilusiones, venidas a menos por los cuarenta y muchos años, esculpidos por el martillo y el cincel de un escultor pagado por el tiempo.

Y el reloj marca los minutos en cada cana, asomando por esta melena que ya no se suelta al aire así porque sí, sin pasar por una sesión de peluquería donde peinar la modestia y teñir la falsa arrogancia que los años te conceden. Un tictac de horas apuntando en el bloc de notas la lista de la compra: amor, amistad, inspiración, futuro…

Me observo en un acto de falsa vanidad, pues la tristeza empequeñece lo que el maquillaje quiere ocultar: la falta de besos en estos labios aún carnosos, pero deslucidos por la sequedad de mi boca, muda, pues los dedos reemplazaron su voz por un teclado. Ahora ya nadie tiene que contemplar el azote de los años, ocultos en una pantalla de ordenador.

No reconozco a la mujer del espejo, inaccesible por la coraza que la cubre, intensa en la profundidad de los ojos perdidos, marchita como la rosa sin agua ni sol, insípida de degustar nuevos platos, intransigente a tanta desgracia, Incapaz de levantar la voz, ya no deseo ser escuchada; inmutable en mi soledad; imperturbable por los cantos de sirenas venidos a menos. Imperceptible a los ojos de todos.

¡No! ya no veo a esa mujer abatida por la incertidumbre de un futuro por venir. Pues es este espejo empañado que no deja en evidencia a la mujer que soy: con las arrugas de la madurez y la sabiduría del tiempo vivido, los efectos de la gravedad en mis pechos y mi vientre, y el fuego que desprenden, aún con más energía que la joven de los 20 años; ni siquiera cede un minuto para saborear la sensibilidad oculta en mis manos finas y quebradizas, mas ágiles con la pluma. Ni ver la convulsión de mi cuerpo debajo de las sábanas, ni el amor delicado que aún pervive en este corazón henchido por un amor tardío.

¡No!, este espejo de cuento ya no sabe, que aún vivo en la gratitud de la segunda oportunidad.

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19 Comentarios

  1. Grande es la victoria que nos impone el tiempo, marcando con su tic, tac, nuestros pasos, pasos que damos uno tras otro tropezando sin descanso, cayendo en la ingrávida derrota, destrozando una vez y otra cuanta esperanza pusimos en el empeño por vivir, amando… y, no obstante, perdiendo. Tal vez llevados por la mano de la ilusión o imbuidos de sátira -cómo si viviéramos en una función dramática de teatro- y una vez que cae el telón… nos comportamos como álgidos muñecos de trapo, manejados, eso sí, por el ir y devenir de las horas…
    Me encantó tu relato Dolors, felicidades!

    • Y a mí tu réplica, ¡qué grande eres! Un beso, Frank.

  2. Creo que cuando llega esa etapa hay que vivirla con dignidad y tratar de diafrutar todo lo que llegue. Sé que puede ser difícil o complicado, pero algunas cosas son inevitables. Abrazos. Muy sentido el pensamiento. Expresa tal cual sientes.

    • En todas las etapas se ha de vivir con dignidad. Sentir el paso del tiempo, entristece, pero también engrandece a las personas. Gracias, Máximo. Un beso.

  3. Impresionante, la descripción de tu estado. Valiente, para asumirlo, verbalizarlo y vivirlo. Gracias por tu testimonio, Dolors. Un beso.

  4. En el espejo puedes observar más allá y escuchar la voz del alma que no envejece con el tiempo, sigue brillando como el primer día por eso “tanta energía”, qué importa que los años hayan permitido en un cuerpo prestado ya gastado se vea distinto ante un espejo cuando tu alma es tan hermosa y valiosa como persona. La clave está en soltar dejando apegos y vivir el momento como único e inolvidable. Ya eres grande y hermosa mujer! Espectacular entrada. Besos……

    • Muchas gracias, no es tan solo el cuerpo el que envejece, es pensar que se acerca el fin.

  5. Bravo por esta mujer y poeta que, con palabras y sin recato, ha gritado lo que muchos sentimos en cierta etapa de la vida. Sé que no es fácil expresar estos sentimientos, aunque a mí también se me da mejor escribirlos que transmitirlos a viva voz. Me alegro de que ahora te sientas viva y que tu corazón siga dispuesta a amar. Nunca me cansaré de decirte que eres única transmitiendo y, por favor, no dejes nunca de escribir.

    • Muchas gracias, Sandra, si grito es porque por mucho tiempo estuve muda. Y ahora necesito sacar lo que llevo dentro.
      Llegar a la madurez en armonía es un equilibrio de circo, aceptar el ajado del cuerpo con la fuerza mental suficiente de aceptar el pasado y renacer al futuro. Mil gracias, por todo.

  6. Me ha encantado tu relato. Es bueno ver siempre la botella medio llena.
    Así me gusta¡ Pisando fuerte!
    Un abrazo.

  7. Me has conquistado con este post. Que forma de escribir tan bonita por favor. Seguro que la joven de 20 se siente orgullosa de la mujer de ahora. Un saludo y me alegro de haberme puesto a buscar nuevas personas a las que seguir porque merece la pena leerte.

  8. Cada minuto de la vida deja sus lecciones, y es justamente la vida la que nos convierte en artistas de nuestros propios actos, para admirar al final los resultados

    Recibe mi cariño

    • Supongo que de eso se trata de la vida, Roberto. Muchas gracias, besos.

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