Blog literario, reseña

El Asesino de Montecristo, thriller, novela negra

“Porque he engendrado en vuestro corazón un sentimiento que antes no abrigaba: la venganza.” El Conde de Montecristo – Alejandro Dumas y Auguste Maquet

 Una de las preguntas eternas del “hombre” es sobre el concepto del bien y del mal. Sí realmente nacemos buenos por naturaleza y son otros factores “exógenos” quien nos reconduce hacía la maldad, o realmente en nuestro ADN viene vacío de serie, sobre dichos conceptos, y es nuestro crecimiento y desarrollo personal que nos tiende hacía un valor u otro.

La cuestión es que la “maldad” es un valor social que toma su mayor transcendencia por la influencia de los principios religiosos y morales. Tan sólo podemos decir que la maldad es el antagónico a la bondad, y en un sentido muy amplio es provocar daño o perjuicio a otras personas y la desdicha sobre ellas, por  libre albedrio. Según Kant la maldad se esconde tras la razón, y se articula en el momento que el “hombre” vive en sociedad. Es decir se socializa e interactúa entre otros.

Esta introducción es para poder entender mejor el cariz de los personajes y la historia de este libro EL ASESINO DE MONTECRISTO, pues la maldad, y como consecuencia de ella, la venganza es su trama y objetivo final.

Javier Fernández da tributo a una de las obras clásicas de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo, y nos presenta  unos personajes que simbólicamente viven paralelamente la misma historia clásica.

Por un lado Carlos, el protagonista por excelencia de esta historia, un “brocker” con éxito que ve truncada su vida al verse acusado y condenado por desfalco y estafa, todo ello por la codicia y envidia de otros. Es en la cárcel donde Carlos decide vengarse de quienes les ha llevado a esa situación. Su aspecto físico, su frialdad, pero a la vez, sus bajos instintos humanos, el odio, su maquiavelismo, el placer por el sufrimiento ajeno y la paciencia, le definen como el “perfecto asesino”. Pero sin la ayuda de su “maestro” en las artes criminales, Elías, no podría serlo.

Elías es el maestro, que ya sintiéndose viejo, necesita reclutar un “discípulo” para que perduren sus conocimientos en el “arte de matar” y continuar disfrutando del “placer de matar”. Así recluta a Carlos, empezando las clases teóricas y prácticas de todo ello. A pesar de los errores del “novato” Carlos y Elías cometen una serie de asesinatos por la zona del Rabal de Barcelona. Será Germán Robles el investigador policial junto a su compañero Felipe encargados de la investigación de los asesinatos, que son calificados “en serie”. Germán adopta el rol social y moral de capturar a los asesinos, pero también por un motivo mucho más personal.

Se abre así la veda para la “caza” de los asesinos, una serie de personajes coadyuvantes y circunstancias, algunas fortuitas y otras “errores” aceleran la acción hacía un posible final, pero un giro inesperado de la historia consigue mantener en el tiempo, la espera del fin último: la venganza.

Hasta aquí seria, la primera parte de este libro. La acción y la precipitación la definen. Javier retoma la trama dos años después de la primera parte, cuando los dos personajes rivales principales, Carlos y Germán, crecen y se desarrollan. El primero puliendo y sofisticando sus “artes” además de retroalimentar su ego, vanidad y odio. Germán buscando el equilibrio entre la cruda realidad de su profesión y su mente, el espiritualismo. Replanteándose la vida y su forma de vivirla.

Es en esta parte, igual que en El Conde de Montecristo, cuando Carlos empieza su verdadera y perversa venganza, con su sello propio, que ya plasmaba en los asesinatos primeros, una vez que obtenido su “tesoro” le proporciona y le facilita el acceso a aquellos de quienes se quiere vengar.

Es importante señalar como la vanidad, se despierta en la más fría y calculadora de las personas, y en este caso Carlos necesita publicitar sus actos, y encontrará en Toni, un avispado periodista, el mejor y más eficaz de los medios. La sociedad barcelonesa se verá amenazada y a la vez informada por cada paso que nuestro asesino.

Será el final del libro, que ya se anticipa, el que sorprenderá por el giro inesperado que el autor utiliza para crear más tensión en el lector, pero también entre los personajes. Un duelo titánico. No me olvido que aparte de los protagonistas, otros personajes coadyuvantes desenreda la maneja de odio y pasado. Así María, la novia de Germán, segura de sí misma, sabe lo que debe hacer en cada momento. Los amigos de Germán, Nacho y Horacio, o el jefe de éste, Gutiérrez.

En todo caso, es la soledad la que envuelve a Carlos, y el dinero su mejor aliado.

Javier Méndez alterna al narrador en tercera persona cuando se refiere a Carlos, en mi opinión, para crear ese halo de frialdad y distanciamiento entre asesino y víctima, agrandando su narcisismo. Por otro lado habla en primera persona cuando se refiere a Germán, para acercar al lector a la parte más íntima y la introversión del detective. Una forma de crear dos personajes antagónicos como los valores en cuestión, el bien y el mal.

Una historia de rápida y ágil lectura, por la acción y los hechos que se describen. Asesinatos, reyertas, falsas identidades, bajos fondos, odios, venganza, codicia, envidia, la perversión. Pero también la debilidad de la persona, la amistad,  el amor que a veces no todo lo puede, el reiniciar y tomar  las riendas el destino.

Un libro que recomiendo a los amantes del género negro, del thriller, del entretenimiento en la acción rápida y la serie policíaca. Muy recomendable. Anoto las  citas introductorias a cada capítulo por un escritor o filósofo celebre sobre la naturaleza humana, muy interesante.

“-La vida es aprendizaje, amigo. Con cada paso que damos, con cada acción que realizamos estamos aprendiendo. Por muy viejos e inteligentes que nos creamos siempre hay algo nuevo que aprender. Yo, por ejemplo, he aprendido a matar de un buen maestro, un maestro que hizo de su vida una búsqueda del dolor y sufrimiento humano”  El Asesino de Montecristo – Javier Fernández

“Todo mal tiene dos remedios; el tiempo y el silencio.” El Conde de Montecristo – Alejandro Dumas y Auguste Maquet

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Javier Fernández Méndez, escritor

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