Microrrelato: MARTINA

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Como cada mañana, desde hacía un mes, sobre las 9 H Martina se sentaba frente aquella ventana, único contacto al exterior. El paisaje no era en sí agradable a la vista, pues desde la tercera planta del psiquiátrico solo se observaba el ruido de la ciudad, el ajetreo de las personas, las idas y venidas de multitud de coches batallando contra el tiempo y un cielo grisáceo envenenado por los humos de la civilización.

Pero a pesar de ello, Martina pierde su mirada durante horas en aquella ventana. Una mirada distante, sin rumbo, ajena a todo y todos, pupilas dilatadas, por el diazepán y el orfidal, ojeras profundas en aquellos ojos almendrados y oscuros, ahora faltos de la perspicacia de su inteligencia y la chispa de la vida. Mantiene apenas en equilibrio su cabeza respecto al cuerpo, cuanto le costaba –¡Ay Dios!– claro que nadie sabe lo que cuesta mantenerla alzada bajo los efectos de 16 pastillas diarias; pastillas para la ansiedad, pastillas para la depresión, pastillas para dormir, pastillas para las alucinaciones…pastillas y más pastillas. Su barbilla toca el inicio de su pecho, y de ella chorrea las babas que inconscientemente descienden y que tanto asco le dan. Claro que nadie sabe que ello es un efecto secundario de las píldoras milagrosas, esas que salvan al mundo de la demencia. Paradójicamente la sequedad en su boca, el mal aliento y las ganas de beberse un mar provocan en Martina arcadas de asco continuo. Ella que tanto había cuidado su imagen, tan mona ella, vestida siempre a la última, maquillada, tan impoluta. Pero ahora eso ya no le importa a Martina.

Aquella ventana era su único mundo. Contempla en duermevelas constantes, ensoñaciones incontroladas. Ruidos en la lejanía, sombras que se difuminan… Apenas puede distinguir la realidad del sueño que le mantiene adherida al sillón cutre, de escay e incómodo, pero el único que es fiel al cuerpo de Martina. Y Martina sigue viendo pasar el transcurrir de los minutos, de las horas interminables. En la soledad del vacío en su interior, de la congoja de no poder pensar, en la asfixia de no recordar la edad que tiene.

El ruido en su cabeza ha desaparecido, las voces que le acompañaban en los últimos tiempos no las escucha. Y ello incrementa por segundos su soledad aún rodeada de semejantes que como ella, balbucean palabras inconexas, frases sin sentidos, sonidos inteligibles…¡claro! efectos de las famosas pastillas.

Un dolor intenso, provoca en Martina sentirse rota por dentro. Un dolor que parte su cuerpo en dos, un dolor que agujerea su estómago hasta su espalda. Y es en ese hueco donde un hombre con bata blanca y un cartelito en su solapa, clava el dedo en la yaga.

–Martina, me oyes, soy el doctor Guzmán tu psiquiatra—

Pero Martina no escucha, no oye, sumida en el duermevela, lucha contra la niebla en su mente, esa que le impide distinguir lo real de lo imaginario. Intenta erguirse en el sillón cutre para mantener cierta dignidad, pero vaya, la orina se escapa por sus piernas hasta formar un charco en el suelo. Y la enfermera de turno huraña y antipática le grita:

–Martina, Martina, que has hecho mujer, ¿¡no sabes que el pipí se hace en el wáter!? Ahora te quedas mojada, no tengo tiempo de cambiarte—

Martina desea llorar, gritar, huir; pero no puede, sufre tanto vértigo y a la vez tal parálisis que le es imposible levantarse del cutre sillón. Con la cabeza más caída, mirando ya no a la ventana, sino a un punto concreto del suelo que se desplaza en proporción al parpadeo discontinuo, retardado de sus ojos.

En la lejanía voces en murmullos que aceleran los segundos, hora de visitas, algunos de aquellos “locos” tienen visitas de padres, hijos, esposos ¡vete a saber! Pero Martina no, ella no tiene visitas que aceleren los segundos.

Martina desaparece en su soledad, cabizbaja, mojada de meados, babeando, cansada y ausente de la realidad. Y en una convulsión, espasmos que temblequean su cuerpo se deja ir.

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38 Comentarios

  1. Terrible historia Dolors, me recuerda la triste vida que llevan los ancianos en algunos geriátricos… aunque se deberían llamar “psiquiátricos” porque de cuidados no dan ninguno, más bien lo contrario, son los desheredados y olvidados de la tierra. Un abrazo y feliz semana.

  2. Siempre que leo algo tuyo, Dolors, me dejas estupefacto por la cantidad de sentimientos que remueves en mi alma. Como no podía ser menos en ti, tienes la virtud de ahondar en situaciones que son cotidianas pero obviadas por la sociedad de consumo en la que nos tocó vivir. Por todo lo expuesto quiero felicitarte por la prodigiosa pluma que tienes y rogarte que nunca dejes de escribir.
    Un fuerte abrazo y un gran beso.

    • Eres un gran amigo. Ya sabes que escribo para vaciarme y no lo hago bien, pero es la mejor manera que he encontrado para encontrarme. Muchas gracias Ignacio y besos.

  3. Esta bien ser humilde como tu lo eres pero eso que dices de que escribes para vaciarte y no lo haces bien, perdóname que discrepe pero es que no lo haces bien porque lo haces REQUETEBIEN y por eso te sigo animando a que sigas vaciándote de la manera en que lo haces. Por favor no te subestimes.
    Reitero ese abrazo y beso.

  4. Desnudas tu alma en cada escrito, y eso dice mucho de ti. Sigue escribiendo, no lo dejes nunca.

  5. ¡Madre del amor hermoso!, estas cosas no debo leerlas, se me va el humor por el mismo sitio que los líquidos que sostienen la vida.
    No sé que decirte Dolors, el relato es increíble, todo lo que tocas con esos dedos se vuelven tan incandescentes como la luz de una estrella, pero es tan duro, ¡durísimo!, ¡pero genial! He ahí la cuestión.
    Ignacio tiene razón, sigue escribiendo y soltando ese lastre que tanto daño te ha hecho en esta vida, que pronto brillará del mismo modo que el astro rey.

    • Uffff gracias he pasado la prueba. Mientras pueda y no me falle la razón y la inspiración así haré. Besos.

  6. Apenas me salen palabras por el contenido, apenas sostengo la incipiente humedad de mis ojos, todo se me agolpa y el embrollo emocional me confunde.
    Las formas también llegan, hermosa forma Literaria la tuya, todo verdad y se nota…
    No te detengas, demorate si quieres, pero no te detengas.
    Sólo consigue vaciarse quién está lleno.
    Que la vida te mime.África

    • Gracias viniendo de ti que tan bello escribe. Despacio pero sin pausa así es mi camino. Muchas gracias de corazón.

  7. Es muy triste, tristísimo que estas historias y otras aún peores sean el día a día de las clínicas y los hospitales psiquiátricos. Muy bien por ti, Dolors. Muy bien narrado, me has impactado. Eres una Escritora de las Grandes.
    i ENHORABUENA !!

    • Gracias Salvador viniendo de uno de los grandes como tú. Es muy triste y real.

  8. Me duele, seguir pensando, que es una realidad que viven muchos enfermos psiquiátricos, en estos momentos. Como dice quien narra, tienen hermanos, padres, amigos o esposos, pero nadie quiere hacerse cargo de ellos.
    Viví cada linea y puedo decir que es excelente. Felicitaciones Dolors.

    • Una realidad que se calla. Y no interesa ver. Gracias Máximo.

  9. Duro, realista y muy muy bien contado, felicidades.

  10. Dios!!! Dolors, fuertísimo relato de cuando el ser humano se encuentra en el infierno, lo peor de todo es que dado los tiempos de estrés, de presiones, preocupaciones constante que se viven son muchos los que viven el horror de ser zombis. La mente es como un hilo, si se tira mucho se rompe, todos somos susceptibles de enfermar, creo que es la enfermedad más cruel que hay.
    La fuerza de tu prosa hace que una se meta en la historia, una historia muy muy dura, y por desgracia más común de lo que pensamos.

    • En el infierno nos podemos encontrar cualquiera de nosotros, somos susceptible a ello. Nadie lo busca. El problema es vivirlo con dignidad, comprensión y respeto de todos. Así de cruel es vivir en el infierno. Gracias Pino.

  11. Me a gustado muchísimo Dolors

  12. Muy bueno. Que manera tan visceral de expresar la angustia inexpresada de alguien que pasa por ese infierno. Ese silencio viene del exceso de ruido de uno mismo y de los medicamentos que te anestesian ante una vida que ya no significa nada.

    Me ha encantado. Me quedo por aquí. 😉

    • Así es. Muchas gracias por visitarme y queda invitado. Saludos

  13. Triste, pero muy realista. Creo que tienes especial capacidad para describir aquello que para otros es inapreciable. Enhorabuena Dolors 😉

    • Muchas gracias por entrar y comentar. A veces no vemos a quien tenemos al lado.

  14. Las lagrimas en los ojos, la piel de gallina… La cordura es un puente demasiado estrecho en algunas ocasiones.

    • Así es. Una línea muy fina que en ocasiones se rompe. Muchas gracias por entrar y comentar.

  15. Me ha gustado la atmósfera que has creado. Un saludo.

  16. Como psiquiatra, he visto casos de depresión profunda como estos, y desde luego es un infierno, pero también he visto muchas personas que mejoran, aunque desde luego no es fácil ni rápido. Gracias por compartir. Es necesario que la gente lo entienda y se conciencie para que mejoren las facilidades y los tratamientos, en lugar de ser siempre los hijos pobres de la sanidad, en todas partes (yo solía trabajar en Inglaterra y es lo mismo allí).

    • Gracias Olga, es un relato ficticio pero con conocimiento de causa. Deberíamos tener más conciencia y respeto por los profesionales y por los enfermos mentales. Gracias.

  17. Un relato muy duro pero muy hermoso. Has sabido captar perfectamente el ambiente y la tristeza de la persona enferma y describir la amargura de la paciente sin disfrazar de ningún modo toda la pena y la angustia q siente. Es un relato realmente muy bonito, maravilloso.

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