Buscando el amor

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Fotografía de: https://redesdeamorgratis.wordpress.com/2013/09/16/portales-de-afinidad-de-parejas-y-encuentros/

María se sentía feliz aquel miércoles de Febrero. Por fin se había decidido: tenía un perfil en Facebook. Desde que Juan la abandonó, la tristeza y el pesar de que nunca más encontraría otro amor, se apoderó de ella. Sus amigas más puestas en la realidad de hoy en día le comentaron, que debía tener un perfil en Facebook y, seguro encontraría algún hombre de quien enamorarse.

María era una romántica y criada a la antigua. Creía en el amor a primera vista; en mirar a los ojos al posible enamorado, al contacto físico, en fin, a la conexión visual con el amado. Una escéptica de las nuevas tecnologías. Era recelosa al uso de las redes sociales; sabía de algunas historias amorosas que habían sido todo un fraude: bien porque uno de los implicados engañaba sobre su identidad, aspecto o estado civil o amoroso; o bien porqué las intenciones no eran las que vendían de una relación seria y comprometida, sino conseguir sexo gratis. Pero María era  incapaz de lanzarse a la calle a la búsqueda de un amor, debido a su timidez, y a porqué nunca se vio en la necesidad de buscar chico. Juan era su novio desde que ella cumplió los  15 años. Para ella la nueva situación era nueva. Sentía la necesidad de tener un hombre a su lado para sentirse segura y protegida.

Pasado el duelo pertinente ante el engaño de Juan; éste se había enrollado con una de las compañeras de trabajo de ella. María decidió que su vida debía continuar, avanzar en su camino hacía la felicidad. Para ella la felicidad consistía entre otras cosas en sentirse amada y en poder amar a un hombre. Por ello, hizo caso a sus amigas Ana y Núria: éstas le sugerieron que abriese un perfil en la red social. Siguiendo sus consejos, María se decidió, y así lo hizo. Se registró en Facebook, como no tenía nada que ocultar, fue sincera en toda la información que demanda la red: lugar de nacimiento, estudios… Publicó las fotos donde mejor se apreciaba su belleza morena y latina: fotos sugerentes, divertidas y alguna que otra, sensual, en bikini. María se sentía satisfecha de su perfil, pensando que atraería por fin al amor de su vida.

En pocos días sus amigos en Facebook aumentaron rápidamente: era una chica atractiva. Una noche mientras se ponía al día en las redes sociales, recibió un mensaje privado de alguien a quien no conocía. Era un chico, Diego, la saludaba muy amablemente. Ella contestó a su mensaje y curioseó en su perfil. Ya había recibido otros mensajes de  chicos para intimar. Pero no acababan de cuajar.Éste, en cambio fue diferente, por las fotos era un chico atractivo, más o menos de la misma edad, sobre los 30 años. Le gustó, y decidió seguir conversando. Había notado algo en su interior al recibir aquel mensaje, no sabía explicar el motivo, pero… Durante una semana María y Diego, cada noche conectaban, María esperaba ansiosa todo el día que llegara la hora de hablar con Diego. Durante un par de horas se sentían unidos por un móvil y el wi-fi. Conversaban de sus vidas, amores y desamores…Poco a poco entre ambos había nacido una conexión especial, María notaba en su estómago las mariposillas del amor. Y por otro lado Diego, ya no buscaba en María solamente un cuerpo bonito, para pasar un buen rato; como en otras ocasiones. Era especial aquella chica, su inocencia, su dulzura, el amor que ofrecía en cada palabra y por supuesto su belleza.

A la séptima noche, Diego le solicitó una foto a María. Ya habían intercambiado fotos en otros momentos, pero esta proposición era diferente. Quería una foto de María desnuda. María al principio se quedó petrificada, no supo que responder. Cada conversación con Diego era más intensa, más íntima, más subida de tono. Pero la foto…

María cedió a los deseos de Diego, le gustaba aquel chico, no quería decepcionarle ni que pensara que era una remilgada. María se preparó muy concienzudamente para aquellas fotos. Escogió una ropa interior sensual pero sin llegar a lo vulgar. Se fotografió desnuda, en una pose sensual, no sin temor a que aquellas fotos acabaran en manos indeseadas  Les envió las fotos a Diego. Éste hasta el momento de conocer a María, disfrutaba del sexo sin ningún tipo de ataduras morales y de compromiso. Ya había tenido experiencias anteriores con otras chicas, a través de la red, para encuentros sexuales, pero nada más allá que pudiera indicar amor.  Sus amigos le consideraban un ligón, atractivo para las chicas. Con María algo en su interior, le decía que era diferente, una chica muy especial. Cuando recibió las fotos, se deleitó con la belleza rotunda de María, con aquellas poses inocentes pero, a la vez sensuales. El deseo se apoderó de él. Necesitaba poseerla, besar aquellos labios sugerentes y sensuales, acariciar aquel cuerpo que gritaba deseo y amor.

Diego propuso una cita, quería poseer a María. Ésta le pareció bien, necesitaba comprobar si realmente aquella conexión que parecía existía entre ambos, a través de los mensajes, era real. Necesitaba enamorarse y sentirse amada.  Además María no podía negar lo evidente: deseaba a Diego.Se encontraron un viernes de marzo, la primavera se respiraba . Uno frente al otro se contemplaron dos minutos, sin saber bien que hacer. Fue Diego quien rompió el silencio, y acercándose a María la besó apasionadamente en aquellos labios sensuales. Sin decirse una palabra tan solo con sus miradas, decidieron buscar una habitación de hotel: nada más entrar en aquella habitación sus ropas volaron por la estancia. Besos y caricias, gemidos y suspiros se vivía en aquella modesta habitación de hotel. Se fusionaron en uno sólo, se amaron hasta saciar sus deseos.

Durante aquella tarde Diego y María se encontraron como amantes, descubrieron que se amaban; parecían conocerse hacía tiempo. María de vuelta a casa, en aquel autobús,  no podía creer que aquello fuera real. Su piel estaba impregnada del aroma de Diego, su presencia iba más allá de su ausencia. Rememoraba cada beso, cada caricia, cada ímpetu de él buscando su sexo. Por su parte Diego, por primera vez en su vida, supo que se había enamorado. Aquella mujer le había encandilado con sus dotes de ángel, pero a la vez el deseo del  diablillo que vivía en sus ojos; que luchaba desesperadamente por demostrar su pasión y su sensualidad.

María y Diego se enamoraron, decidieron vivir su amor hasta donde llegase. Olvidándose de los comentarios de desconfianza que recibían por haberse conocido vía on-line.

Claro me digo yo, el amor aparece cuando menos te lo esperas, en el lugar más insospechado y de la persona que nunca imaginarías. Pero hay que Vivirlo cuando llega. 

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Fotografía de: http://es.forwallpaper.com/wallpaper/sensual-918812.html

10 Comentarios

  1. Me ha encantado el relato. Muy de acorde con los tiempos que corren.

    • Es cierto hoy en día funciona así. Quizás nos hemos olvidado de disfrutar del contacto humano, o bien no tenemos tiempo para nada, y las redes nos dan la oportunidad de interactuar. Gracias por comentar.

  2. El amor en los tiempos de facebook.
    Yo conocí a mi pareja vía Internet… Y es lo mejor que me ha pasado en la vida.
    Buen relato…
    Un besito.

    • El amor se encuentra de miles de maneras. Es la realidad de hoy en día. Gracias por tus palabras y por apoyarme. Besitos

  3. Buen relato, mejor que muchos de los míos; no he ligado vía online, pero si acaban así tendré que decírselo a mis amigas, yo soy muy desconfiada para eso.
    Gracias por regalarnos tus letras

    • Gracias. En el amor todo es posible y valido. Y puede ser tan real como ambos amantes lo deseen Un besito y muchas gracias viniendo de ti. Yo no soy escritora sólo es una forma de liberarme

  4. Hermoso relato. Conozco personas que así se conocieron a ahora comparten sus vidas por los siglos de los siglos.

    • Gracias supongo que si hay amor es indiferente la forma de conocerse. Un beso Fernando.

  5. QUE COMPLEJO ESTO DEL ENAMORAMIENTO…EXTRAORDINARIO RELATO…ESCRIBES COMO TE DA LA GANA…QUE ENVIDIA…Y QUE CONSTE QUE ODIO A LOS PELOTAS…

    • No soy escritora sólo me dejo llevar por mis pensamientos, sentimientos y emociones. Y sí escribo como me sale en ese momento, sin mayor pretensión que fluir con las palabras.

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